ECO Salud Mental : BLOG

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CITAS Y REFLEXIONES PARA COMPARTIR

Escrito por ecopsicoterapia 12-04-2016 en frases para compartir. Comentarios (0)

LA VIDA ES UN DIEZ POR CIENTO COMO LA HACEMOS Y UN NOVENTA POR CIENTO COMO LA TOMAMOS”

IRVING BERLIN (1888-1989)

Los profesionales de la salud mental nos encontramos muchas veces a lo largo de nuestra experiencia con conclusiones que se podrían resumir en la cita mencionada. A lo largo de nuestras vidas, con variantes más o menos significativas, un ser humano se enfrenta en mayor o menor grado a las mismas dificultades, alegrías, avatares, pérdidas, conquistas, ilusiones y ansiedades que “su vecino”, terapeutas incluidos, pues no estamos ni queremos estar vacunados contra la vida. Al fin y al cabo, situaciones vitales que nos unen y separan de nuestros semejantes. Por tanto, ¿por qué ante un mismo suceso una persona lo integra y otra, incluso pudiendo ser hasta familiar cercano, genera un malestar que precisa de tratamiento farmacológico y terapéutico?. Sin duda esta pregunta conlleva una respuesta demasiado amplia como para abordarla en esta sección (si están interesados podríamos reflexionar sobre esto en el próximo número). Lo que sí podemos afirmar es que el malestar, la patología, la desesperanza, salvo en casos excepcionales, tiene que ver mucho más con cómo integramos esas experiencias determinadas en nuestra vida que el peso de los hechos concretos que nos produjeron el malestar. Desmenuzando la cita de Irving Berlin y asociándola a nuestro planteamiento, si le damos la vuelta, parece decir que el 90% de las circunstancias vitales de cualquier persona, que se desarrolle en una misma cultura y momento histórico, es similar o idéntico al de cualquier otra persona y que es ese 10 por ciento lo que nos distingue de los demás, lo que diferencia como afrontamos nuestros sucesos vitales. Ese diez por ciento resulta esencial para afrontar la vida con una adecuada salud mental. Es por ello que muchas veces el apoyo terapéutico o el trabajo personal, es recomendable aunque no se esté sufriendo en el momento ningún padecimiento, incluso puede ser más recomendable iniciar este tipo de trabajo cuando uno se encuentra en una situación de calma y estabilidad, pues se está más abierto al crecimiento, que a veces el dolor de una situación concreta impide por la cantidad de energía que gastamos en él. En otras culturas con arraigo en materia de salud mental como Argentina, Estados Unidos, Alemania o Francia, ésta es una práctica habitual. En estas sociedades el individuo tiene más integrada la importancia de una adecuada Salud Mental para afrontar la vida y acuden a sus terapeutas como fuente de bienestar y conocimiento, hecho que incide en una mejora de la salud global, además de significar una reserva de salud o una caja de herramientas para cuando sobrevengan los sucesos inevitables generadores de sufrimiento y como no, una capacidad para disfrutar en mayor profundidad de las alegrías.

Desde otra perspectiva la frase de Irving Berlin nos hace entender la vida más como proceso que como producto. Pasar de lo digital, (buena vida-mala vida, suerte-desgracia, saludable-enfermiza,…) a lo analógico (matices, porcentajes, tendencias, dinamia,…) es un movimiento de salud que nos hace transitar de lo rígido a lo flexible, de la enfermedad a la salud, de lo estático a lo dinámico. Un porcentaje de “hacer”, acción, verbo objeto de alabanza, en estos tiempos que “corren”, actividad que cuando encuentra un límite, en ocasiones, genera una situación traumática. Una proporción mucho más amplia de “tomar”, acción asociada, en una de sus acepciones, a ser paciente, a tener paciencia, a permitirnos pensar y sentir, a hacernos preguntas: ¿por qué?, ¿para qué?, ¿para qué me sirve?, ¿qué me descubre de mí?, ¿cuál es mi deseo?, ¿qué siento?, ¿cómo lo siento?, ¿dónde lo siento?, ¿es novedad en mi o es recurrente?, ¿suelo pasar a la acción o me doy tiempo de elaboración?. Y a aventurar respuestas que nos permita sentirnos sujetos artífices de nuestro acontecer, que nos lleve a vivirnos como seres que contamos con recursos internos que nadie nos va a poder privar de ellos, por mucho que nos corten, recorten o repriman. Decidir cómo nos tomamos la vida es escucharnos de forma inteligente, ya no solo es tomar conciencia, es ampliar la conciencia de nuestra vida, que nos lleva a entenderla como vida saludable sin que siempre sea sinónimo de vida cómoda.

