ECO Salud Mental : BLOG

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El juego en la psicoterapia infantil… mucho más que un juego.

Escrito por ecopsicoterapia 10-08-2015 en psicología. Comentarios (0)

                                                               

La psicoterapia infantil hace referencia al conjunto de técnicas y métodosusados para poderayudar a niñosque manifiestanproblemas emocionales y/o comportamentales.

  Con el término de Terapia de Juego, se hace alusión a toda intervención terapéutica en la que el juego se emplea como técnica, siendo la técnica más empleada en los tratamientos psicoterapéuticos de niños con edades comprendidas entre los 4 y 11 años. La Terapia de Juego cumple cuatro funciones principales que son las biológicas (aprendizaje de habilidades básicas, la liberación del exceso de energía,…), las intrapersonales (la exploración, la iniciativa, el dominio de situaciones, desarrollo cognitivo.,…), las interpersonales (las habilidades sociales y la separación-individuación) y las socioculturales con la imitación de los modelos de los adultos que admiran. 

Teniendo en cuenta que el lenguaje por definición de los niños es el juego, es obvio que las psicoterapias infantiles se  basen en su esencia en actividades lúdicas.

El juego, además de ser una fuente de diversión para los más pequeños, también les sirve como herramienta para explorar y descubrir el mundo, de comprenderlo, de adquirir conocimientos y por ende, para comunicarse; el juego es la manera natural de comunicación de los niños. Los niños a través del juego nos hablan tanto sus deseos como de sus miedos, nos expresan sus ansiedades y sus conflictos, etc.  

Por ello, e independientemente del marco teórico que se emplee en la psicoterapia, en la psicoterapia infantil el juego debe guiar en todo momento el proceso psicoterapéutico. A través del juego se crea una atmósfera segura que facilita que el niño pueda identificar y expresar sus emociones de manera adecuada para así poder elaborar y manejar sus dificultades y conflictos y sobre todo, que pueda intentar nuevas cosas con el fin de promover conductas alternativas adaptativas y funcionales.  

En concordancia con lo señalado, el juego al tener un papel protagonista en el trabajo con el niño, es fundamental que el psicólogo infantil cuente con la formación necesaria que le permita interactuar con los más pequeños mediante el juego, y emplear dicha herramienta para detectar las dificultades presentadas por los pacientes de más corta edad y poder ayudarles a su resolución.  La respuesta del psicoterapeuta infantil debe de responder a lo que está expresando a través del juego el niño, es decir, debe de reflejar los sentimientos, los pensamientos y las conductas del menor.  No hay que olvidar que es precisamente esta capacidad de devolverle al niño lo que está pasando lo que le va a permitir explorar nuevas vías de actuación.

Sintetizando, la psicoterapia de juego al acercarnos al mundo del niño, nos brinda la oportunidad de observar diversas problemáticas de naturaleza emocional o del desarrollo, permitiendo abordar los diferentes aspectos terapéuticos a través del empleo de los principales métodos psicológicos. 

                                           

        El juego es uno de los elementos que marca en la psicoterapia con niños una gran diferencia respecto a la psicoterapia con adultos.

El juego le ofrece al niño la oportunidad  de que pueda relacionarse de manera conciliadora con su malestar al ofrecerle una nueva visión desde dónde integrar sus emociones de una manera sana, promoviendo el crecimiento y desarrollo cognitivo. 


Tipos de juegos


Existen diferentes tipos de juegos a los que se puede recurrir a la hora de  ayudar al niño a expresar, elaborar y resolver sus conflictos emocionales.


  Juegos de expresión simbólica: Casa de muñecas, títeres, juego con animales, etc.

  Juegos de expresión corporal y movimiento: Danza, representación, juegos de imitación, etc.

  Juegos de expresión emocional: Fichas con caras, expresión a través de bailes, de dibujos, etc.

  Juegos de expresión creativa: Rompecabezas, cuatro en raya, juegos psicopedagógicos, etc.

  Juegos para trabajar las habilidades sociales: Cuentos específicos, servir de modelo, exponerlo a situaciones, etc.

