ECO Salud Mental : BLOG

Aprender a vivir con trastorno bipolar

¿Qué me ocurrirá a partir de ahora?

El trastorno bipolar, o trastorno del espectro bipolar como es llamado en la actualidad, agrupa a un conjunto de desórdenes mentales frecuentes en nuestros días que se muestran bastante diferentes en la forma en que se manifiestan. Su característica más notable es la inestabilidad que provoca en las emociones, en los pensamientos y en los comportamientos, que se experimentan en grados extremos y a menudo opuestos, hasta hacer dudar al que lo padece sobre quién es (¿soy el de los días buenos, malos o regular?) y sobre lo que el futuro le depara. Los periodos críticos pueden seguirse de fases de calma, con síntomas escasos o ausentes. Es habitualmente recurrente con cambios de ánimo inesperados y bruscos que sorprenden tanto al paciente como a sus allegados. Dos personas con este diagnóstico pueden no parecerse en exceso, lo que hace difícil su diagnóstico precoz, crea falsos estereotipos y obliga a personalizar los tratamientos para que resulten más efectivos. Con toda la complejidad que encierra cualquier trastorno psíquico, debemos insistir en que se trata de una enfermedad de base cerebral donde la persona afectada tiende por temporadas a mostrar oscilaciones en su manera de sentir su vida y facilidad para negar sus sentimientos internos, lo que le permite desconocer una parte de su realidad, o a exagerarla hasta sentirse abrumada por ellos. Le cuesta encontrar el punto “justo”, o “me paso o no llego a conectar con lo que me duele”.

El anuncio de padecer un trastorno bipolar no es fácil de encajar ¿Será un error? ¿Por qué yo? ¿Seguro que repetirá? ¿Si me encuentro bien, por qué debo continuar el tratamiento? ¿Por qué no olvidarme de esta historia si vuelvo a pensar y  a sentirme como antes? ¿Alguna vez me curaré? No va a ser sencillo el encontrar las respuestas apropiadas, pero hacerlo de forma adecuada es importante para alcanzar nuestro primer objetivo, el de convertirnos en una de esas personas que pese a sufrir un trastorno bipolar lo asumen con realismo y determinación para disfrutar de una buena calidad de vida. Se trata de aceptarlo como lo hacemos con otras contrariedades serias de la vida, creyendo en nuestras posibilidades pero aceptando con humildad que necesitaremos ayuda. El sustituir el “yo sólo puedo” por un “lo intentaremos juntos”  va a incrementar nuestras posibilidades de éxito. En este esfuerzo será muy útil contar con el máximo de apoyo profesional, familiar y social, y de este modo, ocuparnos del problema sin  dramatismos, pero sin “bajar la guardia, sin confiarnos. Tampoco se equivoque, su vida no puede girar sólo sobre su enfermedad, usted no es bipolar, tiene un trastorno bipolar que es algo bastante diferente.

El diagnóstico del trastorno bipolar no siempre es fácil, no contamos a día de hoy con  ninguna prueba médica que lo confirme, no puedo hacerme un scanner o una analítica y salir de dudas. En ciertos casos,  podrá asegurarse con certeza el diagnostico, pero en otros, se emitirá con carácter de probabilidad sin poder establecer su existencia. No olvidemos que la confirmación se basa en los síntomas y en estos momentos los profesionales de la salud mental pretendemos evitar la progresión de la enfermedad y por ello actuar de forma precoz cuando la sintomatología es muy leve. Cada vez más y esto es uno de las novedades que hemos introducido en los últimos años, intervenimos en formas iniciales, en niños y adolescentes. Aquí, como en otros problemas médicos, más vale actuar de forma precoz y evitar el daño antes de que se muestre con toda claridad. En todo caso, parece prudente de entrada, dada la trascendencia del diagnóstico y el tratarse de una condición que va a acompañar nuestra vida, poder ratificarlo con otro profesional, otro psiquiatra con cierta experiencia en bipolaridad. Pero una vez asentado este diagnóstico,  hay que trabajar y mucho para que uno mismo no se convierta en el principal escollo en el éxito del tratamiento. La buena noticia es que contamos y cada vez más, con tratamientos farmacológicos efectivos, que de poco servirán si no nos convertimos en aliados de la terapia. Aceptar que debo reconocer esta mala noticia, esta nueva condición mental en mi vida, me permitirá que la terapia farmacológica pueda brindarme todos sus frutos. Y los beneficios no los centraremos sólo en el presente, sino sobre todo en evitar recaídas, en alejar las fases de descompensación o si éstas se presentan, en minimizar sus consecuencias.

