ECO Salud Mental : BLOG

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Así soy yo

Escrito por ecopsicoterapia 05-11-2017 en Psicología reflexiva. Comentarios (0)

 En tiempos en los que la autodeterminación política inunda nuestra prensa y conversaciones cotidianas me parece oportuno hablar de este pequeño gran país que todos tenemos y conocemos: nosotros mismos. En buena medida, siguiendo la analogía, nosotros mismos formamos un país integrado que está conformado por diferentes territorios o comunidades que representan diferentes partes de nosotros mismos. Estas partes conforman un sí mismo, una estructura superior a la personalidad -entendida como lo esencial-, que tienen la capacidad de interactuar con otros países-personas como un todo integrado y con cierta estabilidad temporal. Pero ¿y sí una parte de nosotros comienza un proceso de autodeterminación? Al igual que ocurre en política puede dar lugar a un proceso de diálogo y comprensión de nosotros mismos o puede dar comienzo una lucha hostil entre partes de nosotros, que pugnan por tener más fuerza. Estos procesos, que se dan de forma natural y sin demasiada atención plena por parte de la persona, se suelen resolver de manera estática -reafirmando cómo somos actualmente- o de manera dinámica -aceptando o cediendo al cambio-. Esta visión del ser humano y de sus construcciones meméticas, como los países, permite contemplar una construcción en parte activa de uno mismo en un entorno interactivo permitiendo la transformación ¡podemos cambiar! Pero permitir y perseguir el cambio, mientras que seguimos siendo nosotros mismos, es cuanto menos complejo. En buena parte es cierto que cada vez que cambiamos perdemos y ganamos cosas, y a su vez la transformación no tiene porque dar lugar a un nueva persona porque existen partes que tienen la capacidad de adaptarse sin perder su esencia -como el agua que toma diferentes formas y sigue siendo agua-.

                                        

"Viajar a vivir una cultura diferente siempre entraña numerosos desafíos, y quizás el más arduo consiste en cambiar para adaptarse, y al mismo tiempo poder seguir siendo uno mismo a niveles tan íntimos y recónditos de nuestro espíritu, que con dificultad podemos definirlos" Miguel Barona (Ecos cercanos: los clásicos y la cuestión étnica) 2007.

Las personas, según nuestro nivel psíquico, podemos integrar en nuestro sí mismo desde material sensoperceptivo hasta las más complejas narrativas y no somos inmunes a esta información  proveniente de nuestra interacción con nuestro entorno. Este material no influye de la misma manera todas nuestras partes pues existen algunas de ellas más sensibles a determinada información y esto favorece procesos autodeterministas. Entendamos la autodeterminación personal como la capacidad de la persona para poder ser lo que quiere ser y de esta manera ejercer un control sobre su entorno -y ruego al lector comparta por unos instantes esta utopía-. Hasta ahora hemos hablado del conflicto o resolución de las partes de un todo por lograr su parcela de protagonismo pero estos procesos también se ven entre dos todos, dos personas que en su búsqueda de autodeterminación se encuentran en una situación de adaptarse o reafirmarse. En estos conflictos todos hemos podido escuchar o incluso decir aquella frase de "así soy yo, o lo quieres o lo dejas" en todo un alarde de autoafirmación de nuestro sí mismo, y es que existe cierta sensación que al ceder o adaptarse perdemos una parte valiosa de nosotros mismos -que además se la entregamos a otro todo-, fortaleciéndole así. Esta sensación en buena medida sirve para consolidar defensivamente un todo integrado, inquebrantable, que no desea ni ve necesaria su adaptación pero ¿y sí deseamos cambiar? ¿Cómo cambiar sin perder una parte de nosotros mismos? Es una pregunta de difícil respuesta sin plantearnos primero ¿realmente queremos cambiar si tanto nos importa lo que vamos a perder?

  Saber cómo realmente somos es una tarea compleja y en constante evolución, pero tener cierta noción de esa esencia, de la que hablábamos, es el punto de partida para saber qué estamos dispuestos a perder y si aquello que íbamos a perder era realmente tan valioso para nosotros. Y es que si hablamos de países es parte de su esencia aceptar que para formarlo es necesario perder y que también forma parte de su esencia el anhelar y desear recuperar lo perdido, recuerden ser ustedes mismos.

Carlos Santiago López de Lamela Suárez, Psicólogo.

LA SALUD DEL PENSAMIENTO

Escrito por ecopsicoterapia 23-12-2016 en PSICOLOGIA COGNITIVA. Comentarios (0)

Pensar es algo inherente al ser humano, tan automático que quizás por ese motivo algunas personas no le dan la importancia que verdaderamente tiene. Desde hace algún tiempo una frase nos ronda y nos advierte, aunque su origen es mucho más antiguo de lo que creemos: “somos lo que pensamos”.  Yo me atrevería a decir que nuestra vida es el reflejo de las palabras que se cruzan por nuestra mente, de cómo pensamos.

