ECO Salud Mental : BLOG

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DALE LA VUELTA ANSIEDAD

Escrito por ecopsicoterapia 30-03-2015 en artículos. Comentarios (0)

Manuela Santamaría V.  Psicóloga especializada en trastornos de ansiedad y experta en psicoterapia grupal.

Dale la vuelta a la ansiedad

Durante el tiempo que llevo ejerciendo la psicología me he sorprendido cómo uno de los principales motivos de consulta ha sido la ansiedad en las distintas áreas de nuestras vidas: laboral, personal, familiar y afectiva.

La ansiedad en sí misma es una respuesta del ser humano ante una situación de huida que presenta varios componentes: somáticos, cognitivos, conductuales y emocionales.

Los síntomas:

  ▪Somáticos: mareos, sudoración excesiva, taquicardia, sensación de ahogo, temblores, rigidez o debilidad muscular, insomnio, etc.

  ▪Cognitivos: pensamientos obsesivos, pensamientos  negativos o catastróficos.

  ▪Conductuales: hiperactividad motora, escapar o huir de ciertas situaciones o realizar conductas como fumar o beber alcohol, comer,        etc.

  ▪Emocionales: angustia, miedo, sensación de falta de control, irascibilidad, etc.

Los trastornos de ansiedad constituyen la forma más común de enfermedad psiquiátrica.

La ansiedad es una sensación de temor, intranquilidad e inquietud ante una situación, pero que desconocemos su origen, por esto nos asustamos más, pues en el caso del miedo sabemos exactamente a qué se debe y lo que nos lo provoca, es algo inminente y muy claro.

Es común y frecuente que las personas que padecen ansiedad antes de ir a consulta hayan tenido un recorrido de visitas a los múltiples especialistas ( cardiólogo, digestivo, etc.) y acuden al psiquiatra o psicólogo por una derivación de un especialista o por descarte en  algunos casos.

La percepción catastrofista y anticipada que tenemos de las cosas y de las situaciones cuando padecemos ansiedad nos generan ideas irracionales: miedo a todo, a morirnos, a enloquecer, a cometer una locura, a que nos pase algo en la calle, a que nos pongamos enfermos, a que nos dé un ataque y muchísimo más. Entramos en un círculo vicioso donde la sintomatología ansiosa aumenta los temores y éstos a su vez, aumentan la sintomatología, una cosa retroalimenta a la otra.

Estos miedos y temores van creciendo y nos van encerrando en lo que podría definirse como “mi Jaula”.  Al principio esa “jaula” sirve para sentirnos seguros pero poco a poco ese espacio no nos proporciona seguridad ni tranquilidad, y es cuando en muchos casos, pedimos ayuda psicológica o farmacológica.

Cuando se inicia un proceso terapéutico nuestra percepción se transforma, se aprenden otras maneras de afrontar los problemas y nos damos la oportunidad de crecer y aprender de la adversidad.

Hay una frase del psicólogo humanista Carl Rogers que dice: “Me doy cuenta que si fuera estable, prudente y estático viviría en la muerte. Por consiguiente, acepto la confusión, la incertidumbre, el miedo y los altibajos emocionales, porque ése es el precio que estoy dispuesto a pagar por una vida fluida, perpleja y excitante.”

Ese es el precio muchas veces que tenemos que pagar para vivir, la ansiedad puede ser parte de ese costoso precio.

La ansiedad puede ser una ventana que se abre para descubrir cosas que me hacen daño, poner límites, saber decir que no, saber delegar…. Detrás de este proceso de angustia hay un mensaje para ti. ¿Cuál es  tu mensaje?

Es importante mirar entre líneas y darle la vuelta a la ansiedad, mirarla desde la perspectiva del cambio, de crecer y de profundizar en aspectos que pueden estar haciéndome daño sin que sea del todo consciente.

Si me quedo atrapado en el miedo que generan los síntomas, difícilmente podré descifrar que hay detrás de ellos. El síntoma puede ser un aliado que te está alertando de algo que no va bien, de algo que te hace sufrir, y el mirar más allá te ayudará a cuidarte, respetarte y a conocerte mejor.

El día a día lleva consigo rapidez, inmediatez y eso hace que perdamos la capacidad de disfrutar de las pequeñas cosas. Esas pequeñas cosas que tan felices nos hacían cuando éramos pequeños. El aquí y el ahora, volver a vivir en el presente. Caminar sin estar pensando todo lo que tengo que hacer, ver un atardecer y disfrutar de cada cambio de color, compartir con las personas que quiero y valorar su presencia y compañía. Darme cuenta cuando mi mente me está llevando por lugares pantanosos y tener “ mi ancla” como amiga para volver a encontrar mi norte.

