EL DUELO

Escrito por ecopsicoterapia 27-05-2015 en DUELO. Comentarios (0)

EL DUELO

Lilián R. Pérez Santana

Médico-Psicoterapeuta

“Una de las experiencias más dolorosas para el hombre

 -quizás la más dolorosa-

es la separación definitiva de aquellos a quienes ama”

(Caruso, 1967)

Si hemos pasado por esta experiencia estaremos de acuerdo con esta frase, si en algún momento de nuestra vida hemos experimentado ese dolor, sabemos que es tan intenso que parece que nos hace morir a nosotros mismos, lo sentimos en nuestro interior y nos desgarra. Después de haberlo sufrido sabremos que eso es lo peor que nos puede pasar. Y sin embargo… ¡seguimos viviendo!, con el debido tiempo y trabajo, seremos capaces de volver a encontrar el sentido a la vida.

 La palabra duelo tiene dos significados, el de “dolor, aflicción” y “batalla, desafío”. Después de sentir el dolor por la pérdida de un ser querido es un desafío para la persona afrontarlo, recomponerse y seguir.

El duelo es dolor, dolor psíquico que puede afectar al cuerpo. Un duelo no solo se vive cuando muere alguien cercano, vivimos muchos a lo largo de nuestra vida, por ejemplo una separación de pareja, cambios de situación laboral, jubilación, etc. Así, este se  caracteriza por una pérdida. Aquí nos referiremos principalmente al duelo por la muerte de un ser querido.

Freud se refirió al duelo como “la reacción frente a la pérdida de una persona amada o de una abstracción que haga sus veces como la patria, la libertad, un ideal, etc.” El proceso de duelo para Freud se caracteriza entre otras cosas por dolor, pérdida de interés por todo aquello que no recuerde al ser que se ha ido y la incapacidad para escoger un nuevo objeto de amor.

Según la visión de diferentes psicólogos, el duelo puede ser considerado como: “el proceso normal de elaboración de una pérdida que tiende a la adaptación de nuestra situación frente a una  nueva realidad”,” reacción adaptativa normal ante la pérdida de un ser querido”, “serie de procesos psicológicos que se ponen en marcha debido a la pérdida de una persona amada”. Ante esta situación  se intenta buscar un culpable de esa desgracia y frecuentemente el sujeto le atribuye a alguien esa responsabilidad o se siente a sí mismo como responsable, de ahí la aparición del sentimiento de culpa que muchas veces le atormenta.

Según Freud  la realidad le dice al individuo que el objeto amado ya no existe y debe desligarse de él. La persona se opone a esta separación, ya que es muy doloroso desprenderse de alguien que sigue existiendo dentro de su mundo psíquico. Por tanto es normal que trate de retener ese vínculo que lo une y sólo muy lentamente conseguirá retirar lo que le unía a ese ser querido y ser libre de nuevo.

La manera de enfrentarse al duelo no siempre es igual,  entre otras cosas depende de la relación existente entre el sujeto y la persona perdida, del significado que tiene para él esa pérdida y de los recursos que tiene para enfrentarse a ello. Por supuesto, se pueden sufrir muchas pérdidas, pero se vive el duelo de diferente manera según lo que signifique el que se ha ido, la persona por la que se está de duelo está claro que es única, no hay ninguna igual, al  sujeto le quitan algo, pierde algo de sí mismo. Pero no solo es importante el lugar que ocupaba el que se fue para el sujeto, también es importante lo que sentía aquel por la persona dolida, pues se pierde no solo la figura del que se va, sino su sentimiento respecto al que se queda, ese  amor, deseo…  que parece que nunca nadie va a volver a sentir por él.

Freud, a pesar de definir el duelo como una reacción normal, propone la necesidad de un trabajo en su elaboración y un tiempo, no cronológico, sino lógico, desde el punto de vista emocional. Se debe realizar un trabajo de recomposición del sujeto que permita cubrir ese agujero insoportable, se tiene que recomponer el sujeto. El trabajo del duelo se sustenta en el examen de la realidad, que al mostrar la inexistencia, exige que poco a poco se vayan cortando esos lazos que le unían. Pero esto no es nada sencillo, aunque se vea la realidad, esta no es suficiente para convencer y la primera reacción que se  tiene es la no aceptación, la negación de lo que ha pasado.