  Juegos para fomentar la autoestima: Yo soy, la emisora de radio, el espejo, etc.


 Efectividad de la Terapia de Juego


     La Terapia de Juego ha mostrado ser especialmente efectiva  en:

        -  Liberación de exceso de actividad o energía.

        -  Autocontrol, dominio de las situaciones.

        -  Desarrollo de habilidades sociales.

        -  El aprendizaje de habilidades básicas en niños con dificultades cognitivas.


Miriam Navais  |  Psicóloga Clínica



Una visión de la psicoterapia

Escrito por ecopsicoterapia 30-06-2015 en Psicoterapia. Comentarios (0)

Cuando acudimos por primera vez a una psicoterapia, dado nuestro desconocimiento, es normal que surjan ciertas dudas o que incluso no tengamos una idea muy clara de lo que nos podemos encontrar. También es cierto que no hay un único tipo de tratamiento psicoterapéutico y que definirlos todos excede el objetivo de este breve artículo.  Es por tanto tan sólo una aproximación, muy influida por los acercamientos humanista y cognitivo con los que suelo trabajar.

¿Qué es?
La psicoterapia es un proceso. En él se pretende que la persona se descubra a sí misma, que entienda sus motivos, que integre todas sus aristas, que se acepte y tenga una relación más amigable consigo misma, base para desarrollar una relación más directa, natural, productiva y agradable con los demás. En definitiva que madure y crezca desarrollando sus potencialidades, lo que, a su vez, va a facilitar un entente más cordial con su entorno. Recoges lo que siembras. En psicoterapia, además, también se aprenden nuevas habilidades y técnicas, para manejar aspectos concretos de la conducta, emociones o el pensar.

Pero es también una relación y una alianza de trabajo entre el terapeuta y su cliente, en la que ambos ponen de su parte. Toda relación es comunicación y el buen manejo de la misma es vital para su éxito. Por eso ambos deben sentirse cómodos trabajando juntos.

¿Por qué acudir?
Las personas, probablemente todas, en algún momento de nuestras vidas atravesamos por períodos críticos, o quizás notemos que algo ha de cambiar,  o no entendemos por qué ciertas cosas nos van casi siempre mal, o sufrimos por tristeza o angustia. Y no siempre sabemos o tenemos los recursos para salir adelante, para encontrar las respuestas, para seguir creciendo. Nos bloqueamos. Es entonces cuando buscamos, más allá de nosotros, apoyo y ayuda. Y esa ayuda puede ser informal, aportada por amigos y familiares. Pero en ocasiones no basta, requerimos que un verdadero profesional nos la aporte. Se inicia así una relación terapéutica y una psicoterapia.  

¿Me curaré?
La respuesta es NO. ¿Cómo es eso? Porque no tienes nada de que curarte, no estás enferma o enfermo. La gran mayoría de lo que se llaman trastornos o enfermedades mentales no son tales. Apenas de un 5% a un 10% podrían clasificarse como tales. Una gripe es una enfermedad. Hay un agente causal (un virus) y todos los síntomas del cuadro responden a su infección, bien como resultado directo o como reacción defensiva del propio organismo. Pero cuando a una persona la catalogan, por ejemplo, de depresiva no está enferma. Si a lo largo de mi historia vital he aprendido a percibir el  abandono como algo catastrófico, si además no tengo un elevado concepto de mí mismo, si deposito en la opinión de los demás mi propia imagen o creo que una persona sin pareja es desgraciada, obviamente experimentaré sentimientos depresivos tras una ruptura sentimental. Pero no porque haya caído enfermo, sino como resultado natural de la manera en que vivo y gestiono esa situación. La psicoterapia no cura, porque no hay nada que curar, sino mucho que aprender y madurar. Y eso no es enfermedad, sino necesidad de crecer.

¿Qué cambia con la psicoterapia?
Es muy importante decir aquí que la psicoterapia no puede cambiar lo de afuera, no puede modificar las cosas que pasan, pero si puede cambiar lo de adentro, el cómo esas cosas que pasan son percibidas y gestionadas emocional y cognitivamente. La psicoterapia puede cambiar la forma de mirar y, por tanto, el impacto de lo que te sucede.  La psicoterapia no te va a devolver a tu pareja si te dejó. Pero te ayudará a saber que hay de ti en la ruptura, a desvincular tu propia autoestima del fracaso afectivo, a no depender de otro para ser feliz, a ser menos vulnerable a la hora de elegir nueva pareja y no caer en los mismos errores. 

