ECO Salud Mental : BLOG

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“La vida hay que intentar entenderla de la forma más sencilla posible, pero no de la forma más sencilla”

Escrito por ecopsicoterapia 15-06-2015 en vida. Comentarios (0)

La vida hay que intentar entenderla de la forma más sencilla posible, pero no de la forma más sencilla”

Albert Einstein.

A veces las citas adquieren un mayor peso dependiendo de la dimensión de su origen. Esta nos pareció una fabulosa reflexión para el nuevo número de la revista que usted tiene entre sus manos. No perderemos tiempo en presentar al autor de la cita, ya que por todos son conocidos sus hallazgos y si no al menos, su trascendencia en el mundo del estudio, la vida y la ciencia. Podríamos decir que Einstein fue un hombre que se dedicó a complicar la vida para hacerla posteriormente más sencilla. Y desde ese enfoque iniciamos este espacio de pensamiento y reflexión, con la aspiración de que el lector transforme, modifique, complemente lo aquí expuesto y obtenga su propia reflexión de la cita, de las cosas, de sus cosas.

Todos, en muchos momentos de nuestras vidas, hemos anhelado no complicarnos la misma, vivir de la manera más sencilla, pero, ¿es posible hacerlo sin antes haberla complicado? El ser humano para alcanzar este objetivo tiende compulsivamente a huir del conflicto, ya sea interno o externo, hasta que en algún momento de la vida descubre que pretende un imposible, que no se puede vivir de la forma más sencilla y a su vez tomar siempre las decisiones correctas o no sufrir ni generar sufrimiento en el otro. El conflicto siempre está presente, y pretender vivir de “la manera más sencilla” es pretender vivir sin conflictos. Es por ello que Einstein, al igual que la invitación a la vida examinada de Sócrates, parece llamarnos  a razonar, a pensar, a sentir, a analizar nuestras cosas, y luego, una vez cubierto este proceso, una vez descubierta nuestra riqueza y profundidad, elegir aquel estilo de vida y de relacionarnos que nos haga la vida lo más sencilla posible. Creemos que la aspiración a vivir la vida de la forma “más sencilla” es vivir de espaldas a la condición humana, sin razonar, sin pensar, sin sentir, sin planteamientos, sin examen, sin complicación y por ende sin profundidad ni riqueza, y este empobrecimiento desde la óptica de la salud mental, conlleva un amplio abanico de sintomatología, que sin extendernos en ello, aportamos algunos ejemplos: tristeza, sensación de vacío, decaimiento o falta de ilusión y pasión vital.

Desde el punto de vista del psicoterapeuta, muchas veces se desea eliminar los conflictos de la persona que viene a consulta con demasiada rapidez, generando a veces un efecto no siempre favorable, pues la resolución de los conflictos y los tiempos del mismo los marca el propio paciente, es decir, a veces para soltar un peso, la persona necesita o desea descubrir a que se va a abrazar posteriormente, una vez soltado el peso que lo ha acompañado quizás, durante mucho tiempo de su proceso vital. Es obligación de los profesionales de la Salud Mental, ayudar a los pacientes a pensar-se de una manera distinta, a analizar sus cosas desde otro punto de vista novedoso y saludable, a permitirse el  placer donde antes reinaba la desazón o el conflicto, a descubrir sus propios objetivos y todo esto, no es posible hacerlo “de la forma más sencilla”. Esta conquista es ardua, es laboriosa, resulta un camino complicado a la par que ilusionante, pues al final del mismo, asoma ese vivir de la forma más sencilla posible, es decir, sin los pesos y conflictos que lo impedían y con la aparición de estrategias personales para afrontar los nuevos conflictos que se presenten.

Carl Jung, prestigioso psicoanalista y pensador del siglo XX, escribió lo siguiente a sus colegas de profesión “conozca todas las teorías. Domine todas las técnicas, pero al tocar un alma humana sea apenas otra alma humana”. Parece que Jung nos invita también a “complicar” las cosas, a estudiar, a pensar, a analizar y luego una vez interiorizado, podrá de la forma más sencilla posible tocar un alma con la suya propia. Realizar esto sin saber lo que está haciendo, ni el cómo ni el por qué, es un salto al vacío, es un acto sin reflexión, es un acto que si es extendido a un estilo de vida, será un estilo de vida abocado al caos.

