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Psicología de la Salud

El final del verano llegó y...

Escrito por ecopsicoterapia 09-10-2018 en Psicología de la Salud. Comentarios (0)

¡Qué frase tan evocadora para todos nosotros! Según la generación a la que pertenezcamos podrá traernos a la memoria diferentes momentos, sensaciones e incluso canciones conocidas. A pesar de ello a todos nos recuerda una cosa en común, y de gran importancia, significa el reencuentro con las responsabilidades cotidianas, las rutinas diarias, el comienzo de las jornadas laborales y en el caso de tener hijos y/o hijas, el compaginar diario de la vida laboral con la familiar. Y cómo no, la famosa vuelta al cole.

Como pueden ver para todas las generaciones implica un cambio importante. Los más pequeños se enfrentan a nuevos retos académicos y en las relaciones con sus iguales y los mayores a intentar acompañarlos en esa difícil tarea de crecer y evolucionar, compaginándolo con nuestros propios cambios personales y laborales.

Es una transición que puede suponer un esfuerzo físico, mental y emocional. De ahí que en alguna ocasión hayamos oído a hablar del “Síndrome postvacacional”, erróneamente denominado por algunos Depresión postvacacional. La mayoría sabemos, o al menos, nos suena a qué nos estamos refiriendo. Como su propio nombre indica, no se trata de una enfermedad ni de un trastorno en sí, más bien es un período de adaptación a todos los niveles de las personas que lo experimentan y no suele durar más de dos semanas, dependiendo de cada uno. Se caracteriza por presentar una serie de síntomas: apatía, desgana, pereza, baja energía, desmotivación, irritabilidad, tristeza, insomnio.

La cuestión es que se experimenta cierta añoranza o nostalgia por las experiencias vividas durante el período de vacaciones, aunque simplemente haya sido estar sentado o sentada tranquilamente en el sofá de tu casa viendo una película o una serie con tu pareja, con un amigo o una amiga, o en soledad (que también se agradece en ocasiones). Sin pensar o estar pendientes de lo que queda por hacer o la hora que es, o de una serie de “tener que” o “deberes”,  dado que nos permitimos una mayor libertad e incluso cierta anarquía en cuanto a hábitos de alimentación, de horarios, de comportamientos más relacionados con el día a día del resto del año. 

Esto no quiere decir que le pase al cien por cien de la población. No todos sufren esta sintomatología previamente a afrontar la rutina diaria. Una posible explicación sería que en determinadas personas detrás de este malestar pueden estar actuando una serie de conflictos no resueltos que saben que estarán aún ahí, esperándoles a la vuelta del período vacacional. Esto puede estar haciendo que nos sintamos estresados, ansiosos porque nos faltan los recursos, las habilidades o las estrategias para poder resolverlos y/o afrontarlos. En este sentido, ya no estaríamos hablando únicamente de la incorporación al ámbito laboral. De cualquier modo, es un buen momento para intentar ver nuestra vida en general, de forma más objetiva y detectar aquellas situaciones en las que no estamos a gusto, no estamos conformes o simplemente nos gustaría cambiar, para ponerles remedio.

La mejor manera para afrontar este período y no caer en estos síntomas sería prestar atención a cómo nos encontramos nosotros mismos con estos cambios, dónde lo notamos, en qué parte de nuestro cuerpo (físicamente), si estamos de peor humor o más irritables, si tenemos menos paciencia de lo habitual (emocionalmente), si posponemos hasta el último momento el preparar determinadas cosas que puedan ser necesarias para la reinserción a las rutinas diarias (mentalmente). Es aquí cuando debemos hacer un alto y poner énfasis en pensar y recrear aquellos aspectos positivos que pueden encontrarse en volver a empezar, como por ejemplo el simple hecho de tener un trabajo al que acudir, el reencuentro con los compañeros y compañeras de cualquier entorno, esos pequeños momentos de compartir un café, el poder contarse unos a otros lo que han hecho durante las vacaciones, anécdotas familiares, en conclusión apoyarse y compartir unos con otros.

¿Y qué pasa con los más pequeños? ¿Cómo pueden ellos estar viviendo este período de adaptación?  ¿Cómo podemos ayudarles?

Teniendo en cuenta que en el caso de los niños el período vacacional suele ser mayor que el de los padres, sería lógico pensar que ellos también pueden experimentar esta serie de síntomas relacionados con el final de las vacaciones de verano y sus consiguientes cambios: la vuelta al colegio, a los horarios y a las rutinas de comidas y sueño (en aquellos casos en los que se hayan cambiado).  Así y todo tampoco les sucede a todos los niños. Esto va a depender en gran medida de cómo los adultos que estemos a su alrededor afrontemos y manejemos esta situación. Nosotros somos en todo momento un ejemplo a seguir por nuestros hijos y esto es válido y extensible a cualquier tipo de comportamiento. Por lo tanto, si les transmitimos esta transición con normalidad ellos podrán vivirlo de la misma manera.

La clave está en que el regreso a las rutinas diarias se haga de forma gradual. Por eso es importante, planificar la vuelta a casa al menos una semana antes del comienzo de la escuela y del trabajo. Y si alguno tiene la posibilidad de organizar su incorporación laboral unos días después de que lo hagan los niños, lo agradecerán. Así, si la adaptación a las rutinas de sueño y de alimentación se lleva a cabo progresivamente, tanto a ellos como a nosotros  nos resultará más tolerable esta etapa.  Con tener tardes de parques y/o cualquier otro deporte, que les haga llegar con ganas de coger la cama e ir adelantando 10 minutos cada día la hora de acostarse, será más práctico y a penas notarán el cambio. Sin olvidar lo importante de añadir o mantener los rituales y hábitos que lleven aparejados el momento de irse a dormir. En este sentido, cada padre sabrá lo que mejor les funciona dependiendo de sus costumbres y de la edad de su hijo (un vaso de leche calentita antes de dormir, un cuento, el osito o la almohadita, una canción, etc.).

También sería aconsejable prepararles para los posibles cambios o novedades que puedan darse en su incorporación al mundo escolar. Por un lado, el simple hecho de hablarles sobre éstos con antelación y mostrando una actitud positiva, les proporcionará el medio para compartir sus miedos e inquietudes, por lo que hará que disminuya su nivel de ansiedad e incertidumbre. Por otro, les motivará y dará mayor seguridad si los hacemos partícipes de los preparativos previos (uniformes o ropa que van a usar, material escolar, mochilas, talegas o merenderos, etc.) y el quedar o hacer alguna actividad con amigos y amigas del cole antes de comenzar sería una forma de que experimenten positivamente ese reencuentro con sus compañeros.

En resumidas cuentas, utilizar el tiempo a nuestro favor y no en contra. Planificar y organizar, en la medida de lo posible y de forma flexible, distintas actividades de ocio y disfrute junto a las personas que queremos, con las que compartimos tanto momentos placenteros y de desconexión como momentos de “obligaciones” y rutinas diarias. No es necesario esperar a tener vacaciones para hacer aquello que queremos o nos gusta, siendo realistas y teniendo en cuenta nuestras posibilidades. Podríamos plantearnos salidas, quedadas y/o escapadas, aunque más cortas, más a menudo. Seamos creativos, lo cual a los niños no les suele costar, impliquémoslos en ello,  y así será  más llevadero para todos. Estar más pendientes de nuestros “quereres” no implica necesariamente dejar de lado nuestros “deberes”.

Tamara Zorrilla García, Psicóloga

Quiérete como eres

Escrito por ecopsicoterapia 08-07-2018 en Psicología de la Salud. Comentarios (0)

Los cánones de belleza han ido cambiando a lo largo de la historia, los egipcios ya se maquillaban, aunque no fuera sólo por estética, sino también para proteger la piel del sol y ahuyentar a los insectos. El famoso khol, un polvo para pintarse los ojos, no sólo servía para embellecer el ojo, también como colirio además de antiséptico, se llenaban de joyas y prendas esplendorosas con las que además eran embalsamados. En la edad media empieza la idea de “la belleza está en el interior”, ésta era explicada por la espiritualidad de las personas, la ausencia de maquillaje destacaba en esa época pues el ser humano había sido creado a imagen y semejanza de Dios. La mujer ideal era aquella de piel blanca, melena larga y rubia recogidas en moños. En el siglo X, en Japón, estaban de moda las mujeres de estatura pequeña, tez blanca, pelo negro, cintura de avispa, y cultivadas en el intelecto. No obstante, se instauró la práctica del Ohaguro, esto es, pintarse los dientes de negro con una mezcla hecha de limón y limaduras de hierro (una especie de polvo oscuro y brillante). La belleza del Renacimiento, se caracterizaba por aquella mujer de tez blanca como en la edad media, pero su figura era más redondeada, manos y pies pequeños, con las caderas también redondeadas, pero esta vez sutilmente maquilladas, lo suficiente para demostrar un aspecto joven y saludable. Situándonos ahora en el Barroco, se hace protagonista a las pelucas, usados tanto por mujeres como por hombres, se maquillaban con polvos blancos en la cara y el cuerpo, y empieza el uso molesto de los corsés. A las mujeres les gustaba tener una piel blanca, cinturas estrechas y una frente muy redonda, para lograr esto último se afeitaban las entradas del vello de la cara (entre otras cosas que ahora asumiríamos como barbaridades). En la época victoriana comenzó con la figura de las llamadas “ayunadoras”, quienes decían no comer ni beber nada. Se las denominan “las divinas” por esta supuesta falta de necesidad de comer, algo impensable (y prácticamente imposible) en un ser humano. Por ello solían estar envueltas en una atmósfera divina incluso de cierta admiración. Una de las figuras más conocidas de este “movimiento” fue Molly Fanhcer, pues decía haber estado catorce años sin comer. Un ejemplo quizás más claro sería el de la imagen que se tenía hace unos años de las personas con una piel más morena asociado a la clase obrera en comparación a hoy día, donde se busca una piel bronceada, no únicamente a través del sol (cosa que de manera controlada y protegida es conveniente por la vitamina d) su exceso conlleva a enfermedades como los carcinomas de piel, entre otras.

El concepto de belleza va cambiando a lo largo de los años como hemos ido observando con el repaso de la historia. Ahora tenemos el concepto de body positive de la mano de una de las más famosas en este movimiento “Ashley Graham” siendo modelo de tallas grandes de revistas prestigiosas, su labor como influencia pública ha ido desde charlas en colegios sobre la imagen corporal y la aceptación del cuerpo, siendo defensora del movimiento «Health at Every Size» entre otras actividades y conferencias que ha ido realizando a lo largo de su trayectoria. Otros personajes de televisión como la empresaria Kim Kardashian u otras celebridades, quienes hacen énfasis en cinturas de avispa, traseros y pechos voluptuosos (generalmente propiciado por cirujanos especialistas). Las cirugías o retoques estéticos están a la orden del día, para “mejorar” nuestro físico, aunque centrado en lo puramente considerado estético. Nuestro cuerpo es nuestra maquinaria para funcionar en la vida, por lo que considero que sería más adecuado centrarnos en la salud mental, emocional y física. Debemos tener en cuenta que la moda cambia con el paso del tiempo, y seguirá cambiando, por lo que será más importante centrarnos en queremos y respetarnos como somos, este es un trabajo que no se solventa con operaciones, sino una labor concienzuda de mejora de la autoestima a lo largo de nuestra vida.

El body positive visto desde Chessie King una modelo que no es “plus size”. Ella es una chica de 24 años que empezó su carrera como modelo fitness, siendo muy joven adelgazó mucho, con dietas y ejercicio estricto para lograr su meta, su descripción hoy en día dice así “helping you find body confidence”. Actualmente, es una gran influencia sobre el movimiento mencionado anteriormente “body positive”. En las redes sociales ella trata de mostrar un estilo de vida saludable, haciendo hincapié en que la belleza no es sinónimo de estar delgada, sino en cuidarse por dentro y aceptarte con tus estrías, piel de naranja… Y cómo ella ahora es feliz sin necesidad de recurrir a una pesa cada cierto tiempo.


Hoy día las redes sociales la cual considero un arma de doble filo, es lo que más está marcando nuestra sociedad sobre todo a la juventud; quien tenga mejor cuerpo, quien vista mejores prendas de ropa, va a ser quien más seguidores tenga, como si esto fuera sinónimo de riqueza personal y probablemente no será la persona que más felicidad alberga en su ser. Muchas veces son los prejuicios hacia los otros lo que salvaguardan nuestra autoimagen, se ha demostrado que quienes tenían una autoimagen negativa de sí mismos eran más propensos a evaluar al resto negativamente y era así como recuperaban su autoestima. Prioriza lo que se ve, lo que muestra la superficialidad hecha foto antes de valorar lo que sentimos y lo que somos. Cuida tu interior y cuando enfoques la cámara, busca la belleza más allá de lo puramente físico, “enfoca hacia otro lado”. Pero, ¿quien nos dice lo que es bello o lo que no?¿Está la autoestima relacionada con el físico? Probablemente si está relacionada con todo esto pero existen otros factores que hacen mella en la misma. La imagen corporal suele tener un impacto muy importante sobre la autoestima más aún cuando nos referimos a los niños y adolescentes, momento en el que se empiezan a crear las relaciones interpersonales, la visión del otro, el juzgar de forma improductiva… Incluso cuando somos adultos, nos sentimos afectados por lo críticos que somos con nosotros mismos quebrando así nuestra autoestima, aunque en este caso la afectación psicológica no es tanto como en los más jóvenes, donde algunos cambios en el físico pueden llegar a afectar a la salud en mayor proporción que en los adultos. Pero para esto, debemos de cuidar y educar desde la primera infancia, los más pequeños retienen mucha información del exterior que les transmitimos, incluso indirectamente, mediante el aprendizaje vicario (por observación).

Vernos bonitas, sentirnos bellas por dentro y por fuera es algo que debemos de trabajar, no tanto con la comparación y hacer lo que hace el resto, sino desde dentro, cuidando nuestra mente y siendo fieles a nuestros valores; Tratando de no ser tan destructivo/a con las palabras que te diriges a ti mismo/a, y cambiando ciertos aspectos de tu físico que más te incomoden (si lo necesitas y deseas) y siempre por ti mismo/a, pues es de esta forma como podrás conseguirlo y además cuando las posibilidades de que se mantengan los cambios en el tiempo aumentan.

Quererse a uno mismo es el principio de un romance para toda la vida (Oscar Wilde)

Laura Suárez Otero, Psicóloga