Esta es una historia que escribí y que surgió a raíz de un taller sobre la ansiedad.

EN BUSCA DE LA SERENIDAD

Había una vez un pequeño barquito de madera, su dueño lo llamó SERENIDAD.

Un día su dueño decidió que el barquito estaba preparado para comenzar un viaje y así fue.

Navegó varios meses sin rumbo, disfrutando del océano y dejándose llevar por los vientos que soplaban. Durante la travesía sufría, quería abandonar pero no lo hacía. Había momentos de mucha calma, otros de mucha turbulencia. Recordaba a su maestro que le decía:

“ En momentos de turbulencia no hagas maniobras, sostén el timón y mira tu brújula.” Sostenía el timón y respiraba. Todo pasaba…

Atracó en un puerto y vio mucha gente, no se sintió sólo pues recordó que formaba parte de algo y tenía a su familia y amigos. Disfrutó de la compañía, de compartir..

Pasaron los años y se fue haciendo mayor y ya no podía llevar el barco, pero había aprendido a sentirse sereno... La serenidad le acompañaba...

Se dio cuenta que la serenidad es un viaje con obstáculos... pero hay que viajar para saberlo..”

La serenidad no es la falta de tormentas, es hallar la  paz en medio de ellas.

Ese barquito siempre esta dentro de ti.. Sólo es cuestión de subirte y disfrutar de lo que te proporciona ese viaje..

Por lo tanto, la ansiedad puede sernos de ayuda para conocernos a nosotros mismos, puede ayudarnos a descubrir algunos aspectos de los que no somos conscientes y pueden ser una llave para encontrarnos mejor y más libres.


          


MALDITOS CELOS

Escrito por ecopsicoterapia 30-03-2015 en artículos. Comentarios (0)

Carlos López de Lamela Velasco. Psiquiatra, Director de ECO CENTRO PSICOTERAPEUTICO

"Como celoso sufro cuatro veces más: porque estoy celoso, porque me reprocho el estarlo, porque temo que mis celos hieran al otro, porque me dejo someter a una banalidad: sufro por ser excluido, por ser agresivo, por ser loco y por ser un vulgar".  (Roland Barthes; “Fragmentos de un discurso amoroso, 1997)

Nacidos del amor, pero impulsados por el odio, los celos constituyen una experiencia bastante común en nuestras relaciones de pareja. Si hacemos caso a Shakespeare es "un monstruo de ojos verdes que se burla del pan que le alimenta", al que cualquier cosa le sirve de comida y ninguna de remedio. Aunque en pequeñas dosis puede tener un valor saludable, casi siempre se convierte en un arma peligrosa y destructiva que alienta el egoísmo y la agresividad.

Los celos podemos definirlos como el sentimiento opuesto a la noción de confianza, que se producen cuando un rival real o imaginario amenaza una relación amorosa significativa y se vive un profundo temor a perder la persona amada. La persona celosa duda sobre salir victorioso en la comparación con la tercera persona, no sabe qué está pasando realmente en la mente de su pareja y puede dudar frecuentemente sobre si sus sentimientos son subjetivos o fruto de una situación real. Con frecuencia, en este triángulo, el celoso/a da más valor al tercero/a que a la propia pareja.

El celoso/a suele poner en la cabeza de su pareja los sentimientos que le son propios aunque generalmente no sabe reconocerlo y suele esconder un sentimiento de rivalidad con las personas de su propio género. En la comparación con sus iguales suelen mostrarse inseguro y parecería sentir que merece ser castigado y abandonado. "Bertha quería a toda costa confirmar la infidelidad de su pareja, Andrés. Por la noche cuando él dormía repasaba su correo en el ordenador o releía los mensajes en su móvil. Se olvidó de su trabajo, de sus amigos, de su apariencia y de sus hijos Andrés pasaba cada vez menos tiempo en casa lo que hacía crecer las sospechas de Bertha. Su relación de pareja cada vez funcionaba menos hasta que un día Andrés le dijo que no quería seguir, que no era ni sombra de la que conoció… ella lloraba y le suplicaba, pero a la vez le insultaba y le increpaba se hubiera sacrificado todo por otra mujer. Nunca pudo confirmar la existencia de esta, pero tampoco conseguir que Daniel volviese".