¿Qué tendré que hacer?
Marcar unos objetivos realistas conjuntamente con el terapeuta. Comprometerme en el proceso terapéutico, llevando a cabo las tareas establecidas para el avance terapéutico. Respetar el encuadre acordado, acudiendo de manera puntual a las sesiones establecidas y avisando con suficiente antelación en caso de necesitar anularla.


Dr. Fernando Calvo

“La vida hay que intentar entenderla de la forma más sencilla posible, pero no de la forma más sencilla”

Escrito por ecopsicoterapia 15-06-2015 en vida. Comentarios (0)

La vida hay que intentar entenderla de la forma más sencilla posible, pero no de la forma más sencilla”

Albert Einstein.

A veces las citas adquieren un mayor peso dependiendo de la dimensión de su origen. Esta nos pareció una fabulosa reflexión para el nuevo número de la revista que usted tiene entre sus manos. No perderemos tiempo en presentar al autor de la cita, ya que por todos son conocidos sus hallazgos y si no al menos, su trascendencia en el mundo del estudio, la vida y la ciencia. Podríamos decir que Einstein fue un hombre que se dedicó a complicar la vida para hacerla posteriormente más sencilla. Y desde ese enfoque iniciamos este espacio de pensamiento y reflexión, con la aspiración de que el lector transforme, modifique, complemente lo aquí expuesto y obtenga su propia reflexión de la cita, de las cosas, de sus cosas.

Todos, en muchos momentos de nuestras vidas, hemos anhelado no complicarnos la misma, vivir de la manera más sencilla, pero, ¿es posible hacerlo sin antes haberla complicado? El ser humano para alcanzar este objetivo tiende compulsivamente a huir del conflicto, ya sea interno o externo, hasta que en algún momento de la vida descubre que pretende un imposible, que no se puede vivir de la forma más sencilla y a su vez tomar siempre las decisiones correctas o no sufrir ni generar sufrimiento en el otro. El conflicto siempre está presente, y pretender vivir de “la manera más sencilla” es pretender vivir sin conflictos. Es por ello que Einstein, al igual que la invitación a la vida examinada de Sócrates, parece llamarnos  a razonar, a pensar, a sentir, a analizar nuestras cosas, y luego, una vez cubierto este proceso, una vez descubierta nuestra riqueza y profundidad, elegir aquel estilo de vida y de relacionarnos que nos haga la vida lo más sencilla posible. Creemos que la aspiración a vivir la vida de la forma “más sencilla” es vivir de espaldas a la condición humana, sin razonar, sin pensar, sin sentir, sin planteamientos, sin examen, sin complicación y por ende sin profundidad ni riqueza, y este empobrecimiento desde la óptica de la salud mental, conlleva un amplio abanico de sintomatología, que sin extendernos en ello, aportamos algunos ejemplos: tristeza, sensación de vacío, decaimiento o falta de ilusión y pasión vital.

Desde el punto de vista del psicoterapeuta, muchas veces se desea eliminar los conflictos de la persona que viene a consulta con demasiada rapidez, generando a veces un efecto no siempre favorable, pues la resolución de los conflictos y los tiempos del mismo los marca el propio paciente, es decir, a veces para soltar un peso, la persona necesita o desea descubrir a que se va a abrazar posteriormente, una vez soltado el peso que lo ha acompañado quizás, durante mucho tiempo de su proceso vital. Es obligación de los profesionales de la Salud Mental, ayudar a los pacientes a pensar-se de una manera distinta, a analizar sus cosas desde otro punto de vista novedoso y saludable, a permitirse el  placer donde antes reinaba la desazón o el conflicto, a descubrir sus propios objetivos y todo esto, no es posible hacerlo “de la forma más sencilla”. Esta conquista es ardua, es laboriosa, resulta un camino complicado a la par que ilusionante, pues al final del mismo, asoma ese vivir de la forma más sencilla posible, es decir, sin los pesos y conflictos que lo impedían y con la aparición de estrategias personales para afrontar los nuevos conflictos que se presenten.