A día de hoy casi nadie duda sobre que los fármacos son el pilar básico e imprescindible del tratamiento, capaces de ofrecer en casi todos los casos de un grado creciente de estabilidad. Pero dar importancia a la farmacología no es olvidar la importancia de otros apoyos fundamentales, para crear en todos los casos un abordaje integral del problema, un plan global de tratamiento que incluya al paciente, a la familia, cuidadores y amigos. Todos tienen un importante papel y un camino que juntos deben recorrer. La terapia farmacológica, como decimos, es básica e imprescindible y ha cambiado felizmente el pronóstico, pero si nos quedamos sólo en eso podremos fracasar, entre otras razones porque el seguimiento del tratamiento, la continuidad del mismo en una enfermedad larga y caprichosa, donde aparecen largos periodos normalidad psíquica, puede ser muy bajo. La presencia de interrupciones en el tratamiento o su uso de modo incorrecto es el mayor predictor de una próxima recaída, que no se producirá de forma inmediata pero que llegará más pronto que tarde. Seguir el tratamiento de forma correcta y regular, es una tarea en la que el paciente se debe implicar activamente pero no la única. Conviene que el paciente desarrolle su capacidad de autoobservación sin caer en exageraciones, que aprenda a detectar posibles cambios en su estado de ánimo y en sus comportamientos, para hacer llegar esta información a su equipo terapéutico. Anotar por escrito estas variaciones en forma de diario o con la ayuda de alguna aplicación informática especialmente diseñada para este uso es otra manera de involucrarse de forma saludable en el tratamiento.

Un plan adecuado de tratamiento debe sumar otros abordajes valiosos. En esta línea, la terapia psicológica tiene  un papel indiscutible al marcar objetivos realistas, reducir las negaciones y los extremismos, buscar la aceptación y el compromiso, servir de apoyo en los momentos difíciles, alejar los sentimientos de soledad y abandono y contribuir, en resumen, a disminuir la fatiga por soportar esta nueva carga, la carga de vivir con el trastorno bipolar. La “mochila” en algunos momentos del proceso la podremos sentir demasiado pesada y debemos poder y saber compartirla. En este empeño  también debemos incluir a nuestro entorno próximo que inicialmente se encontrará desorientado y perplejo. Las  familias inicialmente se encuentran tan desorientadas como el propio paciente, carecen  de  información  sobre  la  enfermedad  y  de  pautas  de  manejo  de  situaciones conflictivas, por lo que se convierten también en víctimas del desconcierto, el enfado y la impotencia. Es fundamental, por tanto, involucrar a la familia en el tratamiento del  paciente  desde  el  principio,  y darle un papel activo.  De este modo, despejando malentendidos, podremos crear  nuevos  sistemas de apoyo, donde amigos y familiares establezcan estrategias de ayuda ante posibles situaciones de crisis.  Con ayuda profesional empezarán a comprender una enfermedad nada fácil, a entender que muchos comportamientos no son fruto de la mala fe. Poco a poco asumirán el papel de cuidadores  para momentos difíciles, pero a la vez,  ellos contarán con ayuda para aliviar sus sentimientos negativos, su cansancio e incertidumbre. El plan terapéutico buscará sumar cualquier ayuda sincera y coordinar los esfuerzos en la dirección de los objetivos terapéuticos marcados. Estos aspectos, que debieran formar parte de ese plan integral tan necesario, son frecuentemente descuidados por nuestros sistemas sanitarios, y provocan recaídas que podrían ser evitadas.  En este sentido, las Asociaciones de Pacientes pueden realizar una labor efectiva y reclamar mayores medios, y planes de tratamiento más completos. Sus grupos de autoayuda resultan muy útiles para convencer a un paciente reticente a pedir ayuda y pueden colaborar en tareas de información, prevención y cuidado en situaciones de crisis.

¿Debo cambiar algo en mi vida?

En cualquier enfermedad conviene crear unos hábitos de vida saludables, que son genéricos y de sobra conocidos, con reducción de estrés, una buena alimentación, realización de ejercicio físico y restricción de alcohol y drogas de abuso (especialmente estimulantes como la cocaína y las anfetaminas). Lo más característico de este plan diario se explica por la posible relación de esta enfermedad con los llamados ritmos circadianos, aquellos que se encargan de ajustar nuestras funciones vitales, como el comer y el dormir. Es aconsejable ser regulares en nuestras costumbres y crear rutinas que establezcan horarios constantes en nuestra jornada, especialmente en lo relativo al momento de levantarse y acostarse, pero también sobre alimentación, ejercicio y actividad intelectual. Los hábitos de sueño son los más importantes y no es conveniente dormirnos tarde o menos horas de las habituales. Las fases de descompensación suelen anunciarse con variaciones en nuestra forma de dormir, generalmente menos horas pero también, a veces, con mayor somnolencia. Sin obsesionarse como siempre, conviene caer en la cuenta y buscar remedio. En nuestras manos está no favorecerlo con horarios de sueño irregulares y alcanzar si podemos una media de siete horas. Inicialmente puede parecer un fastidio pero es posible disfrutar a otras horas y sin el uso de drogas. La idea es simple, luchar contra la inestabilidad propia del trastorno con la programación regular y rígida de unos hábitos de vida sanos.

¿Y en otros aspectos qué hacer? Tal vez lo más importante, tomarse las cosas con más calma, darnos un respiro, no caer en el exceso de autoexigencia, medirnos en nuestros esfuerzos, huir de “todo o nada”, aprender a aceptar nuestras limitaciones y las de los que se encuentran a nuestro lado. Aprender a vivir sin llegar a nuestros límites, saber esperar sin caer en la impaciencia, disfrutar sin excesos, saber buscar ayuda y relativizar la importancia de muchas cuestiones que parecen primordiales, nos hará más fácil alcanzar nuestro objetivo, el de tener un trastorno bipolar con un buen nivel de bienestar.


Comentarios

No hay ningún comentario

Añadir un Comentario: