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COMUNICACIÓN

COMUNICACIÓN EFICAZ: LA ASERTIVIDAD

Escrito por ecopsicoterapia 31-05-2016 en COMUNICACIÓN. Comentarios (0)

La asertividad es una cuestión de dignidad y defensa de los derechos personales. Ser asertivos es sinónimo de certeza, seguridad y firmeza.

Las habilidades sociales incluyen lo que denominamos la conducta asertiva, que consiste en “la conducta que permite que una persona actúe según sus intereses más importantes, defenderse sin ansiedad inadecuada o innecesaria, expresar cómodamente sentimientos, pensamientos y opiniones de forma honesta y ejercer los derechos personales sin negar los derechos de los demás”. A través de la conducta asertiva o asertividad, expresamos nuestros gustos e intereses de forma natural y espontánea, hablamos sin rodeos y sin sentirnos cohibidos o alterados, aceptamos cumplidos sin sentirnos incómodos, podemos discrepar abiertamente sin herir ni molestar a nadie, podemos pedir aclaraciones y podemos decir sí o no tranquilamente, según nos convenga.

La  asertividad  se puede definir como la habilidad personal para encontrar las palabras adecuadas que permitan decir las cosas en el momento preciso y de la forma correcta. Consiste, pues, en saber defender nuestros derechos sin faltar a los derechos de los demás. Es una herramienta muy útil para mejorar nuestras relaciones interpersonales y constituye, junto con la empatía y la escucha activa, uno de los pilares sobre los que descansa la comunicación eficaz.

Las personas asertivas  poseen la habilidad de escuchar activamente, de manifestar de forma clara, contundente y educada sus puntos de vista y de proponer alternativas inteligentes a los demás, contribuyendo a la resolución de conflictos y a la mejora de las relaciones interpersonales. Son personas que saben pedir, decir no y negociar en múltiples situaciones sociales y, además, son personas flexibles a la hora de conseguir aquello que se proponen, porque respetan los derechos de los demás y son capaces de tolerar la posible frustración que les generen las quejas o críticas que se les haga y los obstáculos a los que tengan que enfrentarse.

No se nace siendo asertivo. El estilo de comunicación que tengamos será el resultado de la interacción de múltiples factores (educación recibida, entorno, experiencias de la vida, etc.). La asertividad es una destreza, podemos aprender a ser asertivos en nuestras relaciones y en las diferentes áreas vitales.  Adquirir y potenciar esta habilidad requiere de un esfuerzo y constancia diarios: es un trabajo personal.

Cuando aprendemos a ser asertivos, rápidamente descubrimos los beneficios que nos reporta en el día a día. Aumenta el respeto hacia nosotros mismos, reforzando nuestra autoconfianza, y mejora nuestra "posición social", asegurándonos una aceptación y respeto reales por parte de quienes nos rodean. Y es que la asertividad tiene mucho que ver con el respeto a uno mismo, con la honestidad. Cuando decimos "sí" en lugar de decir "no", de algún modo nos estamos faltando el respeto a nosotros/as mismos/as y estamos "falseando" la realidad ante el otro. Si nos mostramos excesivamente complacientes muy probablemente seremos presa de personas que puedan pretender aprovecharse. Por el contrario, si tendemos a mostrarnos como alguien defensivo y malhumorado, los otros tenderán a percibirnos como una persona non grata y se alejarán.

La conducta asertiva no impide que tengamos conflictos, pero sí los minimiza y nos permite manejarlos eficazmente.

Una persona puede tener un estilo agresivo en su trabajo pero luego ser pasivo o sumiso en casa respecto a su pareja, o viceversa. Es importante trabajar la conducta asertiva en general, en todas las áreas, haciendo especial hincapié en aquellas en las que más dificultades tengamos.

Quizás la razón principal por la que las personas no somos o dejamos de ser asertivas, sea el pensar que no tenemos derecho a tener nuestras propias creencias, opiniones, sentimientos y valores. A eso se suma el miedo al posible rechazo de los demás o al posible conflicto. En este sentido, el entrenamiento asertivo consiste en enseñar a las personas a defender sus derechos ante situaciones que puedan ser injustas o que puedan vulnerar sus derechos personales. Derribando esas falsas creencias o “solucionando” esos sentimientos de infravaloración y de temor al rechazo, a caer mal o a los conflictos que se pueden generar, podremos practicar y reforzar esta habilidad terapéutica y favorecernos de sus múltiples beneficios.

En conclusión:

La asertividad es la libertad de expresarse sin hacer daño a los demás y sin hacérnoslo a nosotros mismos. Las personas que practican la conducta asertiva son personas mucho más seguras de sí mismas, poseen una autoestima sana, se comunican mejor, disfrutan de una mayor tranquilidad y gestionan mejor los posibles conflictos interpersonales, son más honestas y directas.

Ser asertivos no presenta desventaja alguna y sí grandes beneficios. Es una característica de la personalidad que promueve una autoestima sana, y contribuye al desarrollo de relaciones interpersonales sanas y positivas.

RECOMENDACIONES:

1. Analiza tu estilo.¿Sueles expresar tus opiniones?, ¿cómo lo haces? Analizar tu estilo predominante de comunicación te ayudará a tomar mejores decisiones.

2. Habla en primera persona.Fomenta el “yo” en tu diálogo. Por ejemplo, utiliza “yo no estoy de acuerdo” en lugar de la frase “Estás equivocado” o “eso no es así”.

3. Aprende a decir NO. Es válido que rechaces algunas peticiones si en realidad no tienes tiempo para hacerlo o incluso no te apetece. Es mejor expresarlo a padecer estrés por querer cumplir con todo y todos.

4. Ensaya tu discurso.Si para ti es difícil expresar tus pensamientos o sentimientos, practicar y prepararte pueden ser grandes ideas. Emítelo en voz alta o escríbelo. También, puede ser muy útil compartirlo con alguien más y solicitar su opinión.

5. Utiliza el lenguaje corporal.Actúa con confianza. Mantén una postura erguida y mira a los ojos. Trata de tener una expresión facial neutral o positiva en todo momento.

6. Controla tus emociones.Si sientes que tus sentimientos te pueden jugar una mala pasada, espera a calmarte. Respira profundamente y si es necesario posponer una conversación o toma de decisión, no lo dudes. Una retirada a tiempo puede ser una victoria.

7. Da un pequeño gran paso.Si eres una persona pasiva o sumisa, intenta modificar este comportamiento en situaciones de baja dificultad para ir generando confianza.

8. Conviértete en tu propio defensor.Cuando expresas lo que quieres, piensas, sientes o necesitas tendrás una vida más feliz y auténtica.

9. Respeta tus valores.No dejes que los demás superen tus ideas o creencias. Hazles entender de forma respetuosa que vales lo mismo que ellos y mereces respeto.

10. Rompe el molde. Si eres de las personas que dejan que los demás decidan por ti, trata de eliminar este comportamiento de forma sutil, por ejemplo: “está perfecto el plan, pero esta vez me encantaría hacer…”

Una cuestión de derechos

 "El derecho es el conjunto de condiciones que permiten a la libertad de cada uno acomodarse a la libertad de todos." Immanuel Kant.

Existen una serie de supuestos tradicionales sobre “lo que se espera de una persona”. Sin embargo, igualmente existen una serie de derechos personales a los que nos podemos aferrar en determinadas circunstancias si lo consideramos oportuno, ante personas o situaciones que agredan o atenten a nuestro bienestar.  ¡Tenemos derecho a tener estos derechos! Pero hemos de ser conscientes de que los demás también los tienen y que pueden hacer uso de ellos. Son los llamados “derechos asertivos”, aquellos que se basan en la asertividad.