Carl Jung, prestigioso psicoanalista y pensador del siglo XX, escribió lo siguiente a sus colegas de profesión “conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana”. Parece que Jung nos invita también a “complicar” las cosas, a estudiar, a pensar, a analizar y luego una vez interiorizado, podrá de la forma más sencilla posible tocar un alma con la suya propia. Realizar esto sin saber lo que está haciendo, ni el cómo ni el por qué, es un salto al vacío, es un acto sin reflexión, es un acto que si es extendido a un estilo de vida, será un estilo de vida abocado al caos.

Entre las cosas que nos dan vida está el placer, placer que nos da el que nos atiendan, nos escuchen, el que nos construimos nosotros haciendo intención de ello, hacernos escuchar, no irnos abajo en la primera dificultad, en los primeros rasguños, rasguños que van con cuidados, cuidados que muchas veces nos podemos dar nosotros.

Vida es naturaleza, cuanto más nos acercamos a esta, más vida posiblemente vamos a disfrutar y más vida nos va a aportar. Si nos rodea la vida, esta se llena de ella, vida como la que cuando se difumina nos sume en el desánimo, cuando se presenta en su esplendor rebozamos de gozo, dos polos de un continuo donde la complejidad de la naturaleza nos enseña a dar y darnos espacio y tiempo para vivir, superando el tic de la inmediatez.

Coherentes con la vida, es ser coherentes con nosotros, copartícipes, copilotos, al menos, de nuestra vida. Hacer lo posible, lo que está en nuestras posibilidades, a veces lo está y lo desconocemos, el saber racional no es suficiente por lo que nos podemos dejar sorprender por las sensaciones, emociones, afectos que también nos dan una buena pista para vivir con la incertidumbre necesaria para crear y para creer en nosotros como generadores de vida.

Sencilla no es fácil, requiere esfuerzo personal, poner de nuestra parte, creer en nosotros, ser conscientes del efecto de la Teoría del Caos popularizada como Efecto Mariposa (El débil golpe de las alas de una mariposa puede ser la causa de un huracán a miles de millas de distancia). Utilizando el mecanismo de retroalimentación positiva nos lleva a pensar que pequeños ajustes en nuestra forma de entender la vida nos pueden conducir a saludables cambios en nuestra forma de vivir. A veces ese ajuste tiene que ver con la palabra cercana, la palabra del otro que nos permite atisbar algo, soñar, desear. Palabras del otro, las que solo a su lado brotan, el vínculo que proporciona el afecto que se convierte en condición indispensable para vivir la complejidad de la vida,


LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA

Escrito por ecopsicoterapia 28-05-2015 en PAREJA. Comentarios (0)

IVÁN HERNÁNDEZ SANTANA

PSICÓLOGO COL. P-01368

Especialista en Terapia Sexual y de Pareja.

LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA

La comunicación es el área de insatisfacción valorada como más importante y problemática en las relaciones de pareja. Los especialistas en el ámbito abordan este aspecto en sus intervenciones no sólo por su importancia y demanda explícita por parte de los clientes, sino porque resulta necesario de cara al desarrollo de otras habilidades fundamentales o áreas de mejora en la relación. La comunicación es la clave.

