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He vivido un trauma, ¿y ahora qué?

 “Hay un pasado que se fue para siempre pero hay un futuro que todavía es nuestro”.

   Frederick William Robertson


El pasado es ese punto de nuestra historia que vuelve en cualquier momento para recordarnos quién fuimos ayer y quienes somos hoy. Y es que, independiente de que esos momentos fueran buenos o malos, ya pasaron. Con todo, el pasado sigue ahí y nos acompaña cada día allá donde vamos. Escapar de él es como una silla que escapa de sus cuatro patas. Si huye de ellas corre el serio peligro de dejar de ser una silla para convertirse en, por ejemplo, un cojín. Algo que como silla puede ser estremecedor. Pero, ¿qué ocurre cuando nuestro pasado nos atormenta, ensombreciendo el sol del presente? Habitualmente, lo que ocurre es que nos vemos privados el bienestar al que todos tenemos derecho (OMS,2013).

El enfoque EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares) asume que cuando los recuerdos nos afectan en el presente es porque nuestro cerebro no tuvo la oportunidad para poder integrarlos o procesarlos con éxito. De esta manera, el cerebro intenta superar estos recuerdos (o síntomas), trayéndolos al presente una y otra vez con el fin de que nos acostumbremos a ellos. Por tanto, el enfoque EMDR asume que la ansiedad, los miedos, las obsesiones y otros problemas nacen de experiencias pasadas no resueltas.

Ahora bien, unas de las limitaciones actuales del EMDR es que está indicado sobretodo para el Trastorno de Estrés Postraumático, reduciendo entre 77 y el 100% de la secuelas psicológicas derivadas de los traumas. Cierto es que hay resultados prometedores para la Depresión Bipolar. Pero también es cierto que para problemas como la depresión, puede ayudar a superar e integrar experiencias traumáticas, aunque lo hará como complemento a otras terapias psicológicas de eficacia conocida, las cuales es preciso que el profesional domine. La utilidad como complemento para la depresión y muchos problemas de ansiedad, vienen de la mano de que, con frecuencia, surgen a raíz de un evento (fallecimiento de alguien importante, ruptura amorosa, despido, etc.) que despierta traumas de la infancia o la adolescencia. El EMDR ayudará a reducir las emociones sobre los disparadores de los pensamientos depresivos y, gracias a otras técnicas, permite a la persona avanzar hacia delante.

Pero, ¿cómo  se superan los traumas usando EMDR? Pues mediante el Procesamiento Adaptativo de la Información (PAI), que es una capacidad del cerebro para procesar recuerdos. Imagínese que su mente es una red y que las malas experiencias que le azoran son hilos sueltos de esa red. El EMDR “reconecta” estas experiencias sueltas dentro de la red gracias a la capacidad natural del cerebro para reconectar redes, la cual llamaremos PAI. Si por casualidad le viene a la mente el anuncio de algún champú reparador de puntas, también sería un buen ejemplo de cómo actúa el EMDR. Por tanto, es el PAI el que permite dar sentido y utilidad a las malas experiencias (o síntomas), haciendo adaptativo lo que es desaptativo. En otras palabras, permite que el cerebro asimile lo malo para que de ello se pueda sacar una experiencia productiva.

¿Y todo esto se hace sólo hablando de mis traumas? Si bien es cierto que la escucha es importante, va más allá de hablar y escuchar, ya que la herramienta principal es la estimulación bilateral ocular (movimientos de ojos). Muy resumidamente el proceso es el siguiente: en la fase 1 es donde la escucha y la comprensión tienen una importancia capital, seleccionándose los traumas a reprocesar. En la fase 2 se prepara al paciente y se le dota de los recursos psicológicos necesarios para afrontar el proceso. En la fase 3 se mide el grado de perturbación generado por el trauma y en la fase 4, podríamos decir que es donde más se aplican los Movimientos Oculares (MO). En las fases 5, 6, 7 y 8 es donde nos aseguramos que el reprocesamiento de la experiencia se ha producido correctamente y lo afianzamos.

Este proceso es imprescindible que sea llevado a cabo por profesionales adecuadamente formados ya que el  EMDR es un abordaje potente con precauciones que es vital saber manejar con soltura. A fin de cuentas, estamos ante una herramienta psicoterapéutica que, tal y cómo  comenta Pagani (2012), produce cambios neurológicos en el área límbica (ver esquema gráfico) así como a regiones asociativas.

Además de estos cambios neurológicos, es importante aclarar que a lo largo del proceso de EMDR, los recuerdos de las experiencias pueden cambiar de color, de luminosidad, de tamaño, de intensidad, pero ante todo, cambian las sensaciones que nos producen y cómo nos valoramos a través de nuestras experiencias. Y esta es la manera en que un pasado oscuro puede dar a luz a un  futuro prometedor.


                                                                      

                                      Esquema gráfico del área Límbica y descripción de algunas de sus funciones


D. Romen J. Martín Hernández, col P-1817. Psicoterapeuta EMDR

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