De nuestra plasticidad va a depender nuestro bienestar, entendiendo aquella como la capacidad para saber vivir con el azar, con lo inesperado, con la sorpresa, saber qué “azer” con el azar. Sacar de nosotros ese potencial que todos llevamos dentro que se va a activar cuando nos hagamos cargo de nuestras cargas, acción que solemos omitir porque nos enseñaron que asumir retos era peligroso.

En nuestra sociedad el éxito está sobrevalorado, el error, la rectificación, la reparación sufren el efecto inverso, su desvalorización, en contradicción con la definición de la persona dotada de madurez como aquella que ha aprendido lo suficiente de sus propios errores, que ha sido capaz de convertir su falta en el resorte de su vida. Nuestra práctica en salud mental nos ha enseñado las limitaciones de las soluciones colectivas y la pertinencia de considerar los síntomas de quienes se dirigen a nosotros como una protesta, son una objeción frente a las soluciones colectivas que se sugieren. Ante esta demanda se supone erróneamente que nosotros tenemos soluciones “listas para resolver” ese síntoma-protesta, cuando en realidad es más efectivo descubrir qué es lo que está alimentando esa promesa que supone la demanda. Su síntoma ya tiene valor de respuesta. Tratamos de sensibilizarle en la parte de sí mismo que empeña en sus síntomas, en sus quejas, en sus demandas. Nadie sabe por adelantado qué es terapéutico para un sujeto.

Nos tomamos las cosas con calma, paciencia, filosofía, naturalidad, como vienen, como nos son dadas, parece que somos neutrales al recibir la realidad, al menos las expresiones cotidianas así lo reflejan, pero aunque no seamos lo suficientemente conscientes, tal como dice un enunciado intuicionista: “Para plantear un existe también hay que construirlo”.

Caer en la cuenta no solo de lo que nuestra “novela” influye en nuestra existencia, sino nuestra apuesta por nosotros en el presente, determinamos parte de nuestro futuro, en parte troquelamos la llave que nos abre mas puertas de las que nos vienen dadas y además nos carga de energía al ser conscientes de esos recursos con los que contamos que nos alejan de la indefensión.

Llama la atención que al autor de la frase, la vida no se lo puso fácil, pero parece que supo como tomársela para llevar una vida vivida. Judío, nacido en Rusia y de nacionalidad americana, huérfano desde muy joven tuvo que entrar en el mundo laboral muy pronto, empezó vendiendo periódicos, compositor muy prolífico tanto de la música como de la letra (compuso alrededor de 3000 canciones, produjo 17 películas y 21 espectáculos de Broadway), sin saber leer música y que falleció con 101 años.


Transexualismo: A propósito de la “Chica Danesa”

Escrito por ecopsicoterapia 24-02-2016 en transexual. Comentarios (0)

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“La anatomía es el destino” (Freud, 1912)

“No se nace mujer, se llega a serlo” (Simone de Beauvoir, 1964).

“Entre el hombre y el amor está la mujer
 Entre el hombre y la mujer hay un mundo
 Entre el hombre y el mundo hay un muro” (Antoine Tudal)

Recientemente la película  “la chica danesa” reabre el enigmático tema  de los trastornos de la identidad sexual, al recrear la historia real de la pintora danesa Lili Elbe, la primera mujer transexual en someterse a una cirugía de reasignación de sexo. Su caso sirve de buena ilustración de los llamados trastornos de la identidad sexual, disforia de género o sexo cruzado, que incluyen un conjunto de comportamientos caracterizados por un sentimiento de disconformidad con respecto al sexo anatómico de referencia. Cuando este malestar es extremo se denomina transexualidad o transexualismo. En otros casos alcanza una intensidad menor, o se descubre más que un rechazo frontal, una falta o vacio en su identidad, que parece alejarse de la lógica de la oposición sexual –varón/mujer.