Entre las cosas que nos dan vida está el placer, placer que nos da el que nos atiendan, nos escuchen, el que nos construimos nosotros haciendo intención de ello, hacernos escuchar, no irnos abajo en la primera dificultad, en los primeros rasguños, rasguños que van con cuidados, cuidados que muchas veces nos podemos dar nosotros.

Vida es naturaleza, cuanto más nos acercamos a esta, más vida posiblemente vamos a disfrutar y más vida nos va a aportar. Si nos rodea la vida, esta se llena de ella, vida como la que cuando se difumina nos sume en el desánimo, cuando se presenta en su esplendor rebozamos de gozo, dos polos de un continuo donde la complejidad de la naturaleza nos enseña a dar y darnos espacio y tiempo para vivir, superando el tic de la inmediatez.

Coherentes con la vida, es ser coherentes con nosotros, copartícipes, copilotos, al menos, de nuestra vida. Hacer lo posible, lo que está en nuestras posibilidades, a veces lo está y lo desconocemos, el saber racional no es suficiente por lo que nos podemos dejar sorprender por las sensaciones, emociones, afectos que también nos dan una buena pista para vivir con la incertidumbre necesaria para crear y para creer en nosotros como generadores de vida.

Sencilla no es fácil, requiere esfuerzo personal, poner de nuestra parte, creer en nosotros, ser conscientes del efecto de la Teoría del Caos popularizada como Efecto Mariposa (El débil golpe de las alas de una mariposa puede ser la causa de un huracán a miles de millas de distancia). Utilizando el mecanismo de retroalimentación positiva nos lleva a pensar que pequeños ajustes en nuestra forma de entender la vida nos pueden conducir a saludables cambios en nuestra forma de vivir. A veces ese ajuste tiene que ver con la palabra cercana, la palabra del otro que nos permite atisbar algo, soñar, desear. Palabras del otro, las que solo a su lado brotan, el vínculo que proporciona el afecto que se convierte en condición indispensable para vivir la complejidad de la vida,


LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA

Escrito por ecopsicoterapia 28-05-2015 en PAREJA. Comentarios (0)

IVÁN HERNÁNDEZ SANTANA

PSICÓLOGO COL. P-01368

Especialista en Terapia Sexual y de Pareja.

LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA

La comunicación es el área de insatisfacción valorada como más importante y problemática en las relaciones de pareja. Los especialistas en el ámbito abordan este aspecto en sus intervenciones no sólo por su importancia y demanda explícita por parte de los clientes, sino porque resulta necesario de cara al desarrollo de otras habilidades fundamentales o áreas de mejora en la relación. La comunicación es la clave.

Los avances experimentados a nivel tecnológico en los últimos tiempos han supuesto para muchas parejas verdaderos quebraderos de cabeza. Y es que determinadas cuestiones, tratadas en el entorno virtual, pueden volverse en nuestra contra con la facilidad y rapidez de un “click”. La razón fundamental es la ausencia del lenguaje no verbal, tan determinante en la comunicación. Esa frase que leemos en un chat o mensaje, puede ser presa de nuestra propia interpretación y puede dar lugar a malentendidos y estos a conflictos. Recuerdo una vez en que una pareja a la que trataba debatía acaloradamente durante la sesión respecto a qué hora había contestado uno al whatsapp enviado por el otro. Ante la duda, él desenfundó su teléfono móvil y, simultáneamente, ella lo sacó de su bolso, cada uno luchando por su verdad. Me llamó mucho la atención que miraban exclusivamente a la pantalla de sus respectivos smartphones, y no a los ojos del ser amado… ¡Y qué decir de las redes sociales! He presenciado discusiones por la foto de turno publicada en la que un brazo descansaba tímidamente en el hombro de otra persona, por un “me gusta” que le puso a fulanito/a, etc. Si hacemos un uso inadecuado de la tecnología y lo virtual en el ámbito de la comunicación, en cualquier tipo de relación interpersonal, muy probablemente estaremos destinados a la fricción, a la ineficacia y al fracaso. Debemos aprender a no caer ante la tentación de lo fácil e inmediato y tratar determinadas cuestiones en persona, cara a cara, atendiendo no sólo a lo que las bocas dicen, sino también al lenguaje de las miradas, de los cuerpos.