Con el ritmo vertiginoso y estresante que muchos/as llevamos y el bombardeo voraz de estímulos a los que estamos expuestos actualmente,cada vez son más las personas que viven conectadas al mundo exterior pero desconectadas de sí mismas, no conscientes de cómo se hablan, cómo piensan, se relacionan y cómo sienten. Muchos/as no nos preocupamos de analizar nuestros pensamientos y creencias, ni nos tomamos unos minutos para comprobar si estos son realistas,  justos o no. Esto puede generar una serie de sentimientos, comportamientos y actitudes que pueden ser inadecuados e incluso dañinos para nosotros y para quienes nos rodean.

Es fundamental hacer un esfuerzo por detenernos, respirar profundamente  y atender a nuestro diálogo interno. 

El pensamiento es el lenguaje interno, el diálogo que mantenemos con nosotros/as mismos/as. Este auto-diálogo será el determinante de nuestros sentimientos y, consecuentemente, de nuestras conductas. Se adquiere involuntariamente, como resultado de las influencias familiares, de la educación, del entorno, en base a nuestras relaciones y a partir de las propias experiencias que vayamos teniendo a lo largo de la vida.

Si nos dejamos llevar por pensamientos disfuncionales difícilmente podremos manejar el estrés cotidiano y quedaremos más expuestos a conflictos y a problemas de salud tales como la ansiedad y la depresión, entre otros.

Basándonos en la Terapia Racional Emotiva y Conductual (TREC) de Albert Ellis, considerado padre de la psicología cognitiva,podríamos decir que existen cuatro categorías de pensamientos irracionales.Si bien es normal tenerlos lo preocupante sería “padecerlos” con demasiada intensidad o recurrencia y que pasen desapercibidos ante nosotros, camuflados de racionalidad. Resulta  recomendable tenerlos en cuenta y cuidarnos de ellos:

  1. CONDENAS: etiquetas descalificativas a uno mismo, del tipo “Soy un/a desastre, un/a inútil…”, y/o a los demás: “Son malas personas”.
  2. EXIGENCIAS o los conocidos  “deberías” o “tendría que…”, típicos de las personas exigentes consigo mismas y/o con los demás.
  3. CATASTROFISMOS o “terribilitis”: lenguaje interno y verbal que contiene en exceso elementos tales como: “terrible”, “horrible”, “fatal”, “muy mal”, “nefasto”, etc.
  4. B.T.F. (baja tolerancia a la frustración) síndrome deno soportantitis”): “No soporto…”, “No aguanto más…”, “Es demasiado…”, “No puedo con…”, etc.

Antídotos contra los pensamientos irracionales

Para luchar contra las condenas debemos evitar juzgar, tratar de ser concretos o justos, no valorar las circunstancias o las personas en términos dicotómicos (de blanco /negro, de todo/nada). Tener  en cuenta las conductas, los hechos y no extraer conclusiones globales o absolutas ni creer  que sabemos a ciencia cierta lo que alguien piensa, siente o cuáles son sus verdaderas intenciones. Evitar los términos absolutistas como “todo”, “nada”, “nunca”, “siempre”… nos beneficiará en este sentido porque su uso indiscriminado ¡siempre nos llevará a error!

En cuanto a los pensamientos de B.T.F. toca reflexionar: ¿realmente no soportamos a algo o a alguien? O, simplemente, ¿nos cuesta tolerar o nos resulta desagradable e incómodo? Si una mesa no soporta realmente el peso que sostiene se romperá  y caerá al suelo, ¿no? En lugar de caer en la queja improductiva, en el victimismo barato e incluso en la búsqueda de cabezas que cortar (culpabilizar) o en conductas de evitación de lo desagradable, será más realista y productivo el pensar/decirnos que si bien puede resultar complicado, somos capaces de tolerar, manejar y afrontar cualquier inconveniente.

¡Plantemos cara a los catastrofismos! Un subtipo muy frecuente es la llamada anticipación negativa(los “y si…”) que consiste en ponernos en lo peor  antes de tiempo.De ahí la importancia de no malgastar nuestras energías viviendo en el pasado ni en el futuro sino centrar nuestros esfuerzos en vivir el aquí y ahoray darle a cada cosa su justo valor y tamaño.

El antídoto contra las exigencias, tanto hacia nosotros/as mismos/as como hacia los demás, consiste en modificarlas por preferencias, deseos y gustos.“Me gustaría/me habría gustado que…”.