Los avances experimentados a nivel tecnológico en los últimos tiempos han supuesto para muchas parejas verdaderos quebraderos de cabeza. Y es que determinadas cuestiones, tratadas en el entorno virtual, pueden volverse en nuestra contra con la facilidad y rapidez de un “click”. La razón fundamental es la ausencia del lenguaje no verbal, tan determinante en la comunicación. Esa frase que leemos en un chat o mensaje, puede ser presa de nuestra propia interpretación y puede dar lugar a malentendidos y estos a conflictos. Recuerdo una vez en que una pareja a la que trataba debatía acaloradamente durante la sesión respecto a qué hora había contestado uno al whatsapp enviado por el otro. Ante la duda, él desenfundó su teléfono móvil y, simultáneamente, ella lo sacó de su bolso, cada uno luchando por su verdad. Me llamó mucho la atención que miraban exclusivamente a la pantalla de sus respectivos smartphones, y no a los ojos del ser amado… ¡Y qué decir de las redes sociales! He presenciado discusiones por la foto de turno publicada en la que un brazo descansaba tímidamente en el hombro de otra persona, por un “me gusta” que le puso a fulanito/a, etc. Si hacemos un uso inadecuado de la tecnología y lo virtual en el ámbito de la comunicación, en cualquier tipo de relación interpersonal, muy probablemente estaremos destinados a la fricción, a la ineficacia y al fracaso. Debemos aprender a no caer ante la tentación de lo fácil e inmediato y tratar determinadas cuestiones en persona, cara a cara, atendiendo no sólo a lo que las bocas dicen, sino también al lenguaje de las miradas, de los cuerpos.

Los ingredientes principales que, en mi opinión, constituyen la receta de la comunicación eficaz son:

1.  La empatía: o lo que es lo mismo, la capacidad de calzarse los zapatos del otro, ponerse en su lugar. Eso sí: teniendo en cuenta cómo es la otra persona y desde ese punto de partida (siendo como es) entender cómo piensa, siente o se comporta en una determinada situación (no cómo lo haría yo… ¡eso no sería empatizar!).

2.  Responsabilizarnos cada uno de su parte. Hay un proverbio que me gusta mucho y que dice algo así como “cuando señalas con un dedo, recuerda que otros tres dedos te señalan a ti”. Simple pero revelador.

3.  Focalizarnos en las posibles soluciones (¿qué podría hacer para mejorar?) y no desgastarnos poniendo el foco en el supuesto problema o agravando la situación empleando malas artes como la culpabilización, la ironía, el silencio castigador, el reproche, la victimización, la falta de respeto o hablar de “tu familia”.

4.  Saber elegir el momento, el lugar y el tono adecuados. Es importante tener en cuenta a la otra persona a la hora de “citarla” para expresarle algo. A veces nos dejamos llevar por el impulso y no tenemos en cuenta suficientemente esos elementos, ni siquiera a la otra persona.

5.  Aquí y ahora: ubicarnos en el presente. No irnos hacia el pasado o hacia el futuro, a no ser que tengamos una máquina para viajar en el tiempo.

6.  Respetar el espacio e intimidad del otro.

7.  Empleemos el refuerzo positivo para indicar a la otra persona lo que nos gusta o nos hace sentir bien de ella, como una forma de fomentar el bienestar emocional. La investigación en el ámbito de la pareja muestra cómo las parejas disfuncionales tienden a emplear más el refuerzo negativo (hacer saber lo que no nos gusta al otro) que el refuerzo positivo.

8.  Fomentar espacios nuevos de comunicación y disfrute en pareja. Una forma de oxigenar nuestras conversaciones en pareja es la de comunicarnos fuera de casa, en diversos lugares que consideremos agradables. Si cambiamos el escenario, muy probablemente cambie el guión.

9.  Expresarnos a tiempo y resolver: atender a corto plazo los problemas que van surgiendo en el día a día para evitar la acumulación de molestias y el consecuente estallido emocional.

10.  Aplicar la conocida técnica del bocadillo para solicitar a la pareja cambios en su conducta:

-  Acercamiento positivo. Comenzar la conversación con un tono positivo y calmado.

-  Describir con claridad la conducta que nos ha generado malestar (qué ha hecho, qué ha dicho, cuándo y cómo), además de hacerle saber cómo nos hemos sentido.

-  Solicitar (no exigir) al otro una conducta alternativa, deseada.

11.  Aprender el arte de la negociación: aprender a llegar a acuerdos, siendo capaces de ceder para que ambas partes sientan que ganan, en pro del bienestar mutuo.

En toda relación interpersonal es normal tener conflictos y pasar por momentos difíciles. Lo importante, en esencia, es el compromiso emocional existente y la actitud resolutiva que se adopte.