Los ingredientes principales que, en mi opinión, constituyen la receta de la comunicación eficaz son:

1.  La empatía: o lo que es lo mismo, la capacidad de calzarse los zapatos del otro, ponerse en su lugar. Eso sí: teniendo en cuenta cómo es la otra persona y desde ese punto de partida (siendo como es) entender cómo piensa, siente o se comporta en una determinada situación (no cómo lo haría yo… ¡eso no sería empatizar!).

2.  Responsabilizarnos cada uno de su parte. Hay un proverbio que me gusta mucho y que dice algo así como “cuando señalas con un dedo, recuerda que otros tres dedos te señalan a ti”. Simple pero revelador.

3.  Focalizarnos en las posibles soluciones (¿qué podría hacer para mejorar?) y no desgastarnos poniendo el foco en el supuesto problema o agravando la situación empleando malas artes como la culpabilización, la ironía, el silencio castigador, el reproche, la victimización, la falta de respeto o hablar de “tu familia”.

4.  Saber elegir el momento, el lugar y el tono adecuados. Es importante tener en cuenta a la otra persona a la hora de “citarla” para expresarle algo. A veces nos dejamos llevar por el impulso y no tenemos en cuenta suficientemente esos elementos, ni siquiera a la otra persona.

5.  Aquí y ahora: ubicarnos en el presente. No irnos hacia el pasado o hacia el futuro, a no ser que tengamos una máquina para viajar en el tiempo.

6.  Respetar el espacio e intimidad del otro.

7.  Empleemos el refuerzo positivo para indicar a la otra persona lo que nos gusta o nos hace sentir bien de ella, como una forma de fomentar el bienestar emocional. La investigación en el ámbito de la pareja muestra cómo las parejas disfuncionales tienden a emplear más el refuerzo negativo (hacer saber lo que no nos gusta al otro) que el refuerzo positivo.

8.  Fomentar espacios nuevos de comunicación y disfrute en pareja. Una forma de oxigenar nuestras conversaciones en pareja es la de comunicarnos fuera de casa, en diversos lugares que consideremos agradables. Si cambiamos el escenario, muy probablemente cambie el guión.

9.  Expresarnos a tiempo y resolver: atender a corto plazo los problemas que van surgiendo en el día a día para evitar la acumulación de molestias y el consecuente estallido emocional.

10.  Aplicar la conocida técnica del bocadillo para solicitar a la pareja cambios en su conducta:

-  Acercamiento positivo. Comenzar la conversación con un tono positivo y calmado.

-  Describir con claridad la conducta que nos ha generado malestar (qué ha hecho, qué ha dicho, cuándo y cómo), además de hacerle saber cómo nos hemos sentido.

-  Solicitar (no exigir) al otro una conducta alternativa, deseada.

11.  Aprender el arte de la negociación: aprender a llegar a acuerdos, siendo capaces de ceder para que ambas partes sientan que ganan, en pro del bienestar mutuo.

En toda relación interpersonal es normal tener conflictos y pasar por momentos difíciles. Lo importante, en esencia, es el compromiso emocional existente y la actitud resolutiva que se adopte.

Si cuidamos nuestra forma de comunicarnos y tenemos en cuenta y tratamos de aplicar las pautas descritas anteriormente, fomentaremos en nuestra relación de pareja un estilo de comunicación constructivo que generará un vínculo afectivo de carácter positivo, basado en el respeto, el entendimiento y el bienestar mutuos.

                                                    


EL DUELO

Escrito por ecopsicoterapia 27-05-2015 en DUELO. Comentarios (0)

EL DUELO

Lilián R. Pérez Santana

Médico-Psicoterapeuta

“Una de las experiencias más dolorosas para el hombre

 -quizás la más dolorosa-

es la separación definitiva de aquellos a quienes ama”

(Caruso, 1967)

Si hemos pasado por esta experiencia estaremos de acuerdo con esta frase, si en algún momento de nuestra vida hemos experimentado ese dolor, sabemos que es tan intenso que parece que nos hace morir a nosotros mismos, lo sentimos en nuestro interior y nos desgarra. Después de haberlo sufrido sabremos que eso es lo peor que nos puede pasar. Y sin embargo… ¡seguimos viviendo!, con el debido tiempo y trabajo, seremos capaces de volver a encontrar el sentido a la vida.

