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CITAS Y REFLEXIONES PARA COMPARTIR

LA VIDA ES UN DIEZ POR CIENTO COMO LA HACEMOS Y UN NOVENTA POR CIENTO COMO LA TOMAMOS”

IRVING BERLIN (1888-1989)

Los profesionales de la salud mental nos encontramos muchas veces a lo largo de nuestra experiencia con conclusiones que se podrían resumir en la cita mencionada. A lo largo de nuestras vidas, con variantes más o menos significativas, un ser humano se enfrenta en mayor o menor grado a las mismas dificultades, alegrías, avatares, pérdidas, conquistas, ilusiones y ansiedades que “su vecino”, terapeutas incluidos, pues no estamos ni queremos estar vacunados contra la vida. Al fin y al cabo, situaciones vitales que nos unen y separan de nuestros semejantes. Por tanto, ¿por qué ante un mismo suceso una persona lo integra y otra, incluso pudiendo ser hasta familiar cercano, genera un malestar que precisa de tratamiento farmacológico y terapéutico?. Sin duda esta pregunta conlleva una respuesta demasiado amplia como para abordarla en esta sección (si están interesados podríamos reflexionar sobre esto en el próximo número). Lo que sí podemos afirmar es que el malestar, la patología, la desesperanza, salvo en casos excepcionales, tiene que ver mucho más con cómo integramos esas experiencias determinadas en nuestra vida que el peso de los hechos concretos que nos produjeron el malestar. Desmenuzando la cita de Irving Berlin y asociándola a nuestro planteamiento, si le damos la vuelta, parece decir que el 90% de las circunstancias vitales de cualquier persona, que se desarrolle en una misma cultura y momento histórico, es similar o idéntico al de cualquier otra persona y que es ese 10 por ciento lo que nos distingue de los demás, lo que diferencia como afrontamos nuestros sucesos vitales. Ese diez por ciento resulta esencial para afrontar la vida con una adecuada salud mental. Es por ello que muchas veces el apoyo terapéutico o el trabajo personal, es recomendable aunque no se esté sufriendo en el momento ningún padecimiento, incluso puede ser más recomendable iniciar este tipo de trabajo cuando uno se encuentra en una situación de calma y estabilidad, pues se está más abierto al crecimiento, que a veces el dolor de una situación concreta impide por la cantidad de energía que gastamos en él. En otras culturas con arraigo en materia de salud mental como Argentina, Estados Unidos, Alemania o Francia, ésta es una práctica habitual. En estas sociedades el individuo tiene más integrada la importancia de una adecuada Salud Mental para afrontar la vida y acuden a sus terapeutas como fuente de bienestar y conocimiento, hecho que incide en una mejora de la salud global, además de significar una reserva de salud o una caja de herramientas para cuando sobrevengan los sucesos inevitables generadores de sufrimiento y como no, una capacidad para disfrutar en mayor profundidad de las alegrías.

Desde otra perspectiva la frase de Irving Berlin nos hace entender la vida más como proceso que como producto. Pasar de lo digital, (buena vida-mala vida, suerte-desgracia, saludable-enfermiza,…) a lo analógico (matices, porcentajes, tendencias, dinamia,…) es un movimiento de salud que nos hace transitar de lo rígido a lo flexible, de la enfermedad a la salud, de lo estático a lo dinámico. Un porcentaje de “hacer”, acción, verbo objeto de alabanza, en estos tiempos que “corren”, actividad que cuando encuentra un límite, en ocasiones, genera una situación traumática. Una proporción mucho más amplia de “tomar”, acción asociada, en una de sus acepciones, a ser paciente, a tener paciencia, a permitirnos pensar y sentir, a hacernos preguntas: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿para qué me sirve?, ¿qué me descubre de mí?, ¿cuál es mi deseo?, ¿qué siento?, ¿cómo lo siento?, ¿dónde lo siento?, ¿es novedad en mi o es recurrente?, ¿suelo pasar a la acción o me doy tiempo de elaboración?. Y a aventurar respuestas que nos permita sentirnos sujetos artífices de nuestro acontecer, que nos lleve a vivirnos como seres que contamos con recursos internos que nadie nos va a poder privar de ellos, por mucho que nos corten, recorten o repriman. Decidir cómo nos tomamos la vida es escucharnos de forma inteligente, ya no solo es tomar conciencia, es ampliar la conciencia de nuestra vida, que nos lleva a entenderla como vida saludable sin que siempre sea sinónimo de vida cómoda.

De nuestra plasticidad va a depender nuestro bienestar, entendiendo aquella como la capacidad para saber vivir con el azar, con lo inesperado, con la sorpresa, saber qué “azer” con el azar. Sacar de nosotros ese potencial que todos llevamos dentro que se va a activar cuando nos hagamos cargo de nuestras cargas, acción que solemos omitir porque nos enseñaron que asumir retos era peligroso.

En nuestra sociedad el éxito está sobrevalorado, el error, la rectificación, la reparación sufren el efecto inverso, su desvalorización, en contradicción con la definición de la persona dotada de madurez como aquella que ha aprendido lo suficiente de sus propios errores, que ha sido capaz de convertir su falta en el resorte de su vida. Nuestra práctica en salud mental nos ha enseñado las limitaciones de las soluciones colectivas y la pertinencia de considerar los síntomas de quienes se dirigen a nosotros como una protesta, son una objeción frente a las soluciones colectivas que se sugieren. Ante esta demanda se supone erróneamente que nosotros tenemos soluciones “listas para resolver” ese síntoma-protesta, cuando en realidad es más efectivo descubrir qué es lo que está alimentando esa promesa que supone la demanda. Su síntoma ya tiene valor de respuesta. Tratamos de sensibilizarle en la parte de sí mismo que empeña en sus síntomas, en sus quejas, en sus demandas. Nadie sabe por adelantado qué es terapéutico para un sujeto.

Nos tomamos las cosas con calma, paciencia, filosofía, naturalidad, como vienen, como nos son dadas, parece que somos neutrales al recibir la realidad, al menos las expresiones cotidianas así lo reflejan, pero aunque no seamos lo suficientemente conscientes, tal como dice un enunciado intuicionista: “Para plantear un existe también hay que construirlo”.

Caer en la cuenta no solo de lo que nuestra “novela” influye en nuestra existencia, sino nuestra apuesta por nosotros en el presente, determinamos parte de nuestro futuro, en parte troquelamos la llave que nos abre mas puertas de las que nos vienen dadas y además nos carga de energía al ser conscientes de esos recursos con los que contamos que nos alejan de la indefensión.

Llama la atención que al autor de la frase, la vida no se lo puso fácil, pero parece que supo como tomársela para llevar una vida vivida. Judío, nacido en Rusia y de nacionalidad americana, huérfano desde muy joven tuvo que entrar en el mundo laboral muy pronto, empezó vendiendo periódicos, compositor muy prolífico tanto de la música como de la letra (compuso alrededor de 3000 canciones, produjo 17 películas y 21 espectáculos de Broadway), sin saber leer música y que falleció con 101 años.


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