Si cuidamos nuestra forma de comunicarnos y tenemos en cuenta y tratamos de aplicar las pautas descritas anteriormente, fomentaremos en nuestra relación de pareja un estilo de comunicación constructivo que generará un vínculo afectivo de carácter positivo, basado en el respeto, el entendimiento y el bienestar mutuos.

                                                    


EL DUELO

Escrito por ecopsicoterapia 27-05-2015 en DUELO. Comentarios (0)

EL DUELO

Lilián R. Pérez Santana

Médico-Psicoterapeuta

“Una de las experiencias más dolorosas para el hombre

 -quizás la más dolorosa-

es la separación definitiva de aquellos a quienes ama”

(Caruso, 1967)

Si hemos pasado por esta experiencia estaremos de acuerdo con esta frase, si en algún momento de nuestra vida hemos experimentado ese dolor, sabemos que es tan intenso que parece que nos hace morir a nosotros mismos, lo sentimos en nuestro interior y nos desgarra. Después de haberlo sufrido sabremos que eso es lo peor que nos puede pasar. Y sin embargo… ¡seguimos viviendo!, con el debido tiempo y trabajo, seremos capaces de volver a encontrar el sentido a la vida.

 La palabra duelo tiene dos significados, el de “dolor, aflicción” y “batalla, desafío”. Después de sentir el dolor por la pérdida de un ser querido es un desafío para la persona afrontarlo, recomponerse y seguir.

El duelo es dolor, dolor psíquico que puede afectar al cuerpo. Un duelo no solo se vive cuando muere alguien cercano, vivimos muchos a lo largo de nuestra vida, por ejemplo una separación de pareja, cambios de situación laboral, jubilación, etc. Así, este se  caracteriza por una pérdida. Aquí nos referiremos principalmente al duelo por la muerte de un ser querido.

Freud se refirió al duelo como “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces como la patria, la libertad, un ideal, etc.” El proceso de duelo para Freud se caracteriza entre otras cosas por dolor, pérdida de interés por todo aquello que no recuerde al ser que se ha ido y la incapacidad para escoger un nuevo objeto de amor.

Según la visión de diferentes psicólogos, el duelo puede ser considerado como: “el proceso normal de elaboración de una pérdida que tiende a la adaptación de nuestra situación frente a una  nueva realidad”,” reacción adaptativa normal ante la pérdida de un ser querido”, “serie de procesos psicológicos que se ponen en marcha debido a la pérdida de una persona amada”. Ante esta situación  se intenta buscar un culpable de esa desgracia y frecuentemente el sujeto le atribuye a alguien esa responsabilidad o se siente a sí mismo como responsable, de ahí la aparición del sentimiento de culpa que muchas veces le atormenta.

Según Freud  la realidad le dice al individuo que el objeto amado ya no existe y debe desligarse de él. La persona se opone a esta separación, ya que es muy doloroso desprenderse de alguien que sigue existiendo dentro de su mundo psíquico. Por tanto es normal que trate de retener ese vínculo que lo une y sólo muy lentamente conseguirá retirar lo que le unía a ese ser querido y ser libre de nuevo.

La manera de enfrentarse al duelo no siempre es igual,  entre otras cosas depende de la relación existente entre el sujeto y la persona perdida, del significado que tiene para él esa pérdida y de los recursos que tiene para enfrentarse a ello. Por supuesto, se pueden sufrir muchas pérdidas, pero se vive el duelo de diferente manera según lo que signifique el que se ha ido, la persona por la que se está de duelo está claro que es única, no hay ninguna igual, al  sujeto le quitan algo, pierde algo de sí mismo. Pero no solo es importante el lugar que ocupaba el que se fue para el sujeto, también es importante lo que sentía aquel por la persona dolida, pues se pierde no solo la figura del que se va, sino su sentimiento respecto al que se queda, ese  amor, deseo…  que parece que nunca nadie va a volver a sentir por él.