 La palabra duelo tiene dos significados, el de “dolor, aflicción” y “batalla, desafío”. Después de sentir el dolor por la pérdida de un ser querido es un desafío para la persona afrontarlo, recomponerse y seguir.

El duelo es dolor, dolor psíquico que puede afectar al cuerpo. Un duelo no solo se vive cuando muere alguien cercano, vivimos muchos a lo largo de nuestra vida, por ejemplo una separación de pareja, cambios de situación laboral, jubilación, etc. Así, este se  caracteriza por una pérdida. Aquí nos referiremos principalmente al duelo por la muerte de un ser querido.

Freud se refirió al duelo como “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces como la patria, la libertad, un ideal, etc.” El proceso de duelo para Freud se caracteriza entre otras cosas por dolor, pérdida de interés por todo aquello que no recuerde al ser que se ha ido y la incapacidad para escoger un nuevo objeto de amor.

Según la visión de diferentes psicólogos, el duelo puede ser considerado como: “el proceso normal de elaboración de una pérdida que tiende a la adaptación de nuestra situación frente a una  nueva realidad”,” reacción adaptativa normal ante la pérdida de un ser querido”, “serie de procesos psicológicos que se ponen en marcha debido a la pérdida de una persona amada”. Ante esta situación  se intenta buscar un culpable de esa desgracia y frecuentemente el sujeto le atribuye a alguien esa responsabilidad o se siente a sí mismo como responsable, de ahí la aparición del sentimiento de culpa que muchas veces le atormenta.

Según Freud  la realidad le dice al individuo que el objeto amado ya no existe y debe desligarse de él. La persona se opone a esta separación, ya que es muy doloroso desprenderse de alguien que sigue existiendo dentro de su mundo psíquico. Por tanto es normal que trate de retener ese vínculo que lo une y sólo muy lentamente conseguirá retirar lo que le unía a ese ser querido y ser libre de nuevo.

La manera de enfrentarse al duelo no siempre es igual,  entre otras cosas depende de la relación existente entre el sujeto y la persona perdida, del significado que tiene para él esa pérdida y de los recursos que tiene para enfrentarse a ello. Por supuesto, se pueden sufrir muchas pérdidas, pero se vive el duelo de diferente manera según lo que signifique el que se ha ido, la persona por la que se está de duelo está claro que es única, no hay ninguna igual, al  sujeto le quitan algo, pierde algo de sí mismo. Pero no solo es importante el lugar que ocupaba el que se fue para el sujeto, también es importante lo que sentía aquel por la persona dolida, pues se pierde no solo la figura del que se va, sino su sentimiento respecto al que se queda, ese  amor, deseo…  que parece que nunca nadie va a volver a sentir por él.

Freud, a pesar de definir el duelo como una reacción normal, propone la necesidad de un trabajo en su elaboración y un tiempo, no cronológico, sino lógico, desde el punto de vista emocional. Se debe realizar un trabajo de recomposición del sujeto que permita cubrir ese agujero insoportable, se tiene que recomponer el sujeto. El trabajo del duelo se sustenta en el examen de la realidad, que al mostrar la inexistencia, exige que poco a poco se vayan cortando esos lazos que le unían. Pero esto no es nada sencillo, aunque se vea la realidad, esta no es suficiente para convencer y la primera reacción que se  tiene es la no aceptación, la negación de lo que ha pasado.

Según algunos psicólogos la elaboración del duelo sería “ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que conlleva la ausencia, y se completa el duelo cuando somos capaces de recordar lo perdido sintiendo poco o ningún dolor”,  para otros “es un proceso que se resuelve con cuatro tareas: aceptar la realidad, vivir el dolor por ella, adaptarse a vivir sin la persona amada y retirar la energía emocional de la persona perdida y reinvertirla en una nueva relación”. 