Según algunos psicólogos la elaboración del duelo sería “ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que conlleva la ausencia, y se completa el duelo cuando somos capaces de recordar lo perdido sintiendo poco o ningún dolor”,  para otros “es un proceso que se resuelve con cuatro tareas: aceptar la realidad, vivir el dolor por ella, adaptarse a vivir sin la persona amada y retirar la energía emocional de la persona perdida y reinvertirla en una nueva relación”. 

Al principio aparece la incredulidad y negación de lo ocurrido, luego  se va tomando conciencia del hecho y poco a poco se irá aceptando. Finalmente la persona recupera su vida y logra encontrar sustitutos. Freud dice: “el duelo normal vence sin duda la pérdida…la realidad pronuncia su veredicto: …ya no existe más” y la persona se deja llevar por las satisfacciones que le da el estar con vida y desata sus lazos con el pasado. Después del trabajo logra desprenderse progresivamente de la persona amada.

Ya hemos visto que el duelo es un proceso “normal” ante una pérdida. El dolor y la intensidad dependen del tipo de pérdida. Pero en ocasiones el duelo no sigue su proceso habitual y en lugar de ir superando el dolor, el dolido se hunde más cada vez, al mismo tiempo que aparecen sentimientos de devaluación, se pierde completamente en el dolor. Freud nos anunció que a veces el duelo acaba en depresión, donde el derrumbe es mayor. Los sentimientos de vacío, dolor y confusión  forman parte de un proceso de duelo normal, pero cuando estos sentimientos permanecen durante un tiempo prolongado puede transformarse en patológico. Algunos síntomas que nos avisan que el duelo no está siguiendo su adecuado proceso y ante los cuales debemos solicitar ayuda profesional serían: ver o escuchar a la persona que se ha ido, mantener sus cosas intactas, paradójica ausencia de dolor (podría ser un duelo diferido, que permanece congelado durante tiempo), sentimiento de que la vida está vacía y no tiene sentido sin esa persona, pensar demasiado en ella interfiriendo en la vida y en las relaciones con los demás, dificultad para preocuparse por otros, evitar durante un tiempo prolongado a personas, lugares o cosas que nos recuerden al que se ha ido, fuerte necesidad de tocar, ver oler o escuchar sus cosas para estar más cerca de él, tener ideas de suicidio, presentar síntomas físicos como acusada pérdida de peso, dificultad para dormir, etc…

Entre otras causas se puede caer en esto cuando el que se fue es quien daba sentido a la vida del dolido, cuando alguien lo es “todo”, la razón de la existencia. Después de una pérdida así se sufren sentimientos de vacío y decepción de los cuales se hace más difícil salir y a veces no se encuentra una razón para hacerlo. Parece que el dolido es arrastrado por su ser amado, teniendo la ilusión de reencontrarlo, siendo fiel hasta la muerte ya no hay dolor, pero tampoco hay libertad.

Para considerar un duelo normal o patológico hay que valorar si el proceso consigue su finalidad: “que la persona sea capaz de reorganizar su vida después de la pérdida y logre adaptarse al mundo sin la persona amada”.  

Reconocer que algún dia nosotros mismos nos iremos hace que las pérdidas puedan ser vividas de otra manera, aceptar la ausencia nos hace valorar la presencia de lo que tenemos y enriquecernos con ella. Sentir que los que se han ido siguen en nosotros, nos hará sentir que no los perdemos del todo.

Nuestra cultura silencia el hecho de la muerte, por lo que posiblemente estemos hoy más desprotegidos que nunca para enfrentarnos con la inexorable realidad de que todo nacimiento esconde una desaparición, para que unos nazcan otros deben irse, la muerte le da sentido a la vida…LA MUERTE ES PARTE DE LA VIDA.