Freud, a pesar de definir el duelo como una reacción normal, propone la necesidad de un trabajo en su elaboración y un tiempo, no cronológico, sino lógico, desde el punto de vista emocional. Se debe realizar un trabajo de recomposición del sujeto que permita cubrir ese agujero insoportable, se tiene que recomponer el sujeto. El trabajo del duelo se sustenta en el examen de la realidad, que al mostrar la inexistencia, exige que poco a poco se vayan cortando esos lazos que le unían. Pero esto no es nada sencillo, aunque se vea la realidad, esta no es suficiente para convencer y la primera reacción que se  tiene es la no aceptación, la negación de lo que ha pasado.

Según algunos psicólogos la elaboración del duelo sería “ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que conlleva la ausencia, y se completa el duelo cuando somos capaces de recordar lo perdido sintiendo poco o ningún dolor”,  para otros “es un proceso que se resuelve con cuatro tareas: aceptar la realidad, vivir el dolor por ella, adaptarse a vivir sin la persona amada y retirar la energía emocional de la persona perdida y reinvertirla en una nueva relación”. 

Al principio aparece la incredulidad y negación de lo ocurrido, luego  se va tomando conciencia del hecho y poco a poco se irá aceptando. Finalmente la persona recupera su vida y logra encontrar sustitutos. Freud dice: “el duelo normal vence sin duda la pérdida…la realidad pronuncia su veredicto: …ya no existe más” y la persona se deja llevar por las satisfacciones que le da el estar con vida y desata sus lazos con el pasado. Después del trabajo logra desprenderse progresivamente de la persona amada.

Ya hemos visto que el duelo es un proceso “normal” ante una pérdida. El dolor y la intensidad dependen del tipo de pérdida. Pero en ocasiones el duelo no sigue su proceso habitual y en lugar de ir superando el dolor, el dolido se hunde más cada vez, al mismo tiempo que aparecen sentimientos de devaluación, se pierde completamente en el dolor. Freud nos anunció que a veces el duelo acaba en depresión, donde el derrumbe es mayor. Los sentimientos de vacío, dolor y confusión  forman parte de un proceso de duelo normal, pero cuando estos sentimientos permanecen durante un tiempo prolongado puede transformarse en patológico. Algunos síntomas que nos avisan que el duelo no está siguiendo su adecuado proceso y ante los cuales debemos solicitar ayuda profesional serían: ver o escuchar a la persona que se ha ido, mantener sus cosas intactas, paradójica ausencia de dolor (podría ser un duelo diferido, que permanece congelado durante tiempo), sentimiento de que la vida está vacía y no tiene sentido sin esa persona, pensar demasiado en ella interfiriendo en la vida y en las relaciones con los demás, dificultad para preocuparse por otros, evitar durante un tiempo prolongado a personas, lugares o cosas que nos recuerden al que se ha ido, fuerte necesidad de tocar, ver oler o escuchar sus cosas para estar más cerca de él, tener ideas de suicidio, presentar síntomas físicos como acusada pérdida de peso, dificultad para dormir, etc…

Entre otras causas se puede caer en esto cuando el que se fue es quien daba sentido a la vida del dolido, cuando alguien lo es “todo”, la razón de la existencia. Después de una pérdida así se sufren sentimientos de vacío y decepción de los cuales se hace más difícil salir y a veces no se encuentra una razón para hacerlo. Parece que el dolido es arrastrado por su ser amado, teniendo la ilusión de reencontrarlo, siendo fiel hasta la muerte ya no hay dolor, pero tampoco hay libertad.

Para considerar un duelo normal o patológico hay que valorar si el proceso consigue su finalidad: “que la persona sea capaz de reorganizar su vida después de la pérdida y logre adaptarse al mundo sin la persona amada”.  

Reconocer que algún dia nosotros mismos nos iremos hace que las pérdidas puedan ser vividas de otra manera, aceptar la ausencia nos hace valorar la presencia de lo que tenemos y enriquecernos con ella. Sentir que los que se han ido siguen en nosotros, nos hará sentir que no los perdemos del todo.

Nuestra cultura silencia el hecho de la muerte, por lo que posiblemente estemos hoy más desprotegidos que nunca para enfrentarnos con la inexorable realidad de que todo nacimiento esconde una desaparición, para que unos nazcan otros deben irse, la muerte le da sentido a la vida…LA MUERTE ES PARTE DE LA VIDA.