Al principio aparece la incredulidad y negación de lo ocurrido, luego  se va tomando conciencia del hecho y poco a poco se irá aceptando. Finalmente la persona recupera su vida y logra encontrar sustitutos. Freud dice: “el duelo normal vence sin duda la pérdida…la realidad pronuncia su veredicto: …ya no existe más” y la persona se deja llevar por las satisfacciones que le da el estar con vida y desata sus lazos con el pasado. Después del trabajo logra desprenderse progresivamente de la persona amada.

Ya hemos visto que el duelo es un proceso “normal” ante una pérdida. El dolor y la intensidad dependen del tipo de pérdida. Pero en ocasiones el duelo no sigue su proceso habitual y en lugar de ir superando el dolor, el dolido se hunde más cada vez, al mismo tiempo que aparecen sentimientos de devaluación, se pierde completamente en el dolor. Freud nos anunció que a veces el duelo acaba en depresión, donde el derrumbe es mayor. Los sentimientos de vacío, dolor y confusión  forman parte de un proceso de duelo normal, pero cuando estos sentimientos permanecen durante un tiempo prolongado puede transformarse en patológico. Algunos síntomas que nos avisan que el duelo no está siguiendo su adecuado proceso y ante los cuales debemos solicitar ayuda profesional serían: ver o escuchar a la persona que se ha ido, mantener sus cosas intactas, paradójica ausencia de dolor (podría ser un duelo diferido, que permanece congelado durante tiempo), sentimiento de que la vida está vacía y no tiene sentido sin esa persona, pensar demasiado en ella interfiriendo en la vida y en las relaciones con los demás, dificultad para preocuparse por otros, evitar durante un tiempo prolongado a personas, lugares o cosas que nos recuerden al que se ha ido, fuerte necesidad de tocar, ver oler o escuchar sus cosas para estar más cerca de él, tener ideas de suicidio, presentar síntomas físicos como acusada pérdida de peso, dificultad para dormir, etc…

Entre otras causas se puede caer en esto cuando el que se fue es quien daba sentido a la vida del dolido, cuando alguien lo es “todo”, la razón de la existencia. Después de una pérdida así se sufren sentimientos de vacío y decepción de los cuales se hace más difícil salir y a veces no se encuentra una razón para hacerlo. Parece que el dolido es arrastrado por su ser amado, teniendo la ilusión de reencontrarlo, siendo fiel hasta la muerte ya no hay dolor, pero tampoco hay libertad.

Para considerar un duelo normal o patológico hay que valorar si el proceso consigue su finalidad: “que la persona sea capaz de reorganizar su vida después de la pérdida y logre adaptarse al mundo sin la persona amada”.  

Reconocer que algún dia nosotros mismos nos iremos hace que las pérdidas puedan ser vividas de otra manera, aceptar la ausencia nos hace valorar la presencia de lo que tenemos y enriquecernos con ella. Sentir que los que se han ido siguen en nosotros, nos hará sentir que no los perdemos del todo.

Nuestra cultura silencia el hecho de la muerte, por lo que posiblemente estemos hoy más desprotegidos que nunca para enfrentarnos con la inexorable realidad de que todo nacimiento esconde una desaparición, para que unos nazcan otros deben irse, la muerte le da sentido a la vida…LA MUERTE ES PARTE DE LA VIDA.


DALE LA VUELTA ANSIEDAD

Escrito por ecopsicoterapia 30-03-2015 en artículos. Comentarios (0)

Manuela Santamaría V.  Psicóloga especializada en trastornos de ansiedad y experta en psicoterapia grupal.

Dale la vuelta a la ansiedad

Durante el tiempo que llevo ejerciendo la psicología me he sorprendido cómo uno de los principales motivos de consulta ha sido la ansiedad en las distintas áreas de nuestras vidas: laboral, personal, familiar y afectiva.

La ansiedad en sí misma es una respuesta del ser humano ante una situación de huida que presenta varios componentes: somáticos, cognitivos, conductuales y emocionales.

Los síntomas:

  ▪Somáticos: mareos, sudoración excesiva, taquicardia, sensación de ahogo, temblores, rigidez o debilidad muscular, insomnio, etc.