Cuando una pareja presenta celos como un problema persistente, suponemos que forman parte de un patrón de interacción en el que ambos miembros participan, a veces sin saberlo. Muchas veces surge inesperadamente cuando la pareja se comporta de una determinada manera que activa en la otra el miedo a la traición. Suelen ocasionar un efecto contraproducente, en la medida que activan más retraimiento y una actitud desafiante en el otro/a. Las sospechas en la persona celosa, sus conductas de vigilancia generan actitudes más evasivas. Con frecuencia el miembro celoso/a se vuelve hosco y el otro se aleja apareciendo una dinámica que conduce un patrón de distanciamiento mutuo sobre este proceso de vigilancia y desconfianza por un lado y de reserva de resentimiento por otro, nace la frustración y la desesperación. Desde un punto de vista terapéutico no importa la realidad o no de la supuesta infidelidad como el comprender y dar sentido a este proceso destructivo. Ambos quedan atrapados entre la perplejidad y las oscilaciones entre el odio y el amor, la indefensión y la agresión, el culpar al otro o culparse asimismo. El miembro bajo sospecha está igualmente desconcertado pues por una parte se siente amado e importante, pero por otro se siente controlado y asfixiado. El celoso/a dirige toda su energía vital en tratar de acabar con la duda que la tormenta preocupándose más del tercero que de su pareja. . Los hombres suelen verse más afectados ante la idea de que su pareja tenga relaciones sexuales con otro (infidelidad sexual), mientras que las mujeres valoran más que el que pueda dedicarse más tiempo y atención a otra, lo que se ha denominado infidelidad emocional. Aún en la actualidad, algunos hombres sienten el temor a que le pongan los cuernos como la pérdida de algo que es suyo por derecho propio, como una afrenta a su masculinidad, y por ello sus conductas pueden ser agresivas. Lamentablemente otras mujeres siguen sintiéndose dependientes y sus celos están matizados por el temor a perder seguridad y recursos para sí mismas y sus hijos. Estas mujeres lamentablemente suelen resignarse a las infidelidades de su pareja y se culpan a sí mismas por sus propias carencias.

"Carlos me cuenta que es celoso/a y posesivo, que sabe que se pone muy pesada pero que cuando se enamora de alguien siente que le pertenece. Me imagino cosas, no se… siento dudas de que me quiere, la observo en todo momento no puedo evitar que pensar que hay otro hombre en su vida…"

Un aspecto paradójico de la relación celosa es que los miembros de la pareja intercambian frecuentemente posiciones. El que inicialmente estaba celoso/a puede ser en otro momento el que traiciona el que repetidamente fue objeto de celos puede encontrarse bajo una fuerte desconfianza que nunca antes había sentido.

Es bueno que el terapeuta tenga un mapa de ruta sobre cómo favorecer el cambio de rumbo de la pareja y establecer modos más efectivos de manejar las inseguridades y los celos en la relación es difícil en todos nosotros encontrar un balance adecuado entre seguridad y libertad. Deseamos intensamente lo seguro lo predecible pero no anhelamos cierta autonomía para explorar lo nuevo. No es fácil establecer un cociente adecuado de cuanto nivel de libertades sean para sí mismos y su pareja. Algunos encuentran aceptable coquetear con otras personas, para otros es intolerable. Otras prosperan a distancia y pasan juntas solamente fines de semana para otras cualquier separación resulta un motivo de sospecha y sufrimiento. Tradicionalmente los hombres se han sentido amenazados por la independencia de las mujeres, y el hecho de que una mujer se haga cargo de sus propios deseos obtenga recursos propios, puede significar que ella no necesita de lo. Incluso si no hay evidencia alguna de traición este estilo de independencia de la mujer puede inspirar la duda del varón. Cuando amamos debemos aceptar que no tenemos control sobre los sentimientos de acciones de la persona más, que al mismo tiempo, debemos confiar día a día en que podemos contar con la persona a la que ama. Las parejas más efectivas tienden a ver los celos como parte del amor, con una advertencia de que se ha perdido conexión, sexualidad, y que es necesario reforzar su vínculo. Estaría en la línea de provocar los celos su pareja como estrategia para recuperar su atención pero con consideración y medida. Cuando los miembros de la pareja no sólo no logran abordar sus sentimientos desde la perspectiva de lo que es bueno para la relación de los celos pasan rápidamente del miedo a perder a la persona amada a esfuerzos destructivos por recuperar el poder y el control.