CONCLUSIÓN:

Podemos aprender a modificar nuestros pensamientos voluntariamente, sustituyendo aquellos que nos perjudican por otros más útiles y beneficiosos. En ningún caso estamos hablando de auto-engañarnos, sino más bien todo lo contrario, de pensar más acertadamente, de acuerdo a evidencias y no a suposiciones e interpretaciones, en función de una realidad más objetiva y no tan subjetiva.




Aprender a vivir con trastorno bipolar

Escrito por ecopsicoterapia 17-08-2016 en Trastorno bipolar. Comentarios (0)

¿Qué me ocurrirá a partir de ahora?

El trastorno bipolar, o trastorno del espectro bipolar como es llamado en la actualidad, agrupa a un conjunto de desórdenes mentales frecuentes en nuestros días que se muestran bastante diferentes en la forma en que se manifiestan. Su característica más notable es la inestabilidad que provoca en las emociones, en los pensamientos y en los comportamientos, que se experimentan en grados extremos y a menudo opuestos, hasta hacer dudar al que lo padece sobre quién es (¿soy el de los días buenos, malos o regular?) y sobre lo que el futuro le depara. Los periodos críticos pueden seguirse de fases de calma, con síntomas escasos o ausentes. Es habitualmente recurrente con cambios de ánimo inesperados y bruscos que sorprenden tanto al paciente como a sus allegados. Dos personas con este diagnóstico pueden no parecerse en exceso, lo que hace difícil su diagnóstico precoz, crea falsos estereotipos y obliga a personalizar los tratamientos para que resulten más efectivos. Con toda la complejidad que encierra cualquier trastorno psíquico, debemos insistir en que se trata de una enfermedad de base cerebral donde la persona afectada tiende por temporadas a mostrar oscilaciones en su manera de sentir su vida y facilidad para negar sus sentimientos internos, lo que le permite desconocer una parte de su realidad, o a exagerarla hasta sentirse abrumada por ellos. Le cuesta encontrar el punto “justo”, o “me paso o no llego a conectar con lo que me duele”.

El anuncio de padecer un trastorno bipolar no es fácil de encajar ¿Será un error? ¿Por qué yo? ¿Seguro que repetirá? ¿Si me encuentro bien, por qué debo continuar el tratamiento? ¿Por qué no olvidarme de esta historia si vuelvo a pensar y  a sentirme como antes? ¿Alguna vez me curaré? No va a ser sencillo el encontrar las respuestas apropiadas, pero hacerlo de forma adecuada es importante para alcanzar nuestro primer objetivo, el de convertirnos en una de esas personas que pese a sufrir un trastorno bipolar lo asumen con realismo y determinación para disfrutar de una buena calidad de vida. Se trata de aceptarlo como lo hacemos con otras contrariedades serias de la vida, creyendo en nuestras posibilidades pero aceptando con humildad que necesitaremos ayuda. El sustituir el “yo sólo puedo” por un “lo intentaremos juntos”  va a incrementar nuestras posibilidades de éxito. En este esfuerzo será muy útil contar con el máximo de apoyo profesional, familiar y social, y de este modo, ocuparnos del problema sin  dramatismos, pero sin “bajar la guardia, sin confiarnos. Tampoco se equivoque, su vida no puede girar sólo sobre su enfermedad, usted no es bipolar, tiene un trastorno bipolar que es algo bastante diferente.

El diagnóstico del trastorno bipolar no siempre es fácil, no contamos a día de hoy con  ninguna prueba médica que lo confirme, no puedo hacerme un scanner o una analítica y salir de dudas. En ciertos casos,  podrá asegurarse con certeza el diagnostico, pero en otros, se emitirá con carácter de probabilidad sin poder establecer su existencia. No olvidemos que la confirmación se basa en los síntomas y en estos momentos los profesionales de la salud mental pretendemos evitar la progresión de la enfermedad y por ello actuar de forma precoz cuando la sintomatología es muy leve. Cada vez más y esto es uno de las novedades que hemos introducido en los últimos años, intervenimos en formas iniciales, en niños y adolescentes. Aquí, como en otros problemas médicos, más vale actuar de forma precoz y evitar el daño antes de que se muestre con toda claridad. En todo caso, parece prudente de entrada, dada la trascendencia del diagnóstico y el tratarse de una condición que va a acompañar nuestra vida, poder ratificarlo con otro profesional, otro psiquiatra con cierta experiencia en bipolaridad. Pero una vez asentado este diagnóstico,  hay que trabajar y mucho para que uno mismo no se convierta en el principal escollo en el éxito del tratamiento. La buena noticia es que contamos y cada vez más, con tratamientos farmacológicos efectivos, que de poco servirán si no nos convertimos en aliados de la terapia. Aceptar que debo reconocer esta mala noticia, esta nueva condición mental en mi vida, me permitirá que la terapia farmacológica pueda brindarme todos sus frutos. Y los beneficios no los centraremos sólo en el presente, sino sobre todo en evitar recaídas, en alejar las fases de descompensación o si éstas se presentan, en minimizar sus consecuencias.