  ▪Cognitivos: pensamientos obsesivos, pensamientos  negativos o catastróficos.

  ▪Conductuales: hiperactividad motora, escapar o huir de ciertas situaciones o realizar conductas como fumar o beber alcohol, comer,        etc.

  ▪Emocionales: angustia, miedo, sensación de falta de control, irascibilidad, etc.

Los trastornos de ansiedad constituyen la forma más común de enfermedad psiquiátrica.

La ansiedad es una sensación de temor, intranquilidad e inquietud ante una situación, pero que desconocemos su origen, por esto nos asustamos más, pues en el caso del miedo sabemos exactamente a qué se debe y lo que nos lo provoca, es algo inminente y muy claro.

Es común y frecuente que las personas que padecen ansiedad antes de ir a consulta hayan tenido un recorrido de visitas a los múltiples especialistas ( cardiólogo, digestivo, etc.) y acuden al psiquiatra o psicólogo por una derivación de un especialista o por descarte en  algunos casos.

La percepción catastrofista y anticipada que tenemos de las cosas y de las situaciones cuando padecemos ansiedad nos generan ideas irracionales: miedo a todo, a morirnos, a enloquecer, a cometer una locura, a que nos pase algo en la calle, a que nos pongamos enfermos, a que nos dé un ataque y muchísimo más. Entramos en un círculo vicioso donde la sintomatología ansiosa aumenta los temores y éstos a su vez, aumentan la sintomatología, una cosa retroalimenta a la otra.

Estos miedos y temores van creciendo y nos van encerrando en lo que podría definirse como “mi Jaula”.  Al principio esa “jaula” sirve para sentirnos seguros pero poco a poco ese espacio no nos proporciona seguridad ni tranquilidad, y es cuando en muchos casos, pedimos ayuda psicológica o farmacológica.

Cuando se inicia un proceso terapéutico nuestra percepción se transforma, se aprenden otras maneras de afrontar los problemas y nos damos la oportunidad de crecer y aprender de la adversidad.

Hay una frase del psicólogo humanista Carl Rogers que dice: “Me doy cuenta que si fuera estable, prudente y estático viviría en la muerte. Por consiguiente, acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, porque ése es el precio que estoy dispuesto a pagar por una vida fluida, perpleja y excitante.”

Ese es el precio muchas veces que tenemos que pagar para vivir, la ansiedad puede ser parte de ese costoso precio.

La ansiedad puede ser una ventana que se abre para descubrir cosas que me hacen daño, poner límites, saber decir que no, saber delegar…. Detrás de este proceso de angustia hay un mensaje para ti. ¿Cuál es  tu mensaje?

Es importante mirar entre líneas y darle la vuelta a la ansiedad, mirarla desde la perspectiva del cambio, de crecer y de profundizar en aspectos que pueden estar haciéndome daño sin que sea del todo consciente.

Si me quedo atrapado en el miedo que generan los síntomas, difícilmente podré descifrar que hay detrás de ellos. El síntoma puede ser un aliado que te está alertando de algo que no va bien, de algo que te hace sufrir, y el mirar más allá te ayudará a cuidarte, respetarte y a conocerte mejor.

El día a día lleva consigo rapidez, inmediatez y eso hace que perdamos la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas. Esas pequeñas cosas que tan felices nos hacían cuando éramos pequeños. El aquí y el ahora, volver a vivir en el presente. Caminar sin estar pensando todo lo que tengo que hacer, ver un atardecer y disfrutar de cada cambio de color, compartir con las personas que quiero y valorar su presencia y compañía. Darme cuenta cuando mi mente me está llevando por lugares pantanosos y tener “ mi ancla” como amiga para volver a encontrar mi norte.

Esta es una historia que escribí y que surgió a raíz de un taller sobre la ansiedad.

EN BUSCA DE LA SERENIDAD

Había una vez un pequeño barquito de madera, su dueño lo llamó SERENIDAD.

Un día su dueño decidió que el barquito estaba preparado para comenzar un viaje y así fue.

Navegó varios meses sin rumbo, disfrutando del océano y dejándose llevar por los vientos que soplaban. Durante la travesía sufría, quería abandonar pero no lo hacía. Había momentos de mucha calma, otros de mucha turbulencia. Recordaba a su maestro que le decía:

“ En momentos de turbulencia no hagas maniobras, sostén el timón y mira tu brújula.” Sostenía el timón y respiraba. Todo pasaba…

Atracó en un puerto y vio mucha gente, no se sintió sólo pues recordó que formaba parte de algo y tenía a su familia y amigos. Disfrutó de la compañía, de compartir..

Pasaron los años y se fue haciendo mayor y ya no podía llevar el barco, pero había aprendido a sentirse sereno... La serenidad le acompañaba...

Se dio cuenta que la serenidad es un viaje con obstáculos... pero hay que viajar para saberlo..”

La serenidad no es la falta de tormentas, es hallar la  paz en medio de ellas.

Ese barquito siempre esta dentro de ti.. Sólo es cuestión de subirte y disfrutar de lo que te proporciona ese viaje..

Por lo tanto, la ansiedad puede sernos de ayuda para conocernos a nosotros mismos, puede ayudarnos a descubrir algunos aspectos de los que no somos conscientes y pueden ser una llave para encontrarnos mejor y más libres.


          


MALDITOS CELOS

Escrito por ecopsicoterapia 30-03-2015 en artículos. Comentarios (0)

Carlos López de Lamela Velasco. Psiquiatra, Director de ECO CENTRO PSICOTERAPEUTICO

"Como celoso sufro cuatro veces más: porque estoy celoso, porque me reprocho el estarlo, porque temo que mis celos hieran al otro, porque me dejo someter a una banalidad: sufro por ser excluido, por ser agresivo, por ser loco y por ser un vulgar".  (Roland Barthes; “Fragmentos de un discurso amoroso, 1997)

Nacidos del amor, pero impulsados por el odio, los celos constituyen una experiencia bastante común en nuestras relaciones de pareja. Si hacemos caso a Shakespeare es "un monstruo de ojos verdes que se burla del pan que le alimenta", al que cualquier cosa le sirve de comida y ninguna de remedio. Aunque en pequeñas dosis puede tener un valor saludable, casi siempre se convierte en un arma peligrosa y destructiva que alienta el egoísmo y la agresividad.

Los celos podemos definirlos como el sentimiento opuesto a la noción de confianza, que se producen cuando un rival real o imaginario amenaza una relación amorosa significativa y se vive un profundo temor a perder la persona amada. La persona celosa duda sobre salir victorioso en la comparación con la tercera persona, no sabe qué está pasando realmente en la mente de su pareja y puede dudar frecuentemente sobre si sus sentimientos son subjetivos o fruto de una situación real. Con frecuencia, en este triángulo, el celoso/a da más valor al tercero/a que a la propia pareja.

El celoso/a suele poner en la cabeza de su pareja los sentimientos que le son propios aunque generalmente no sabe reconocerlo y suele esconder un sentimiento de rivalidad con las personas de su propio género. En la comparación con sus iguales suelen mostrarse inseguro y parecería sentir que merece ser castigado y abandonado. "Bertha quería a toda costa confirmar la infidelidad de su pareja, Andrés. Por la noche cuando él dormía repasaba su correo en el ordenador o releía los mensajes en su móvil. Se olvidó de su trabajo, de sus amigos, de su apariencia y de sus hijos Andrés pasaba cada vez menos tiempo en casa lo que hacía crecer las sospechas de Bertha. Su relación de pareja cada vez funcionaba menos hasta que un día Andrés le dijo que no quería seguir, que no era ni sombra de la que conoció… ella lloraba y le suplicaba, pero a la vez le insultaba y le increpaba se hubiera sacrificado todo por otra mujer. Nunca pudo confirmar la existencia de esta, pero tampoco conseguir que Daniel volviese".