Aunque los límites no son siempre precisos, y su naturaleza es diferente en el varón y la mujer, debe distinguirse del hermafroditismo es la condición de una persona que presenta de forma simultánea características sexuales físicas masculinas y femeninas, en grados variables, por un lado y del travestismo y homosexualidad por el otro. Stoller (1968) caracteriza gráficamente el rechazo transexual en el varón como el de “un hombre que es ella renegando tanto del sexo masculino como del órgano peneano que lo representa” (el caso de Lili), a diferencia del travesti que es “sostenido por un hombre que quiere ser ella” (quizás la primera fase de la película en que “juega”  a vestirse de mujer) y del  homosexual que representa “la manera en que un hombre quiere tener a otro hombre”. Estos dos últimos -travesti y homosexual-no desconocen su sexo en tanto de varón y no reniegan del pene, sino que gozan a través de él (Millot. 1983). Pero las discrepancias distan mucho de ser tan manifiestas y la orientación sexual poco ayuda a esclarecer el espectro de las variantes de la identidad sexual. Los que se sienten varones pueden sentirse atraídos por varones y/o mujeres, y lo mismo sucede para los que se sientes mujeres, usándose la denominación de androfílico (atracción a varones) y/o no-androfílico. En otros casos podemos observar una falta de desarrollo en la identidad sexual que arrastra a desconocer su propia identidad y el correspondiente deseo en su orientación de pareja.

¿Qué se esconde tras este amplio repertorio de conductas? Como ya anticipábamos en la introducción, estas variantes constituyen una magnífica e indiscreta ventana para repensar el complejo rompecabezas de la identidad  sexual.

Ciertamente conocemos más de los niños que sienten ser niñas que del fenómeno inverso, con la impresión generalizada de que en el varón este rompecabezas está más anclado en el “yo corporal” que en la mujer. Las transexuales inicialmente mujeres son menos frecuentes. Los varones son bebés descritos como especialmente bellos y gráciles, a diferencia de las niñas que suelen ser descritas como poco atractivas. El 50% se vestían ya a los 3 años con ropas no acordes con su género, y el 90% a los 5 años (Ruble y Martin, 1998).

  Su comportamiento sexual como hemos indicado es desigual, pues al igual que la población no transexual puede ser heterosexual, homosexual, bisexual o asexual. La lógica binaria varón/mujer nos haría pensar en una correspondencia entre identidad y orientación sexual que en la práctica no siempre se confirma.

SOBRE LA IDENTIDAD SEXUAL

  La identidad tiene que ver con ese ¿quién soy yo?, con aquello que es idéntico a sí mismo a pesar de los cambios (Erickson), con la unidad (Green) que asegura la existencia en un estado separado. En el caso del núcleo de la identidad sexual se percibe como característica básica su énfasis en la vivencia corporal y en el reconocimiento de nuestra imagen corporal, donde el cuerpo se convierte en el espejo del mundo.

  En El Yo y el Ello (1923), Freud plantea que el yo es ante todo un ser corpóreo, donde el propio cuerpo y, sobre todo, la superficie del mismo, sirve de origen simultáneamente a percepciones externas e internas. La piel del bebé es objeto del amor y el deseo de la madre. El alimento y los cuidados se acompañan de contactos piel a piel, generalmente agradables, que sitúan los placeres de piel como telón de fondo habitual de los placeres sexuales. Estos se localizan en ciertas zonas eréctiles o en ciertos orificios donde la capa superficial de la epidermis es más delgada, por lo que el contacto directo con la mucosa desencadena una sobreexcitación. El Yo-piel cumple la función de superficie de sostén de la excitación sexual, superficie en la que se pueden localizar zonas erógenas, reconocer la diferencia de sexos y buscar su goce. El ejercicio de esta función puede ser autosuficiente: el Yo-piel capta la carga libidinal en toda su superficie y se convierte en una envoltura de excitación sexual global.

  La diferencia nos conduce a la identidad. Freud se ha ocupado de la diferencia sexual rindiéndola condición fundamental de la subjetividad humana. Su indagación sobre el hombre y la mujer muestra a lo largo de su obra un progresivo completamiento, con un sentido de inacabado que el propio autor parece interesado en remarcar. Para Freud, la diferencia sexual es el resultado de la elaboración por parte del sujeto de la diferencia sexual anatómica. Fue el primero en advertirnos que "Es indispensable dejar en claro que los conceptos de masculino y femenino, que tan unívocos parecen a la opinión corriente, en la ciencia se cuentan entre los más confusos y deben descomponerse al menos en tres direcciones. Se los emplea en el sentido de actividad y pasividad, o en el sentido biológico, o en el sociológico" (Freud, 1905, p.200). Y poco después al desarrollar estos sentidos explicita: “…Esta observación muestra que en el caso de los seres humanos no hallamos una virilidad o una feminidad puras en sentido psicológico ni en sentido biológico. Más bien, todo individuo exhibe una mezcla de su carácter sexual biológico con rasgos biológicos del otro sexo, así como una unión de actividad y pasividad, tanto en la medida en que estos rasgos de carácter psíquico dependen de los biológicos, cuando en la medida en que son independientes de ellos”.

Freud insiste firmemente en la condición bisexual de todo ser humano y en la identificación inicial con la madre, con la mujer completa. Sólo tras alcanzar la conflictiva edípica se engendra una estructura de doble sentido, con  metas activa y pasiva, y con ello, a la presencia simultánea de  las actitudes masculina y  femenina en los niños/as. Lejos de lo que a veces se repite, no une irremisiblemente la castración con el psiquismo de las mujeres, sino que hace de la castración condición ineludible de la subjetividad, del ser. Los caminos de varones y mujeres serán tan diversos como singulares y lo decisivo será el posicionamiento de cada sujeto ante la diferencia sexual que no debe traducirse unívocamente por la simple diferencia anatómica. Será un camino siempre singular, de presencias y vacios, de límites y omnipotencias.

  Otras corrientes han señalado aspectos clave en el desarrollo de la identidad sexo-genérica. Los varones parecen más vulnerables que las niñas durante el proceso de construcción de su identidad sexo-genérica (Badinter, 1992; Pittman, 1990; Tremblay, 1999). El proceso comienza de forma  temprana cuando el niño se identifica con el cuidador principal, que suele ser su madre natural. A los dos años ya es capaz de representarse a sí mismo como un hombre, y deja de identificarse con su madre (Badinter, 1992; Pollack, 1998) por lo que rechaza muchos elementos femeninos de su personalidad para empezar a construir su masculinidad. El rechazo de esta identificación temprana exige una ruptura con la madre (Marcelli, 1989), que es particularmente difícil para los niños; hace lo que Rowan (1997) llama la herida masculina; e inicia un duelo (Bégouin-Guignard, 1988) que será facilitado por el padre si está física y emocionalmente presente. Estudios empíricos han demostrado que hombres y niños se ven obligados a respetar los estereotipos de género más que las niñas (Maccoby, 1987) aun cuando estos estereotipos hayan sido fuertemente criticados por la sociedad. Contravenir los estereotipos sexuales en la edad adulta acarrea una condena social más enérgica para los hombres que para las mujeres.

  Por último y de forma sucinta vamos a señalar algunas aportaciones cognitivas que nos permitirán sopesar lo expuesto hasta el momento. En el estudio de Clearfield (2006) se muestra que la interacción verbal es diferente en las madres con los niños/as, con mayor implicación con las niñas que con los niños desde los 6 meses de vida (más diálogos comprensivos dirigidos a las hijas y más instrucciones a los hijos). La discriminación de voces de varón-mujer se inicia sobre los 12 meses de vida (Poulin-Dubois, 1998) y la habilidad para categorización de etiquetas sexo-genéricas es un hecho sobre los 19 meses con una mayor aunque modesta precocidad en el caso de las niñas (Zosuls, 2009). La evidencia de sesgo sexo-genérico en el juego es algo más tardío, con pequeñas diferencias a los 17 meses que se hacen evidentes a los 21 meses (Zosuls, 2009). ). Los niños varones son mucho más frágiles que las niñas en el proceso de construcción de su identidad de género.

RECAPITULACIÓN 

  Nos llega el momento de recapitular y preguntarnos de nuevo por la escurridiza identidad sexo-genérica. ¿Qué podemos sostener desde los conocimientos actuales?

  Desde el registro biológico, el enigma, aunque complejo, no es sólo describir las diferencias cerebrales en la  controvertida diferencia sexual sino sobre todo mostrar cómo se transcribe esta diferencia en la constitución del sujeto. La naturaleza prima el encuentro primordial entre dos individuos sexualmente diferenciados y apuesta con firmeza para que la diferencia sea motor de unión. En el registro de lo psicológico “de la diferencia, fruto de la amputación de la unidad inicial surge la identidad”, por lo que ansiamos volver a la unidad pretérita, donde el vínculo, el amor, nos arrastrarán por esta senda. Biología y psicología se dan la mano en esa hermosa dualidad de apego-vínculo donde lo biológico apoya el inicio de procesos singulares signados inicialmente por la atracción, como paso a sucesivas identificaciones distintivas y singulares.

  Nuestra identidad, también la sexo-genérica, se cimienta en nuestras identificaciones, tanto primaria como secundarias. Nos identificamos con aquellos seres con los que nos vinculamos, nos apegamos, y en los que el amor opera como ligadura inagotable. La neurobiología del apego apunta a que diversas áreas cerebrales como la corteza del cíngulo prefrontal, el área medial preóptica y la parte ventral del lecho de la estría terminalis, están implicadas en la conducta inicial de apego de la madre, al tratarse de áreas que son activadas por los picos iniciales de oxitocina y prolactina y cuya lesión se ha relacionado con la pérdida de motivación materna. Tanto las hormonas oxitocina como la vasopresina, presentes en la leche materna, se han mostrado como neuromoduladores claves para estrechar el vínculo madre-hijo. En este sentido, proponemos que el registro biológico se constituye en facilitador de vínculos o apegos privilegiados que en su inicio interactuarían en la simbiosis función materna-bebé y que provocarían la singularidad en la identificación primaria, cimiento de la futura identidad. Decididamente la apuesta  por el apego es más firme en el caso de la mujer, donde sus núcleos muestran mayor desarrollados La neurobiología del apego, del vínculo, se nos antoja como un campo pujante que creemos enormemente prometedor.

  Y la madre, primer objeto amoroso para el niño/a, sigue operando aliada a la biología. Sus caricias, sus cuidados van descubriendo e invistiendo el cuerpo del bebé para hasta hacerlo sentir como propio y alcanzar una identidad corporal sin rechazos o vacíos, donde la madre hará nuevamente de espejo de sus genitales alentando el mensaje de “soy porque me tocas”. En esta primera identificación materna, los genitales podrán ser incorporados o no gozosamente, rechazados o ignorados. Sobre ese entramado de  presencia/falta emergerá el yo corporal como cimiento de la identidad sexo-genérica. Ya hemos reseñado en la línea de Chodorow que la comunicación materna muestra sesgos diferenciadores en el niño/niña, pues la madre mayoritariamente se percibe con más semejanza en la niña que en el niño. Mientras que la mujer sea eje de la función materna algunas singularidades de esta primera identificación primaria, de lo “femenino- masculino” podrían analizarse por esta vía. ¿Sentirían lo mismo los varones?

Sin duda, las diferencias en la identidad sexual ponen en evidencia nuestros escasos conocimientos actuales y la ignorancia sobre aquello que mueve el que nos identifiquemos como mujeres o varones. Con el mayor respeto y humildad debemos todos acercarnos a esta problemática y alentar la mayor libertad para compartir con ellos su dolor.


¿QUÉ HACER CUÁNDO ALGUIEN PADECE CÁNCER?

Escrito por ecopsicoterapia 24-01-2016 en salud. Comentarios (0)


El cáncer es una enfermedad tabú y una de las más temidas por nuestra sociedad actual. Es la segunda causa de muerte. Este temor viene dado por varias razones: el no tener conocimiento de su etiología, por sus terapéuticas agresivas y por la asociación que se mantiene de cáncer-muerte, a pesar de que los índices de supervivencia actuales han mejorado mucho, continúa existiendo esa relación entre la población sea cual sea la edad, sexo, raza, cultura o información del diagnóstico que se le da al individuo.

La unión entre psicología y oncología surge de la necesidad de que los enfermos oncológicos reciban una ayuda psicológica ya que el diagnóstico de la enfermedad les enfrenta a una idea de muerte y sin expectativas de un mañana, hecho que provoca una crisis vital que modifica sus patrones adaptativos de vida.