A día de hoy casi nadie duda sobre que los fármacos son el pilar básico e imprescindible del tratamiento, capaces de ofrecer en casi todos los casos de un grado creciente de estabilidad. Pero dar importancia a la farmacología no es olvidar la importancia de otros apoyos fundamentales, para crear en todos los casos un abordaje integral del problema, un plan global de tratamiento que incluya al paciente, a la familia, cuidadores y amigos. Todos tienen un importante papel y un camino que juntos deben recorrer. La terapia farmacológica, como decimos, es básica e imprescindible y ha cambiado felizmente el pronóstico, pero si nos quedamos sólo en eso podremos fracasar, entre otras razones porque el seguimiento del tratamiento, la continuidad del mismo en una enfermedad larga y caprichosa, donde aparecen largos periodos normalidad psíquica, puede ser muy bajo. La presencia de interrupciones en el tratamiento o su uso de modo incorrecto es el mayor predictor de una próxima recaída, que no se producirá de forma inmediata pero que llegará más pronto que tarde. Seguir el tratamiento de forma correcta y regular, es una tarea en la que el paciente se debe implicar activamente pero no la única. Conviene que el paciente desarrolle su capacidad de autoobservación sin caer en exageraciones, que aprenda a detectar posibles cambios en su estado de ánimo y en sus comportamientos, para hacer llegar esta información a su equipo terapéutico. Anotar por escrito estas variaciones en forma de diario o con la ayuda de alguna aplicación informática especialmente diseñada para este uso es otra manera de involucrarse de forma saludable en el tratamiento.

Un plan adecuado de tratamiento debe sumar otros abordajes valiosos. En esta línea, la terapia psicológica tiene  un papel indiscutible al marcar objetivos realistas, reducir las negaciones y los extremismos, buscar la aceptación y el compromiso, servir de apoyo en los momentos difíciles, alejar los sentimientos de soledad y abandono y contribuir, en resumen, a disminuir la fatiga por soportar esta nueva carga, la carga de vivir con el trastorno bipolar. La “mochila” en algunos momentos del proceso la podremos sentir demasiado pesada y debemos poder y saber compartirla. En este empeño  también debemos incluir a nuestro entorno próximo que inicialmente se encontrará desorientado y perplejo. Las  familias inicialmente se encuentran tan desorientadas como el propio paciente, carecen  de  información  sobre  la  enfermedad  y  de  pautas  de  manejo  de  situaciones conflictivas, por lo que se convierten también en víctimas del desconcierto, el enfado y la impotencia. Es fundamental, por tanto, involucrar a la familia en el tratamiento del  paciente  desde  el  principio,  y darle un papel activo.  De este modo, despejando malentendidos, podremos crear  nuevos  sistemas de apoyo, donde amigos y familiares establezcan estrategias de ayuda ante posibles situaciones de crisis.  Con ayuda profesional empezarán a comprender una enfermedad nada fácil, a entender que muchos comportamientos no son fruto de la mala fe. Poco a poco asumirán el papel de cuidadores  para momentos difíciles, pero a la vez,  ellos contarán con ayuda para aliviar sus sentimientos negativos, su cansancio e incertidumbre. El plan terapéutico buscará sumar cualquier ayuda sincera y coordinar los esfuerzos en la dirección de los objetivos terapéuticos marcados. Estos aspectos, que debieran formar parte de ese plan integral tan necesario, son frecuentemente descuidados por nuestros sistemas sanitarios, y provocan recaídas que podrían ser evitadas.  En este sentido, las Asociaciones de Pacientes pueden realizar una labor efectiva y reclamar mayores medios, y planes de tratamiento más completos. Sus grupos de autoayuda resultan muy útiles para convencer a un paciente reticente a pedir ayuda y pueden colaborar en tareas de información, prevención y cuidado en situaciones de crisis.

¿Debo cambiar algo en mi vida?

En cualquier enfermedad conviene crear unos hábitos de vida saludables, que son genéricos y de sobra conocidos, con reducción de estrés, una buena alimentación, realización de ejercicio físico y restricción de alcohol y drogas de abuso (especialmente estimulantes como la cocaína y las anfetaminas). Lo más característico de este plan diario se explica por la posible relación de esta enfermedad con los llamados ritmos circadianos, aquellos que se encargan de ajustar nuestras funciones vitales, como el comer y el dormir. Es aconsejable ser regulares en nuestras costumbres y crear rutinas que establezcan horarios constantes en nuestra jornada, especialmente en lo relativo al momento de levantarse y acostarse, pero también sobre alimentación, ejercicio y actividad intelectual. Los hábitos de sueño son los más importantes y no es conveniente dormirnos tarde o menos horas de las habituales. Las fases de descompensación suelen anunciarse con variaciones en nuestra forma de dormir, generalmente menos horas pero también, a veces, con mayor somnolencia. Sin obsesionarse como siempre, conviene caer en la cuenta y buscar remedio. En nuestras manos está no favorecerlo con horarios de sueño irregulares y alcanzar si podemos una media de siete horas. Inicialmente puede parecer un fastidio pero es posible disfrutar a otras horas y sin el uso de drogas. La idea es simple, luchar contra la inestabilidad propia del trastorno con la programación regular y rígida de unos hábitos de vida sanos.

¿Y en otros aspectos qué hacer? Tal vez lo más importante, tomarse las cosas con más calma, darnos un respiro, no caer en el exceso de autoexigencia, medirnos en nuestros esfuerzos, huir de “todo o nada”, aprender a aceptar nuestras limitaciones y las de los que se encuentran a nuestro lado. Aprender a vivir sin llegar a nuestros límites, saber esperar sin caer en la impaciencia, disfrutar sin excesos, saber buscar ayuda y relativizar la importancia de muchas cuestiones que parecen primordiales, nos hará más fácil alcanzar nuestro objetivo, el de tener un trastorno bipolar con un buen nivel de bienestar.


COMUNICACIÓN EFICAZ: LA ASERTIVIDAD

Escrito por ecopsicoterapia 31-05-2016 en COMUNICACIÓN. Comentarios (0)

La asertividad es una cuestión de dignidad y defensa de los derechos personales. Ser asertivos es sinónimo de certeza, seguridad y firmeza.

Las habilidades sociales incluyen lo que denominamos la conducta asertiva, que consiste en “la conducta que permite que una persona actúe según sus intereses más importantes, defenderse sin ansiedad inadecuada o innecesaria, expresar cómodamente sentimientos, pensamientos y opiniones de forma honesta y ejercer los derechos personales sin negar los derechos de los demás”. A través de la conducta asertiva o asertividad, expresamos nuestros gustos e intereses de forma natural y espontánea, hablamos sin rodeos y sin sentirnos cohibidos o alterados, aceptamos cumplidos sin sentirnos incómodos, podemos discrepar abiertamente sin herir ni molestar a nadie, podemos pedir aclaraciones y podemos decir sí o no tranquilamente, según nos convenga.

La  asertividad  se puede definir como la habilidad personal para encontrar las palabras adecuadas que permitan decir las cosas en el momento preciso y de la forma correcta. Consiste, pues, en saber defender nuestros derechos sin faltar a los derechos de los demás. Es una herramienta muy útil para mejorar nuestras relaciones interpersonales y constituye, junto con la empatía y la escucha activa, uno de los pilares sobre los que descansa la comunicación eficaz.

Las personas asertivas  poseen la habilidad de escuchar activamente, de manifestar de forma clara, contundente y educada sus puntos de vista y de proponer alternativas inteligentes a los demás, contribuyendo a la resolución de conflictos y a la mejora de las relaciones interpersonales. Son personas que saben pedir, decir no y negociar en múltiples situaciones sociales y, además, son personas flexibles a la hora de conseguir aquello que se proponen, porque respetan los derechos de los demás y son capaces de tolerar la posible frustración que les generen las quejas o críticas que se les haga y los obstáculos a los que tengan que enfrentarse.

No se nace siendo asertivo. El estilo de comunicación que tengamos será el resultado de la interacción de múltiples factores (educación recibida, entorno, experiencias de la vida, etc.). La asertividad es una destreza, podemos aprender a ser asertivos en nuestras relaciones y en las diferentes áreas vitales.  Adquirir y potenciar esta habilidad requiere de un esfuerzo y constancia diarios: es un trabajo personal.

Cuando aprendemos a ser asertivos, rápidamente descubrimos los beneficios que nos reporta en el día a día. Aumenta el respeto hacia nosotros mismos, reforzando nuestra autoconfianza, y mejora nuestra "posición social", asegurándonos una aceptación y respeto reales por parte de quienes nos rodean. Y es que la asertividad tiene mucho que ver con el respeto a uno mismo, con la honestidad. Cuando decimos "sí" en lugar de decir "no", de algún modo nos estamos faltando el respeto a nosotros/as mismos/as y estamos "falseando" la realidad ante el otro. Si nos mostramos excesivamente complacientes muy probablemente seremos presa de personas que puedan pretender aprovecharse. Por el contrario, si tendemos a mostrarnos como alguien defensivo y malhumorado, los otros tenderán a percibirnos como una persona non grata y se alejarán.

La conducta asertiva no impide que tengamos conflictos, pero sí los minimiza y nos permite manejarlos eficazmente.

Una persona puede tener un estilo agresivo en su trabajo pero luego ser pasivo o sumiso en casa respecto a su pareja, o viceversa. Es importante trabajar la conducta asertiva en general, en todas las áreas, haciendo especial hincapié en aquellas en las que más dificultades tengamos.

Quizás la razón principal por la que las personas no somos o dejamos de ser asertivas, sea el pensar que no tenemos derecho a tener nuestras propias creencias, opiniones, sentimientos y valores. A eso se suma el miedo al posible rechazo de los demás o al posible conflicto. En este sentido, el entrenamiento asertivo consiste en enseñar a las personas a defender sus derechos ante situaciones que puedan ser injustas o que puedan vulnerar sus derechos personales. Derribando esas falsas creencias o “solucionando” esos sentimientos de infravaloración y de temor al rechazo, a caer mal o a los conflictos que se pueden generar, podremos practicar y reforzar esta habilidad terapéutica y favorecernos de sus múltiples beneficios.

En conclusión:

La asertividad es la libertad de expresarse sin hacer daño a los demás y sin hacérnoslo a nosotros mismos. Las personas que practican la conducta asertiva son personas mucho más seguras de sí mismas, poseen una autoestima sana, se comunican mejor, disfrutan de una mayor tranquilidad y gestionan mejor los posibles conflictos interpersonales, son más honestas y directas.

Ser asertivos no presenta desventaja alguna y sí grandes beneficios. Es una característica de la personalidad que promueve una autoestima sana, y contribuye al desarrollo de relaciones interpersonales sanas y positivas.

RECOMENDACIONES:

1. Analiza tu estilo.¿Sueles expresar tus opiniones?, ¿cómo lo haces? Analizar tu estilo predominante de comunicación te ayudará a tomar mejores decisiones.

2. Habla en primera persona.Fomenta el “yo” en tu diálogo. Por ejemplo, utiliza “yo no estoy de acuerdo” en lugar de la frase “Estás equivocado” o “eso no es así”.

3. Aprende a decir NO. Es válido que rechaces algunas peticiones si en realidad no tienes tiempo para hacerlo o incluso no te apetece. Es mejor expresarlo a padecer estrés por querer cumplir con todo y todos.

4. Ensaya tu discurso.Si para ti es difícil expresar tus pensamientos o sentimientos, practicar y prepararte pueden ser grandes ideas. Emítelo en voz alta o escríbelo. También, puede ser muy útil compartirlo con alguien más y solicitar su opinión.

5. Utiliza el lenguaje corporal.Actúa con confianza. Mantén una postura erguida y mira a los ojos. Trata de tener una expresión facial neutral o positiva en todo momento.

6. Controla tus emociones.Si sientes que tus sentimientos te pueden jugar una mala pasada, espera a calmarte. Respira profundamente y si es necesario posponer una conversación o toma de decisión, no lo dudes. Una retirada a tiempo puede ser una victoria.

7. Da un pequeño gran paso.Si eres una persona pasiva o sumisa, intenta modificar este comportamiento en situaciones de baja dificultad para ir generando confianza.

8. Conviértete en tu propio defensor.Cuando expresas lo que quieres, piensas, sientes o necesitas tendrás una vida más feliz y auténtica.

9. Respeta tus valores.No dejes que los demás superen tus ideas o creencias. Hazles entender de forma respetuosa que vales lo mismo que ellos y mereces respeto.

10. Rompe el molde. Si eres de las personas que dejan que los demás decidan por ti, trata de eliminar este comportamiento de forma sutil, por ejemplo: “está perfecto el plan, pero esta vez me encantaría hacer…”

Una cuestión de derechos

 "El derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos." Immanuel Kant.

Existen una serie de supuestos tradicionales sobre “lo que se espera de una persona”. Sin embargo, igualmente existen una serie de derechos personales a los que nos podemos aferrar en determinadas circunstancias si lo consideramos oportuno, ante personas o situaciones que agredan o atenten a nuestro bienestar.  ¡Tenemos derecho a tener estos derechos! Pero hemos de ser conscientes de que los demás también los tienen y que pueden hacer uso de ellos. Son los llamados “derechos asertivos”, aquellos que se basan en la asertividad.