Veamos estos supuestos y derechos:

  • Tradicionalmente, se entiende que ser egoísta es anteponer las necesidades propias a las de los otros, pero a veces uno ha de ser el primero.
  • Es vergonzoso cometer errores, pero se tiene derecho a cometer errores.
  • Si no puedes convencer a las otras personas de que tus sentimientos son razonables, es probable que estés equivocado, pero tienes derecho a ser el último juez de tus sentimientos, aceptarlos como válidos y a no justificarte delante de los otros.
  • Hay que respetar el punto de vista de los otros, especialmente si tienen algún cargo de autoridad, pero tienes derecho a tener tus propias opiniones y tus convicciones.
  • Hay que intentar ser siempre lógico y consecuente pero tienes derecho a cambiar de línea, opinión o acción.
  • Hay que ser flexible y adaptarse pero se tiene derecho a la crítica, a protestar por un trato injusto y a decir no.
  • Nunca has de interrumpir a las personas, pero tienes derecho a interrumpir y pedir explicaciones.
  • Las cosas podrían ser peores pero tienes derecho a intentar un cambio.
  • No se ha de perder el precioso tiempo de los otros con los problemas de uno/a pero tienes derecho a pedir ayuda y soporte emocional.
  • Cuando alguno se molesta en darte un consejo, es mejor hacerle caso porque acostumbra a tener razón, pero tienes derecho a ignorar el consejo de los otros.
  • La satisfacción de saber que se ha hecho un trabajo bien hecho es la mejor recompensa, pero tienes derecho a recibir un reconocimiento formal por el trabajo bien hecho.
  • No se ha de ser antisocial, si dices que te gusta estar solo/a las otras personas pensarán que no te gustan, pero tienes derecho a estar solo aunque los demás quieran estar contigo.
  • Cuando alguien tiene un problema hay que ayudarlo, pero tienes derecho a no responsabilizarte de los problemas de los otros.
  • Se ha de ser sensible a las necesidades y deseos de las otras personas aunque no sepan demostrarlos, pero tienes derecho a no anticiparte a las necesidades y derechos de los otros.
  • Es una buena política intentar ver siempre el lado bueno de la gente, pero tienes derecho a no estar pendiente de la buena voluntad de los otros.
  • No está bien quitarte a la gente de encima, si alguien te hace una pregunta hay que darle una respuesta, pero tienes derecho a responder o no.

Quizás no estemos acostumbrados a reconocer y hacer uso de estos derechos, porque pensamos erróneamente que si lo hacemos nos convertiremos en seres egoístas y peores personas. Respetarse a uno mismo es compatible con respetar a los demás. Si uno no está bien consigo mismo, ¿cómo va a estarlo con los otros? 

Iván Hernández - Psicólogo y Formador


LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA

Escrito por ecopsicoterapia 28-05-2015 en PAREJA. Comentarios (0)

IVÁN HERNÁNDEZ SANTANA

PSICÓLOGO COL. P-01368

Especialista en Terapia Sexual y de Pareja.

LA COMUNICACIÓN EN LA PAREJA

La comunicación es el área de insatisfacción valorada como más importante y problemática en las relaciones de pareja. Los especialistas en el ámbito abordan este aspecto en sus intervenciones no sólo por su importancia y demanda explícita por parte de los clientes, sino porque resulta necesario de cara al desarrollo de otras habilidades fundamentales o áreas de mejora en la relación. La comunicación es la clave.

Los avances experimentados a nivel tecnológico en los últimos tiempos han supuesto para muchas parejas verdaderos quebraderos de cabeza. Y es que determinadas cuestiones, tratadas en el entorno virtual, pueden volverse en nuestra contra con la facilidad y rapidez de un “click”. La razón fundamental es la ausencia del lenguaje no verbal, tan determinante en la comunicación. Esa frase que leemos en un chat o mensaje, puede ser presa de nuestra propia interpretación y puede dar lugar a malentendidos y estos a conflictos. Recuerdo una vez en que una pareja a la que trataba debatía acaloradamente durante la sesión respecto a qué hora había contestado uno al whatsapp enviado por el otro. Ante la duda, él desenfundó su teléfono móvil y, simultáneamente, ella lo sacó de su bolso, cada uno luchando por su verdad. Me llamó mucho la atención que miraban exclusivamente a la pantalla de sus respectivos smartphones, y no a los ojos del ser amado… ¡Y qué decir de las redes sociales! He presenciado discusiones por la foto de turno publicada en la que un brazo descansaba tímidamente en el hombro de otra persona, por un “me gusta” que le puso a fulanito/a, etc. Si hacemos un uso inadecuado de la tecnología y lo virtual en el ámbito de la comunicación, en cualquier tipo de relación interpersonal, muy probablemente estaremos destinados a la fricción, a la ineficacia y al fracaso. Debemos aprender a no caer ante la tentación de lo fácil e inmediato y tratar determinadas cuestiones en persona, cara a cara, atendiendo no sólo a lo que las bocas dicen, sino también al lenguaje de las miradas, de los cuerpos.