Los ámbitos de intervención del psicooncólogo:

1. Fase de diagnóstico: cuyo objetivo es facilitar la adaptación a la enfermedad tanto al paciente como a la familia.

2. Fase de tratamiento: cuyo objetivo es facilitar la adaptación a la enfermedad durante el proceso biomédico, para una mejor adherencia al  los tratamientos médicos.

3. Fase de intervalo libre de la enfermedad o fase de supervivencia: ayudar a integrar adecuadamente la información, facilitando la expresión de miedos y preocupaciones, además de facilitarle el desempeño en sus actividades cotidianas.

4. Fase de recidiva: facilitar la prevención y tratamiento de estados depresivos

Cuando una persona padece cáncer en cualquier fase de la enfermedad, sufre un impacto muy fuerte donde se ven afectadas varias áreas ( personal, familiar y laboral)

Al enterarse alguien que sufre cáncer supone un shock, costando muchas veces creer que sea verdad y se sienten incapaces de tomar decisiones, surge el miedo y la desolación.

Cada persona responde de manera diferente que puede variar durante el día.

Las reacciones más frecuentes:

- miedo

- incertidumbre

- negación

-tristeza y sentimientos  depresivos

-rabia o ira

-pérdida de control y dependencia de otros

- culpabilidad

- aislamiento

- sentirse estigmatizado

-estados emocionales positivos

Todas estas reacciones son normales y los familiares y personas cercanas deben apoyar y entender cada una de ellas.

Es normal que no sepamos que hacer sítenemos una persona que le han diagnosticado esta enfermedad, nos llenamos de impotencia y muchas veces esa impotencia nos obliga a distanciarnos para no sufrir.

Recomendaciones para alguien que padezca la enfermedad o para familiares  o amigos:

1. La aceptación de la enfermedad, las cosas no son a veces como nos gustarían que fuesen. Es mucho mejor aceptar que se tiene o se ha tenido cáncer para poder asumirlo y continuar con nuestras metas vitales.

2. Centrarse en actividades de disfrute y recuperación física y emocional. Durante y después del tratamiento las actividades están muy disminuidas o alteradas, por ello estas deben estar centras en actividades para disfrutar y recuperar forma física, hacerlas de una en una disfrutando lo positivo de cada momento. En este periodo hay que dedicar tiempo para si mismo, para familiares y amigos.

3. Buscar apoyos emocionales e instrumentales. No aislarse y saber aceptar la ayuda es muy importante además de reconocer las necesidades y saber expresarlas.

4.  Desahogo  emocional.

Mantener sentimientos negativos dentro de uno mismo los hace crecer y ser más fuertes, por eso es necesario liberarlos y hablar de ellos, expresar sus emociones, preocupaciones le ayudaráa superarlos.

5. Conocer alguna técnica de relajación o realizar alguna actividad relajante le ayudara a liberar tensiones: el mindfulness, yoga, etc. pueden serle de utilidad.

6. Adoptar estilo saludables.

En ECO contamos con este servicio para familiares y personas que padezcan cáncer. Podemos ayudarte.

Manuela Santamaría Psicooncóloga P-01237


He vivido un trauma, ¿y ahora qué?

Escrito por ecopsicoterapia 04-09-2015 en EMDR. Comentarios (0)

 “Hay un pasado que se fue para siempre pero hay un futuro que todavía es nuestro”.

   Frederick William Robertson


El pasado es ese punto de nuestra historia que vuelve en cualquier momento para recordarnos quién fuimos ayer y quienes somos hoy. Y es que, independiente de que esos momentos fueran buenos o malos, ya pasaron. Con todo, el pasado sigue ahí y nos acompaña cada día allá donde vamos. Escapar de él es como una silla que escapa de sus cuatro patas. Si huye de ellas corre el serio peligro de dejar de ser una silla para convertirse en, por ejemplo, un cojín. Algo que como silla puede ser estremecedor. Pero, ¿qué ocurre cuando nuestro pasado nos atormenta, ensombreciendo el sol del presente? Habitualmente, lo que ocurre es que nos vemos privados el bienestar al que todos tenemos derecho (OMS,2013).

