LA SALUD DEL PENSAMIENTO

Escrito por ecopsicoterapia 23-12-2016 en PSICOLOGIA COGNITIVA. Comentarios (0)

Pensar es algo inherente al ser humano, tan automático que quizás por ese motivo algunas personas no le dan la importancia que verdaderamente tiene. Desde hace algún tiempo una frase nos ronda y nos advierte, aunque su origen es mucho más antiguo de lo que creemos: “somos lo que pensamos”.  Yo me atrevería a decir que nuestra vida es el reflejo de las palabras que se cruzan por nuestra mente, de cómo pensamos.

Con el ritmo vertiginoso y estresante que muchos/as llevamos y el bombardeo voraz de estímulos a los que estamos expuestos actualmente,cada vez son más las personas que viven conectadas al mundo exterior pero desconectadas de sí mismas, no conscientes de cómo se hablan, cómo piensan, se relacionan y cómo sienten. Muchos/as no nos preocupamos de analizar nuestros pensamientos y creencias, ni nos tomamos unos minutos para comprobar si estos son realistas,  justos o no. Esto puede generar una serie de sentimientos, comportamientos y actitudes que pueden ser inadecuados e incluso dañinos para nosotros y para quienes nos rodean.

Es fundamental hacer un esfuerzo por detenernos, respirar profundamente  y atender a nuestro diálogo interno. 

El pensamiento es el lenguaje interno, el diálogo que mantenemos con nosotros/as mismos/as. Este auto-diálogo será el determinante de nuestros sentimientos y, consecuentemente, de nuestras conductas. Se adquiere involuntariamente, como resultado de las influencias familiares, de la educación, del entorno, en base a nuestras relaciones y a partir de las propias experiencias que vayamos teniendo a lo largo de la vida.

Si nos dejamos llevar por pensamientos disfuncionales difícilmente podremos manejar el estrés cotidiano y quedaremos más expuestos a conflictos y a problemas de salud tales como la ansiedad y la depresión, entre otros.

Basándonos en la Terapia Racional Emotiva y Conductual (TREC) de Albert Ellis, considerado padre de la psicología cognitiva,podríamos decir que existen cuatro categorías de pensamientos irracionales.Si bien es normal tenerlos lo preocupante sería “padecerlos” con demasiada intensidad o recurrencia y que pasen desapercibidos ante nosotros, camuflados de racionalidad. Resulta  recomendable tenerlos en cuenta y cuidarnos de ellos:

  1. CONDENAS: etiquetas descalificativas a uno mismo, del tipo “Soy un/a desastre, un/a inútil…”, y/o a los demás: “Son malas personas”.
  2. EXIGENCIAS o los conocidos  “deberías” o “tendría que…”, típicos de las personas exigentes consigo mismas y/o con los demás.
  3. CATASTROFISMOS o “terribilitis”: lenguaje interno y verbal que contiene en exceso elementos tales como: “terrible”, “horrible”, “fatal”, “muy mal”, “nefasto”, etc.
  4. B.T.F. (baja tolerancia a la frustración) síndrome deno soportantitis”): “No soporto…”, “No aguanto más…”, “Es demasiado…”, “No puedo con…”, etc.

Antídotos contra los pensamientos irracionales

Para luchar contra las condenas debemos evitar juzgar, tratar de ser concretos o justos, no valorar las circunstancias o las personas en términos dicotómicos (de blanco /negro, de todo/nada). Tener  en cuenta las conductas, los hechos y no extraer conclusiones globales o absolutas ni creer  que sabemos a ciencia cierta lo que alguien piensa, siente o cuáles son sus verdaderas intenciones. Evitar los términos absolutistas como “todo”, “nada”, “nunca”, “siempre”… nos beneficiará en este sentido porque su uso indiscriminado ¡siempre nos llevará a error!

En cuanto a los pensamientos de B.T.F. toca reflexionar: ¿realmente no soportamos a algo o a alguien? O, simplemente, ¿nos cuesta tolerar o nos resulta desagradable e incómodo? Si una mesa no soporta realmente el peso que sostiene se romperá  y caerá al suelo, ¿no? En lugar de caer en la queja improductiva, en el victimismo barato e incluso en la búsqueda de cabezas que cortar (culpabilizar) o en conductas de evitación de lo desagradable, será más realista y productivo el pensar/decirnos que si bien puede resultar complicado, somos capaces de tolerar, manejar y afrontar cualquier inconveniente.

¡Plantemos cara a los catastrofismos! Un subtipo muy frecuente es la llamada anticipación negativa(los “y si…”) que consiste en ponernos en lo peor  antes de tiempo.De ahí la importancia de no malgastar nuestras energías viviendo en el pasado ni en el futuro sino centrar nuestros esfuerzos en vivir el aquí y ahoray darle a cada cosa su justo valor y tamaño.

El antídoto contra las exigencias, tanto hacia nosotros/as mismos/as como hacia los demás, consiste en modificarlas por preferencias, deseos y gustos.“Me gustaría/me habría gustado que…”.

CONCLUSIÓN:

Podemos aprender a modificar nuestros pensamientos voluntariamente, sustituyendo aquellos que nos perjudican por otros más útiles y beneficiosos. En ningún caso estamos hablando de auto-engañarnos, sino más bien todo lo contrario, de pensar más acertadamente, de acuerdo a evidencias y no a suposiciones e interpretaciones, en función de una realidad más objetiva y no tan subjetiva.