Los ingredientes principales que, en mi opinión, constituyen la receta de la comunicación eficaz son:

1.  La empatía: o lo que es lo mismo, la capacidad de calzarse los zapatos del otro, ponerse en su lugar. Eso sí: teniendo en cuenta cómo es la otra persona y desde ese punto de partida (siendo como es) entender cómo piensa, siente o se comporta en una determinada situación (no cómo lo haría yo… ¡eso no sería empatizar!).

2.  Responsabilizarnos cada uno de su parte. Hay un proverbio que me gusta mucho y que dice algo así como “cuando señalas con un dedo, recuerda que otros tres dedos te señalan a ti”. Simple pero revelador.

3.  Focalizarnos en las posibles soluciones (¿qué podría hacer para mejorar?) y no desgastarnos poniendo el foco en el supuesto problema o agravando la situación empleando malas artes como la culpabilización, la ironía, el silencio castigador, el reproche, la victimización, la falta de respeto o hablar de “tu familia”.

4.  Saber elegir el momento, el lugar y el tono adecuados. Es importante tener en cuenta a la otra persona a la hora de “citarla” para expresarle algo. A veces nos dejamos llevar por el impulso y no tenemos en cuenta suficientemente esos elementos, ni siquiera a la otra persona.

5.  Aquí y ahora: ubicarnos en el presente. No irnos hacia el pasado o hacia el futuro, a no ser que tengamos una máquina para viajar en el tiempo.

6.  Respetar el espacio e intimidad del otro.

7.  Empleemos el refuerzo positivo para indicar a la otra persona lo que nos gusta o nos hace sentir bien de ella, como una forma de fomentar el bienestar emocional. La investigación en el ámbito de la pareja muestra cómo las parejas disfuncionales tienden a emplear más el refuerzo negativo (hacer saber lo que no nos gusta al otro) que el refuerzo positivo.

8.  Fomentar espacios nuevos de comunicación y disfrute en pareja. Una forma de oxigenar nuestras conversaciones en pareja es la de comunicarnos fuera de casa, en diversos lugares que consideremos agradables. Si cambiamos el escenario, muy probablemente cambie el guión.

9.  Expresarnos a tiempo y resolver: atender a corto plazo los problemas que van surgiendo en el día a día para evitar la acumulación de molestias y el consecuente estallido emocional.

10.  Aplicar la conocida técnica del bocadillo para solicitar a la pareja cambios en su conducta:

-  Acercamiento positivo. Comenzar la conversación con un tono positivo y calmado.

-  Describir con claridad la conducta que nos ha generado malestar (qué ha hecho, qué ha dicho, cuándo y cómo), además de hacerle saber cómo nos hemos sentido.

-  Solicitar (no exigir) al otro una conducta alternativa, deseada.

11.  Aprender el arte de la negociación: aprender a llegar a acuerdos, siendo capaces de ceder para que ambas partes sientan que ganan, en pro del bienestar mutuo.

En toda relación interpersonal es normal tener conflictos y pasar por momentos difíciles. Lo importante, en esencia, es el compromiso emocional existente y la actitud resolutiva que se adopte.

Si cuidamos nuestra forma de comunicarnos y tenemos en cuenta y tratamos de aplicar las pautas descritas anteriormente, fomentaremos en nuestra relación de pareja un estilo de comunicación constructivo que generará un vínculo afectivo de carácter positivo, basado en el respeto, el entendimiento y el bienestar mutuos.