El enfoque EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por los Movimientos Oculares) asume que cuando los recuerdos nos afectan en el presente es porque nuestro cerebro no tuvo la oportunidad para poder integrarlos o procesarlos con éxito. De esta manera, el cerebro intenta superar estos recuerdos (o síntomas), trayéndolos al presente una y otra vez con el fin de que nos acostumbremos a ellos. Por tanto, el enfoque EMDR asume que la ansiedad, los miedos, las obsesiones y otros problemas nacen de experiencias pasadas no resueltas.

Ahora bien, unas de las limitaciones actuales del EMDR es que está indicado sobretodo para el Trastorno de Estrés Postraumático, reduciendo entre 77 y el 100% de la secuelas psicológicas derivadas de los traumas. Cierto es que hay resultados prometedores para la Depresión Bipolar. Pero también es cierto que para problemas como la depresión, puede ayudar a superar e integrar experiencias traumáticas, aunque lo hará como complemento a otras terapias psicológicas de eficacia conocida, las cuales es preciso que el profesional domine. La utilidad como complemento para la depresión y muchos problemas de ansiedad, vienen de la mano de que, con frecuencia, surgen a raíz de un evento (fallecimiento de alguien importante, ruptura amorosa, despido, etc.) que despierta traumas de la infancia o la adolescencia. El EMDR ayudará a reducir las emociones sobre los disparadores de los pensamientos depresivos y, gracias a otras técnicas, permite a la persona avanzar hacia delante.

Pero, ¿cómo  se superan los traumas usando EMDR? Pues mediante el Procesamiento Adaptativo de la Información (PAI), que es una capacidad del cerebro para procesar recuerdos. Imagínese que su mente es una red y que las malas experiencias que le azoran son hilos sueltos de esa red. El EMDR “reconecta” estas experiencias sueltas dentro de la red gracias a la capacidad natural del cerebro para reconectar redes, la cual llamaremos PAI. Si por casualidad le viene a la mente el anuncio de algún champú reparador de puntas, también sería un buen ejemplo de cómo actúa el EMDR. Por tanto, es el PAI el que permite dar sentido y utilidad a las malas experiencias (o síntomas), haciendo adaptativo lo que es desaptativo. En otras palabras, permite que el cerebro asimile lo malo para que de ello se pueda sacar una experiencia productiva.

¿Y todo esto se hace sólo hablando de mis traumas? Si bien es cierto que la escucha es importante, va más allá de hablar y escuchar, ya que la herramienta principal es la estimulación bilateral ocular (movimientos de ojos). Muy resumidamente el proceso es el siguiente: en la fase 1 es donde la escucha y la comprensión tienen una importancia capital, seleccionándose los traumas a reprocesar. En la fase 2 se prepara al paciente y se le dota de los recursos psicológicos necesarios para afrontar el proceso. En la fase 3 se mide el grado de perturbación generado por el trauma y en la fase 4, podríamos decir que es donde más se aplican los Movimientos Oculares (MO). En las fases 5, 6, 7 y 8 es donde nos aseguramos que el reprocesamiento de la experiencia se ha producido correctamente y lo afianzamos.

Este proceso es imprescindible que sea llevado a cabo por profesionales adecuadamente formados ya que el  EMDR es un abordaje potente con precauciones que es vital saber manejar con soltura. A fin de cuentas, estamos ante una herramienta psicoterapéutica que, tal y cómo  comenta Pagani (2012), produce cambios neurológicos en el área límbica (ver esquema gráfico) así como a regiones asociativas.

Además de estos cambios neurológicos, es importante aclarar que a lo largo del proceso de EMDR, los recuerdos de las experiencias pueden cambiar de color, de luminosidad, de tamaño, de intensidad, pero ante todo, cambian las sensaciones que nos producen y cómo nos valoramos a través de nuestras experiencias. Y esta es la manera en que un pasado oscuro puede dar a luz a un  futuro prometedor.


                                                                      

                                      Esquema gráfico del área Límbica y descripción de algunas de sus funciones


D. Romen J. Martín Hernández, col P-1817. Psicoterapeuta EMDR

El juego en la psicoterapia infantil… mucho más que un juego.

Escrito por ecopsicoterapia 10-08-2015 en psicología. Comentarios (0)

                                                               

La psicoterapia infantil hace referencia al conjunto de técnicas y métodosusados para poderayudar a niñosque manifiestanproblemas emocionales y/o comportamentales.