Veamos estos supuestos y derechos:

  • Tradicionalmente, se entiende que ser egoísta es anteponer las necesidades propias a las de los otros, pero a veces uno ha de ser el primero.
  • Es vergonzoso cometer errores, pero se tiene derecho a cometer errores.
  • Si no puedes convencer a las otras personas de que tus sentimientos son razonables, es probable que estés equivocado, pero tienes derecho a ser el último juez de tus sentimientos, aceptarlos como válidos y a no justificarte delante de los otros.
  • Hay que respetar el punto de vista de los otros, especialmente si tienen algún cargo de autoridad, pero tienes derecho a tener tus propias opiniones y tus convicciones.
  • Hay que intentar ser siempre lógico y consecuente pero tienes derecho a cambiar de línea, opinión o acción.
  • Hay que ser flexible y adaptarse pero se tiene derecho a la crítica, a protestar por un trato injusto y a decir no.
  • Nunca has de interrumpir a las personas, pero tienes derecho a interrumpir y pedir explicaciones.
  • Las cosas podrían ser peores pero tienes derecho a intentar un cambio.
  • No se ha de perder el precioso tiempo de los otros con los problemas de uno/a pero tienes derecho a pedir ayuda y soporte emocional.
  • Cuando alguno se molesta en darte un consejo, es mejor hacerle caso porque acostumbra a tener razón, pero tienes derecho a ignorar el consejo de los otros.
  • La satisfacción de saber que se ha hecho un trabajo bien hecho es la mejor recompensa, pero tienes derecho a recibir un reconocimiento formal por el trabajo bien hecho.
  • No se ha de ser antisocial, si dices que te gusta estar solo/a las otras personas pensarán que no te gustan, pero tienes derecho a estar solo aunque los demás quieran estar contigo.
  • Cuando alguien tiene un problema hay que ayudarlo, pero tienes derecho a no responsabilizarte de los problemas de los otros.
  • Se ha de ser sensible a las necesidades y deseos de las otras personas aunque no sepan demostrarlos, pero tienes derecho a no anticiparte a las necesidades y derechos de los otros.
  • Es una buena política intentar ver siempre el lado bueno de la gente, pero tienes derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los otros.
  • No está bien quitarte a la gente de encima, si alguien te hace una pregunta hay que darle una respuesta, pero tienes derecho a responder o no.

Quizás no estemos acostumbrados a reconocer y hacer uso de estos derechos, porque pensamos erróneamente que si lo hacemos nos convertiremos en seres egoístas y peores personas. Respetarse a uno mismo es compatible con respetar a los demás. Si uno no está bien consigo mismo, ¿cómo va a estarlo con los otros? 

Iván Hernández - Psicólogo y Formador


CITAS Y REFLEXIONES PARA COMPARTIR

Escrito por ecopsicoterapia 12-04-2016 en frases para compartir. Comentarios (0)

LA VIDA ES UN DIEZ POR CIENTO COMO LA HACEMOS Y UN NOVENTA POR CIENTO COMO LA TOMAMOS”

IRVING BERLIN (1888-1989)

Los profesionales de la salud mental nos encontramos muchas veces a lo largo de nuestra experiencia con conclusiones que se podrían resumir en la cita mencionada. A lo largo de nuestras vidas, con variantes más o menos significativas, un ser humano se enfrenta en mayor o menor grado a las mismas dificultades, alegrías, avatares, pérdidas, conquistas, ilusiones y ansiedades que “su vecino”, terapeutas incluidos, pues no estamos ni queremos estar vacunados contra la vida. Al fin y al cabo, situaciones vitales que nos unen y separan de nuestros semejantes. Por tanto, ¿por qué ante un mismo suceso una persona lo integra y otra, incluso pudiendo ser hasta familiar cercano, genera un malestar que precisa de tratamiento farmacológico y terapéutico?. Sin duda esta pregunta conlleva una respuesta demasiado amplia como para abordarla en esta sección (si están interesados podríamos reflexionar sobre esto en el próximo número). Lo que sí podemos afirmar es que el malestar, la patología, la desesperanza, salvo en casos excepcionales, tiene que ver mucho más con cómo integramos esas experiencias determinadas en nuestra vida que el peso de los hechos concretos que nos produjeron el malestar. Desmenuzando la cita de Irving Berlin y asociándola a nuestro planteamiento, si le damos la vuelta, parece decir que el 90% de las circunstancias vitales de cualquier persona, que se desarrolle en una misma cultura y momento histórico, es similar o idéntico al de cualquier otra persona y que es ese 10 por ciento lo que nos distingue de los demás, lo que diferencia como afrontamos nuestros sucesos vitales. Ese diez por ciento resulta esencial para afrontar la vida con una adecuada salud mental. Es por ello que muchas veces el apoyo terapéutico o el trabajo personal, es recomendable aunque no se esté sufriendo en el momento ningún padecimiento, incluso puede ser más recomendable iniciar este tipo de trabajo cuando uno se encuentra en una situación de calma y estabilidad, pues se está más abierto al crecimiento, que a veces el dolor de una situación concreta impide por la cantidad de energía que gastamos en él. En otras culturas con arraigo en materia de salud mental como Argentina, Estados Unidos, Alemania o Francia, ésta es una práctica habitual. En estas sociedades el individuo tiene más integrada la importancia de una adecuada Salud Mental para afrontar la vida y acuden a sus terapeutas como fuente de bienestar y conocimiento, hecho que incide en una mejora de la salud global, además de significar una reserva de salud o una caja de herramientas para cuando sobrevengan los sucesos inevitables generadores de sufrimiento y como no, una capacidad para disfrutar en mayor profundidad de las alegrías.