Cuando una pareja presenta celos como un problema persistente, suponemos que forman parte de un patrón de interacción en el que ambos miembros participan, a veces sin saberlo. Muchas veces surge inesperadamente cuando la pareja se comporta de una determinada manera que activa en la otra el miedo a la traición. Suelen ocasionar un efecto contraproducente, en la medida que activan más retraimiento y una actitud desafiante en el otro/a. Las sospechas en la persona celosa, sus conductas de vigilancia generan actitudes más evasivas. Con frecuencia el miembro celoso/a se vuelve hosco y el otro se aleja apareciendo una dinámica que conduce un patrón de distanciamiento mutuo sobre este proceso de vigilancia y desconfianza por un lado y de reserva de resentimiento por otro, nace la frustración y la desesperación. Desde un punto de vista terapéutico no importa la realidad o no de la supuesta infidelidad como el comprender y dar sentido a este proceso destructivo. Ambos quedan atrapados entre la perplejidad y las oscilaciones entre el odio y el amor, la indefensión y la agresión, el culpar al otro o culparse asimismo. El miembro bajo sospecha está igualmente desconcertado pues por una parte se siente amado e importante, pero por otro se siente controlado y asfixiado. El celoso/a dirige toda su energía vital en tratar de acabar con la duda que la tormenta preocupándose más del tercero que de su pareja. . Los hombres suelen verse más afectados ante la idea de que su pareja tenga relaciones sexuales con otro (infidelidad sexual), mientras que las mujeres valoran más que el que pueda dedicarse más tiempo y atención a otra, lo que se ha denominado infidelidad emocional. Aún en la actualidad, algunos hombres sienten el temor a que le pongan los cuernos como la pérdida de algo que es suyo por derecho propio, como una afrenta a su masculinidad, y por ello sus conductas pueden ser agresivas. Lamentablemente otras mujeres siguen sintiéndose dependientes y sus celos están matizados por el temor a perder seguridad y recursos para sí mismas y sus hijos. Estas mujeres lamentablemente suelen resignarse a las infidelidades de su pareja y se culpan a sí mismas por sus propias carencias.

"Carlos me cuenta que es celoso/a y posesivo, que sabe que se pone muy pesada pero que cuando se enamora de alguien siente que le pertenece. Me imagino cosas, no se… siento dudas de que me quiere, la observo en todo momento no puedo evitar que pensar que hay otro hombre en su vida…"

Un aspecto paradójico de la relación celosa es que los miembros de la pareja intercambian frecuentemente posiciones. El que inicialmente estaba celoso/a puede ser en otro momento el que traiciona el que repetidamente fue objeto de celos puede encontrarse bajo una fuerte desconfianza que nunca antes había sentido.

Es bueno que el terapeuta tenga un mapa de ruta sobre cómo favorecer el cambio de rumbo de la pareja y establecer modos más efectivos de manejar las inseguridades y los celos en la relación es difícil en todos nosotros encontrar un balance adecuado entre seguridad y libertad. Deseamos intensamente lo seguro lo predecible pero no anhelamos cierta autonomía para explorar lo nuevo. No es fácil establecer un cociente adecuado de cuanto nivel de libertades sean para sí mismos y su pareja. Algunos encuentran aceptable coquetear con otras personas, para otros es intolerable. Otras prosperan a distancia y pasan juntas solamente fines de semana para otras cualquier separación resulta un motivo de sospecha y sufrimiento. Tradicionalmente los hombres se han sentido amenazados por la independencia de las mujeres, y el hecho de que una mujer se haga cargo de sus propios deseos obtenga recursos propios, puede significar que ella no necesita de lo. Incluso si no hay evidencia alguna de traición este estilo de independencia de la mujer puede inspirar la duda del varón. Cuando amamos debemos aceptar que no tenemos control sobre los sentimientos de acciones de la persona más, que al mismo tiempo, debemos confiar día a día en que podemos contar con la persona a la que ama. Las parejas más efectivas tienden a ver los celos como parte del amor, con una advertencia de que se ha perdido conexión, sexualidad, y que es necesario reforzar su vínculo. Estaría en la línea de provocar los celos su pareja como estrategia para recuperar su atención pero con consideración y medida. Cuando los miembros de la pareja no sólo no logran abordar sus sentimientos desde la perspectiva de lo que es bueno para la relación de los celos pasan rápidamente del miedo a perder a la persona amada a esfuerzos destructivos por recuperar el poder y el control.