  Con el término de Terapia de Juego, se hace alusión a toda intervención terapéutica en la que el juego se emplea como técnica, siendo la técnica más empleada en los tratamientos psicoterapéuticos de niños con edades comprendidas entre los 4 y 11 años. La Terapia de Juego cumple cuatro funciones principales que son las biológicas (aprendizaje de habilidades básicas, la liberación del exceso de energía,…), las intrapersonales (la exploración, la iniciativa, el dominio de situaciones, desarrollo cognitivo.,…), las interpersonales (las habilidades sociales y la separación-individuación) y las socioculturales con la imitación de los modelos de los adultos que admiran. 

Teniendo en cuenta que el lenguaje por definición de los niños es el juego, es obvio que las psicoterapias infantiles se  basen en su esencia en actividades lúdicas.

El juego, además de ser una fuente de diversión para los más pequeños, también les sirve como herramienta para explorar y descubrir el mundo, de comprenderlo, de adquirir conocimientos y por ende, para comunicarse; el juego es la manera natural de comunicación de los niños. Los niños a través del juego nos hablan tanto sus deseos como de sus miedos, nos expresan sus ansiedades y sus conflictos, etc.  

Por ello, e independientemente del marco teórico que se emplee en la psicoterapia, en la psicoterapia infantil el juego debe guiar en todo momento el proceso psicoterapéutico. A través del juego se crea una atmósfera segura que facilita que el niño pueda identificar y expresar sus emociones de manera adecuada para así poder elaborar y manejar sus dificultades y conflictos y sobre todo, que pueda intentar nuevas cosas con el fin de promover conductas alternativas adaptativas y funcionales.  

En concordancia con lo señalado, el juego al tener un papel protagonista en el trabajo con el niño, es fundamental que el psicólogo infantil cuente con la formación necesaria que le permita interactuar con los más pequeños mediante el juego, y emplear dicha herramienta para detectar las dificultades presentadas por los pacientes de más corta edad y poder ayudarles a su resolución.  La respuesta del psicoterapeuta infantil debe de responder a lo que está expresando a través del juego el niño, es decir, debe de reflejar los sentimientos, los pensamientos y las conductas del menor.  No hay que olvidar que es precisamente esta capacidad de devolverle al niño lo que está pasando lo que le va a permitir explorar nuevas vías de actuación.

Sintetizando, la psicoterapia de juego al acercarnos al mundo del niño, nos brinda la oportunidad de observar diversas problemáticas de naturaleza emocional o del desarrollo, permitiendo abordar los diferentes aspectos terapéuticos a través del empleo de los principales métodos psicológicos. 

                                           

        El juego es uno de los elementos que marca en la psicoterapia con niños una gran diferencia respecto a la psicoterapia con adultos.

El juego le ofrece al niño la oportunidad  de que pueda relacionarse de manera conciliadora con su malestar al ofrecerle una nueva visión desde dónde integrar sus emociones de una manera sana, promoviendo el crecimiento y desarrollo cognitivo. 


Tipos de juegos


Existen diferentes tipos de juegos a los que se puede recurrir a la hora de  ayudar al niño a expresar, elaborar y resolver sus conflictos emocionales.


  Juegos de expresión simbólica: Casa de muñecas, títeres, juego con animales, etc.

  Juegos de expresión corporal y movimiento: Danza, representación, juegos de imitación, etc.

  Juegos de expresión emocional: Fichas con caras, expresión a través de bailes, de dibujos, etc.

  Juegos de expresión creativa: Rompecabezas, cuatro en raya, juegos psicopedagógicos, etc.

  Juegos para trabajar las habilidades sociales: Cuentos específicos, servir de modelo, exponerlo a situaciones, etc.

  Juegos para fomentar la autoestima: Yo soy, la emisora de radio, el espejo, etc.


 Efectividad de la Terapia de Juego


     La Terapia de Juego ha mostrado ser especialmente efectiva  en:

        -  Liberación de exceso de actividad o energía.

        -  Autocontrol, dominio de las situaciones.

        -  Desarrollo de habilidades sociales.

        -  El aprendizaje de habilidades básicas en niños con dificultades cognitivas.


Miriam Navais  |  Psicóloga Clínica