Desde otra perspectiva la frase de Irving Berlin nos hace entender la vida más como proceso que como producto. Pasar de lo digital, (buena vida-mala vida, suerte-desgracia, saludable-enfermiza,…) a lo analógico (matices, porcentajes, tendencias, dinamia,…) es un movimiento de salud que nos hace transitar de lo rígido a lo flexible, de la enfermedad a la salud, de lo estático a lo dinámico. Un porcentaje de “hacer”, acción, verbo objeto de alabanza, en estos tiempos que “corren”, actividad que cuando encuentra un límite, en ocasiones, genera una situación traumática. Una proporción mucho más amplia de “tomar”, acción asociada, en una de sus acepciones, a ser paciente, a tener paciencia, a permitirnos pensar y sentir, a hacernos preguntas: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿para qué me sirve?, ¿qué me descubre de mí?, ¿cuál es mi deseo?, ¿qué siento?, ¿cómo lo siento?, ¿dónde lo siento?, ¿es novedad en mi o es recurrente?, ¿suelo pasar a la acción o me doy tiempo de elaboración?. Y a aventurar respuestas que nos permita sentirnos sujetos artífices de nuestro acontecer, que nos lleve a vivirnos como seres que contamos con recursos internos que nadie nos va a poder privar de ellos, por mucho que nos corten, recorten o repriman. Decidir cómo nos tomamos la vida es escucharnos de forma inteligente, ya no solo es tomar conciencia, es ampliar la conciencia de nuestra vida, que nos lleva a entenderla como vida saludable sin que siempre sea sinónimo de vida cómoda.

De nuestra plasticidad va a depender nuestro bienestar, entendiendo aquella como la capacidad para saber vivir con el azar, con lo inesperado, con la sorpresa, saber qué “azer” con el azar. Sacar de nosotros ese potencial que todos llevamos dentro que se va a activar cuando nos hagamos cargo de nuestras cargas, acción que solemos omitir porque nos enseñaron que asumir retos era peligroso.

En nuestra sociedad el éxito está sobrevalorado, el error, la rectificación, la reparación sufren el efecto inverso, su desvalorización, en contradicción con la definición de la persona dotada de madurez como aquella que ha aprendido lo suficiente de sus propios errores, que ha sido capaz de convertir su falta en el resorte de su vida. Nuestra práctica en salud mental nos ha enseñado las limitaciones de las soluciones colectivas y la pertinencia de considerar los síntomas de quienes se dirigen a nosotros como una protesta, son una objeción frente a las soluciones colectivas que se sugieren. Ante esta demanda se supone erróneamente que nosotros tenemos soluciones “listas para resolver” ese síntoma-protesta, cuando en realidad es más efectivo descubrir qué es lo que está alimentando esa promesa que supone la demanda. Su síntoma ya tiene valor de respuesta. Tratamos de sensibilizarle en la parte de sí mismo que empeña en sus síntomas, en sus quejas, en sus demandas. Nadie sabe por adelantado qué es terapéutico para un sujeto.

Nos tomamos las cosas con calma, paciencia, filosofía, naturalidad, como vienen, como nos son dadas, parece que somos neutrales al recibir la realidad, al menos las expresiones cotidianas así lo reflejan, pero aunque no seamos lo suficientemente conscientes, tal como dice un enunciado intuicionista: “Para plantear un existe también hay que construirlo”.

Caer en la cuenta no solo de lo que nuestra “novela” influye en nuestra existencia, sino nuestra apuesta por nosotros en el presente, determinamos parte de nuestro futuro, en parte troquelamos la llave que nos abre mas puertas de las que nos vienen dadas y además nos carga de energía al ser conscientes de esos recursos con los que contamos que nos alejan de la indefensión.

Llama la atención que al autor de la frase, la vida no se lo puso fácil, pero parece que supo como tomársela para llevar una vida vivida. Judío, nacido en Rusia y de nacionalidad americana, huérfano desde muy joven tuvo que entrar en el mundo laboral muy pronto, empezó vendiendo periódicos, compositor muy prolífico tanto de la música como de la letra (compuso alrededor de 3000 canciones, produjo 17 películas y 21 espectáculos de Broadway), sin saber leer música y que falleció con 101 años.